César Hildebrandt Blog

noviembre 23, 2006

Lágrimas presidenciales

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(La Primera) Lágrimas presidenciales
Cuando llora mi guitarra. O sea, cuando el Apra pierde en Trujillo. Lágrimas que pueden ser de cocodrilo, es cierto, pero lágrimas al fin y al cabo. Llanto de luna por Mulder y lagrimones por el Haya que hizo llorar a tantos con sus cebiches al lado de Ravines y Beltrán, para no hablar de sus postres junto a Odría y Julio de la Piedra.

Porque el Apra y el llanto son uña y lima, uña y pinza, uña y cortauñas. Lloraban los apristas aurorales sacrificando sus vidas en las catacumbas. Lloraron los apristas del crepúsculo llorando a los aurorales mientras impedían la reforma agraria de Fernando Belaunde Terry y pactaban con los asesinos de Negreiros padre.

–En el dolor, hermanos.
Lloró Haya de la Torre varias veces ejerciendo, con suma dignidad, la presidencia de la Asamblea Constituyente de 1978. Pero lloró también, ante este escriba y en la tele, Manuel Ángel del Pomar cuando juró que él y el narcotráfico nada tenían que ver. Y lloró de rabia Andrés Townsend cuando le birlaron la victoria en las internas que profirieron a Villanueva como candidato. Y lloraban todos los apristas funerarios a la muerte del jefe y guía. Lloraba de alegría Carlos Roca cuando bebía más de un Cinzano y dicen que lloraba Búfalo Barreto cuando empezó la revolución de Trujillo. Lloraba Idiáquez como un niño con la muerte del fundador y hasta Lanberg lloraba cuando pegaba de tiros al cielorraso de P.M., el primer diario chicha en la historia del estercolero escrito del país.

García dice que lloró –y habrá que creerle– por la pérdida electoral de Trujillo. ¿Y las otras ocho regiones despilfarradas, no le causaron llanto? No, plena indiferencia. Porque está convencido de que la atomización lo favorecerá y que el pica-pica provinciano caerá en fiesta sobre su cabeza.

Pero Trujillo, eso sí, le duele. Y con la modestia que le es habitual añade que si para recuperar Trujillo se requiere de su candidatura, allí estará él al servicio del partido y del rescate de esa ciudad-cuna que hoy mecen otras manos.

García cree que él es el Apra.
Y es cierto. Es el Apra en todo su esplendor: en sus vaivenes siderales, en su disciplina de espartanos a la orden, en su desprecio por la palabra empeñada, en su exitismo electoral y en su fanatismo a la hora de copar el Estado y hacerlo más empírico si cabe.

Sí, García es el Apra. Porque sin García el Apra es cine mudo, México lindo –donde se fundara–,1924 y “1984”, todo junto y orwellianamente revuelto. Y como García es el Apra el Apra tenderá a desaparecer y a correr la suerte de los partidos apellidados. García sabe, además, que esta traición a su programa electoral revisionista y de cambio será la última que habrá podido cometer. Y quizás por eso llora García. No por Trujillo sino por él, que va a dejar de ser cincuentón próximamente. No por Trujillo sino por el partido atado a su calendario personal. No hay un Alan García en el horizonte. No hay –ni remotamente– alguien de su carisma y su elocuencia de brujo multitudinario. El Apra cumple años con García. Y García, aunque muchas veces no lo parezca, es un mortal entre el gentío, como todos. Por eso sí vale la pena un lagrimón profético.

julio 13, 2006

Hello world!

Filed under: Uncategorized — cesarhildebrandt @ 3:22 am

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