César Hildebrandt Blog

agosto 25, 2007

Tiempo de rectificaciones

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 8:40 pm

(La Primera) Tiempo de rectificaciones

Hay una epidemia de salud en el gobierno. Primero está el ministro Allan Wagner, que admite que el Instituto de Defensa Civil está en ruinas sin necesidad de terremoto y que, por lo tanto, habrá que reorganizarlo de cabo a rabo. Luego está don Jorge del Castillo, que celebra a su manera –más bien exquisita, hay que decirlo– la anulación de la compra de los patrulleros de marca Joy Way mientras, de boca para afuera, defiende al flambeado ministro Luis Alva Castro. Lo que nos ha dicho implícitamente el jefe del gabinete es que esa transacción está bien abortada porque era, como todo el mundo sabe, un desastre con olor a abombado. Y, por último, está don Rafael Rey, que se crucifica otra vez en público y reconoce que su idea de ponerle “7.9” a un pisco recordatorio era una sombría tetudez. Claro, no lo dice así (ha llamado “quizás inoportuno” al nombrecito), pero a mí me parece que el hombre se dio cuenta de que había metido la pata hasta el muslo doncel y que había abierto la puerta para que en Chincha se produjera la cachina “7.7”, en Ica el vino “Señor de los temblores” y en Cañete, que no podía quedarse atrás, el cóctel “Richter 8”.

Si a esto se suma la reculada congresal que expectoró a tres políticamente indeseables de la comisión de Fiscalización, estamos ante el sano escenario de gente que admite errores, deglute el sapo acabado de servir y se dispone a enfrentar la próxima pregunta.

Y ya ven: el mundo no estalla, el gobierno no se cae, la democracia no se pulveriza y este diario, a pesar de su barcelonismo futbolístico descarado, sigue subiendo en el querer de la gente.

Los que no se rectifican alguna vez es porque son obstinados o porque están muertos (que es una forma de obstinarse). Los vanidosos extremos, por ejemplo, tienen la idea de que reconocer un error le quitará algunas onzas de mármol al busto que los inmortalizará. Así pensaba ese genio (y también vasto asesino) llamado Napoleón, que murió virgen de autocríticas e incapaz de reconocer las desgracias innumerables que le había propinado a Europa.

Así piensa, aunque no lo pueda admitir, nuestro doctor García.

El problema del vanidoso no es sólo que la grandeza se confunde con la hinchazón (y lo que está hinchado no es sano, como dijo San Agustín) sino que espera de los demás algo que los demás no le darán nunca: la admiración sin dudas, la anuencia incondicional.

De allí el sufrimiento que produce la vanidad, enfermedad casi inexorable en la demasiado larga juventud, recuerdo de mala sombra en la madurez. Donde la vanidad gobierna hay un yo herido clamando por resarcimientos y tramando venganzas por el eterno desaire que padece.

Por eso es que tragarse un sapo, de vez en cuando, no sólo es una hazaña otorrinolaringológica sino un gesto de sanación.

Por eso podemos dejar constancia de la buena salud, por ejemplo, de los ministros Wagner, Rey y Del Castillo, que hacen lo que al doctor García le está impedido: aceptar que en algunas ocasiones uno, como cualquier lóbrego mamífero (Vallejo dixit), se equivoca a toda orquesta. Como dijo alguien: quien está lleno de sí mismo resulta que está vacío. Y nada suena mejor que el vacío.

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3 comentarios »

  1. Buenos días.

    La verdad es que nuestro “presidente”, está que contesta cada cosa que realmente nos deja totalmente desconcertados.

    Que lamentable lo que pasa, como es posible que se vuelva a comprar las malas acciones en la adquisición de los patrulleros, que esto si es un total escándalo y no pasa nada, la verdad que da ganas de mandar a toda esta gente a marte, por no decir otra cosa.

    Y eso que no se habla de todas las compritas que hacen las instituciones pública, que es un caño abierto por donde se va la plata que dicen no tenemos, lo que pasa es que tenemos malos directivos, se hace escarnio de los empleados públicos, pero no se dicen nada de quienes nos dirigen, quienes solamente andan pensando en los beneficios personales que “adquirirán”.

    La verdad que hay que respirar muy profundamente para que no nos dé la pataleta.

    Comentario por Mónica — agosto 27, 2007 @ 4:39 pm | Responder

  2. DECIRLE A LA GENTE QUE VIENE A AYUDAR: “EL QUE TENG MIEDO QUE SE VAYA” ES UN ACTO DE SOBERBIA Y PATANERIA SIN LIMITES… ESTE AUTOCRATA DE SIETE SUELAS TIENE QUE CAMBIAR DE ACTITUD Y SER MAS HUMILDE O EL PUEBLO SE LE VA A IR ENCIMA. YA NO TOLERAMOS MAS MAJADERIAS DE ESTE SINVERGUENZA.

    Comentario por Peru Re - Evolución — agosto 28, 2007 @ 11:59 am | Responder

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    Trackback por simply click the up coming webpage — junio 12, 2014 @ 11:04 am | Responder


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