César Hildebrandt Blog

enero 14, 2007

Treinta años de hostilidad

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 6:49 am

(La Primera) Treinta años de hostilidad
Se acaba de desmentir la reconciliación de esos dos grandes escritores que son Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

Como se sabe, hace más de 30 años, en el vestíbulo de un cine mexicano, Vargas Llosa noqueó a García Márquez con un derechazo sorpresivo al mentón.

Como se sabe también, todo se debió a los coqueteos de caribe aventajado que García Márquez tuvo a bien lanzarle, en Barcelona, a Patricia Llosa de Vargas, quien se encontraba más que desconsolada porque Mario estaba en Nueva York y la pareja había tenido uno de esos pleitos recurrentes en los matrimonios.

El instinto de novelista alfa, aprendido en Aracataca, le dijo a García Márquez que era un buen momento para intentar la escalada. El cálculo fue errado y el truco de la ruta perdida y la noche estrellada al regreso de una cena colectiva no sirvió para nada: Patricia fue el muro de Berlín, la muralla china y la esposa en regla que siempre ha sido.

Cuando Mario regresó –que fue al muy poco tiempo-, Patricia le contó todo, con pelos y señales –bueno, felizmente había sólo señales en la frustrada aventura de don Gabo-. Mario, que para algunos casos sigue siendo el macho de Diego Ferré, juró vengarse. Y la ocasión se presentó en aquel cine mexicano, cuando el escritor colombiano se acercó a darle la mano, inconsciente de que Mario estaba al tanto de su intento traicionero. Inconsciente también de que el que pudo ser su rival de amores iba al gimnasio todos los días y tenía una pegada temible.

Ver a García Márquez tumbado en el mármol del piso –un testigo nuestro fue el desaparecido Francisco Igartua-, auxiliado por todos los que pudieron acercársele, preguntándose de dónde había venido ese recto de derecha, fue el acontecimiento social y chismográfico de la época. Ni él ni Vargas Llosa contaron jamás su versión de los hechos y eso se entiende: para ambos resultaba vergonzoso eso de querer entrar al descerraje en un matrimonio amigo, en un caso, y eso de sentir celos latinos demostrados a la mexicana, en el otro.

Vargas Llosa se sintió doblemente traicionado. En noviembre de 1971, bajo el sello de siempre de Barral Editores, colección Biblioteca Breve de Balance, había aparecido “García Márquez. Historia de un deicidio”, un libro monumental dedicado a estudiar a ese fenómeno de la literatura universal en el que se había convertido, en sólo cuatro años, el autor de “Cien años de soledad”. A ese libro, que era una biografía del Gabo y un análisis de lo que se ha llamado “el libro más importante del siglo XX escrito en español”, Vargas Llosa le había dedicado, como a todos sus libros pero en dosis probablemente más encarnizadas, horas, semanas, meses de acopio de información, análisis y redacción. Era un libro de 666 páginas –sí, 666- y era tan exhaustivo que llegaba a aburrir. Allí Mario comparaba “Cien años de soledad” con “Madame Bovary” y “El Quijote” y el deicidio del título consistía en que el mundo creado por García Márquez era tan ambicioso, estaba tan cósmicamente estructurado, era tan convincente a pesar de sus ilusionismos, que constituía un ejemplo perfecto de uno de los pocos sueños cumplidos en la literatura de todos los tiempos: el novelista como Dios pagano creando un universo paralelo, el novelista usurpando la Creación.

“Quien se sirve de toda la realidad humana como cantera para un fin tan egoísta y demencial (rivalizar con Dios) sólo puede lograr su propósito sirviendo esa vocación con un egoísmo y una demencia semejante”, escribe Vargas Llosa refiriéndose a García Márquez. El libro tiene como epígrafe una cita de Conrad de “El agente secreto” y, al final, un reconocimiento de Vargas Llosa a quienes hicieron posible su escritura. La lista la encabezan sus amigos “Mercedes y Gabriel García Márquez”.
Consumada la traición de Barcelona, el deicida sería Mario. Jamás volvió a hablar de García Márquez, aunque siempre lo alude cada vez que se refiere a los intelectuales que le toleran todo a Fidel Castro.

Decía Benavente, creo, que los enemigos sólo son temibles cuando empiezan a tener la razón. En este caso no nos movemos en el mundo calculable de la razón sino en el manglar de los gruñidos territoriales. Y, desde la perspectiva de cualquier ética, puede decirse que el derechazo de Vargas Llosa estuvo bien dado. Con lo que se demostró, por enésima vez, que se puede escribir con brillo insuperable, ganar el Nobel, ser un gigante de la creación y, al mismo tiempo, compartir con la humanidad las miserias más de entrecasa.

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14 comentarios »

  1. Querido Cesar:para tu informacion te hago saber que Gabriel Garcia Marquez seguira gozando de una saludable reputacion literaria cuando la historia ya no recuerde a dioses menores como Mario Vargas LLosa,entre otros.Sinembargo,juzgo loable aquel espiritu de lavandero que anima tu articulo.Todos en el Peru conocemos la gran amistad que los une.Me hubiera gustado mas,y habria sido mas util,que te dedicaras a analizar la gran labor de propaganda neoliberal que Mario practica a nivel planetario,seguramente con fines inconfesables.Particulamente Cesar te leo siempre,a pesar de que sudas infabilidad.Me imagino que debe ser insoportable ser tan inteligente e infalible.Y,encima,no tener compromisos politicos ni ideologicos.Sospecho que aquella perorata de Sartre sobre el compromiso la has evadido quirurgicamente de tus lecturas favoritas.Art Buchwald,humorista recientemente muerto decia”quien ataca frecuentemente al establishment,durante un tiempo prolongado,y ademas con lo hace con inquina,corre el peligro de terminar siendo parte de el.Espero ,Cesar,que este no sea tu caso.Otro si:disculpa mi mala ortografia.Un consejo final Cesar:no te sigas”vendiendo como un misil”.La frase entre comillas es tuya.

    Comentario por Dante — enero 21, 2007 @ 7:47 pm | Responder

  2. Me parece perfecto que Cesar Hildebrantd haya construido una crónica cercana a los hechos del distanciamiento de dos genios de la Literatura: Mario vargas Llosa y Gabriel García Marquez. Pocos en Perú y en España se atreven, por demasiado respeto, a contar los hechos en forma directa y bien narrada. Oh conoci a Mario Vargas Llosa en San Sebastián, es un tipo genial, super amable y atento. Lo saludo en dos oportunidades y es estupendo para conversar. No tiene prisas.

    Comentario por Marco Flores Sánchez — enero 23, 2007 @ 9:03 am | Responder

  3. Estimado Marcos Flores:Veo que tu estadia en la “madre patria”ha vigorizado en ti ese respeto virreinal que seguro ya sentias desde que eras un parvulo.Dices:”pocos en Peru y Espagna se atreven,por demasiado respeto…” OJALA el tal Mario Vargas hubiera sentido el mismo respeto por la TIA JULIA.En fin,a mi modo de ver,en el Peruse practica una suerte de trasvestismo literario inagurado por Mario.En esa onda estan Bayley,Belevan y un largo etcetera.Si a esto le sumamos uno que otro Pontifice Maximo de la Informacion estamos completos.Siempre he pensado que la Liturgia,la Palabra Solemne,el Gesto Teatral del Ocultamiento etc.sobran en un pais de hambrientos y patizambos.

    Comentario por Dante — enero 23, 2007 @ 6:56 pm | Responder

  4. Cada uno en su momento aporto a la literatura, la cual se puede clasificar en muchas formas, segun el lector y del pais de donde viene…

    Jamas podremos negar que al igual cada uno tiene su lado oculto….

    Comentario por Made — enero 23, 2007 @ 10:06 pm | Responder

  5. Ambos escritores pueden ser lo que sean, pero una ofensa a la mujer de uno se la debe cobrar como los hombres, como Mario Vargas LLosa, se la cobró a su compadre, con derechazo ajusticiador, y punto

    Comentario por Alan — enero 28, 2007 @ 7:26 pm | Responder

  6. estimado alan,la tia julia debio de meterle una cachetada,por lo menos,a Marito.No solo se vacilo con ella,sino que,ademas,lo divulgo;sin contar que con esa novelita se levanto un billete grande.Algo parecido hizo cuando gano el premio “Casa de las Americas”.Definitivamente,Marito ,la moral solo la conoce por fuera,y eso,cuando le conviene.Por otro lado,creo que eso de meterle un golpe a la desprevenida a Gabo esta en la linea de conducta del buen Mario.Mejor hubiera estado que Mario lo rete a un duelo y que Gabo escojiera las armas.

    Comentario por Dante — enero 30, 2007 @ 7:21 pm | Responder

  7. Hey, César, quién desmintió, y quién mintió, sobre la reconciliación entre la pelea de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Tampoco me parece serio que asegures que el pleito se debió a ¨los coqueteos de caribe aventajado que García Márquez tuvo a bien lanzarle, en Barcelona, a Patricia Llosa de Vargas, quien se encontraba más que desconsolada porque Mario estaba en Nueva York¨, porqué tampoco das ni una puta prueba de lo que dices.

    Punto aparte. Hey, Dante, un consejito, mejor en vez de criticar porqué no te dedicas a aprender a escribir. Leer nuevamente tu Coquito, no caería mal. Todos los comentaristas de aquí opinamos que mejor te deberías lavar los pies antes de acercarte a temas literarios. César, tú también.

    El Faro

    Comentario por El Faro — marzo 11, 2007 @ 9:02 pm | Responder

  8. Muy mal que Patricia haya revelado ese incidente y con detalles a Mario, para darle celos y castigarle así la última peleíta que tuvo con su pareja (así son las mujeres). Pésimo Mario vargas Llosa al recibir con un derechazo a Gabriel García Márquez (según el artículo de César Hildebrandt); más pésimo todavía es el hacerse enemigo “político” de los amigos por los cuales se siente traicionado (“El pez en el agua” es una muestra, y también lo son sus referencias a Gabo por su política amistad con Fidel Castro).
    César, en buena onda, háblanos de tu último libro y del pleito de fines del siglo XX y comienzos del XXI con Fernando Ampuero.
    mf

    Comentario por mf — mayo 22, 2007 @ 9:08 pm | Responder

  9. Decía Vargas Llosa que en plena senitud escribiría sus memorias -aparte de “El pez en el agua- pero, cuando el rumor es tan abismal esto pasa a ser la verdad.
    Al diablo con la magnificencia del creador, con el endiosado narrador pues si alguien se atreve a la codicia ajena ésta debería ser resuelta con un derechazo.

    Comentario por Héctor Vargas — junio 1, 2007 @ 2:25 pm | Responder

  10. La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    Comentario por José Jarne — agosto 14, 2007 @ 4:01 pm | Responder

  11. la bozzo,la medina,la zeballos la brasqui…todas aportaron su granito o granazo de mierda a la tv peruana q ahora algunas de estas brujas no se quiera limpiar,la bozzo es la peor pero las otras tambien son mierda pura,salida de las cloacas del sin de montesinos y fujimori,no olvidar q beto ortiz descubrio q magaly medina tenia un urraco(reportero)q trabajaba en el sin,magaly nunca respondio,se hizo la cojuda como la esposa del winter y la esposa del chompita todas mierda pura carcel para las traidoras a la patria!!!!!!! Ahora q Bayly no hace esto por moralidad no,lo hace por intereses,pero sea por lo q sea q entre mierdas se destruyan,toda la tv peruana es un asco,hoy cesar hildebrantd en su columna dice q el Peru ya era eso q muestra la bozzo,es verdad pero la bozzo lo amplio,lo normaliso,y usa a menores(esto no lo toca hildebrantd)no defendamos a la bozzo,pero tampoco la pomgamos como q es la unica mierda,todo es mierda hasta la patreau se ha vuelto amarillista,q assssscooooooooo!!!!!!!!

    Comentario por noscagamus — marzo 28, 2008 @ 2:58 pm | Responder

  12. Solo queria decir q cesar hildebrantd dijo en el programa de magaly que la derecha controla todo,q la television peruana es un “burdelito disciplinado”,en lo noticioso y lo politico….pero no solo es en eso,don cesar,las cortinasas de magaly medina son parte de ese “burdelito”,realmente no se q hace hildebrant llendo al programa de la medina,¿q no hay otros programas donde ir? Al ir Ud. a ese programa con su precencia la avala,y la gente puede pensar q es una periodista veraz,q pone el dedo en la llaga,y nada de eso es,es solo una felipilla,y su programa es un asco,q verguenza verlo en ese lugar como si nada.

    Comentario por gonzalo prada — marzo 28, 2008 @ 3:27 pm | Responder

  13. LO PEOR ES QUE LA BORLINI DE MIERDA SIENDO ARGENTINA TAMBIÉN HACE LA MISMA HUEVADA Y NADIE DICE NADA. TODAS LAS MAÑANAS EN ATV SE DEDICA A LA MISMA COJUDEZ QUE LA BOZZO PONIENDO A UNOS GUANACOS HABLANDO ESTUPIDECES FALSAS. QUE MI ABUELITA SALE CON EL PANADERO, QUE A MI HIJA LE GUSTA EL COBRADOR DE LA LÍNEA 75, QUE TENGO 90 PERO ME GUSTAN LAS VÍRGENES, HUEVADAS ASÍ. CARAJO SEGURO QUE NO TIENE NI PERMISO PARA TRABAJAR EN NUESTRO PAÍS. SAQUEN A LA BORLINI TAMBIÉN. FUERA MIERDAS DE ESTE PAÍS.

    Comentario por Renzo — marzo 28, 2008 @ 3:55 pm | Responder

  14. “A ustedes, bestia de mil caras y una sola hemofilia;bestia cursi que se ampara en el ballet para poder matar, y en la muerte para ejercerla en contra de un toro. A ustedes mis queridas bestias, apenas los he descrito con insuficiencia y palidez.”

    Comentario por Edu — abril 12, 2009 @ 1:08 am | Responder


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