César Hildebrandt Blog

enero 11, 2007

La mujer inventada

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 6:45 am

(La Primera) La mujer inventada
Ha muerto Carlo Ponti, el que inventó a Sofía Loren. Ha muerto a los 94 años, demasiado viejo para recordar el brillo de su vida y, por lo tanto, exonerado de todo verdadero sufrimiento.

Era abogado graduado con todas las de la ley, pero el cine lo llamó con todos sus imanes: la posibilidad de crear un mundo paralelo mucho más coherente que el real, el glamour de sus mujeres, la sal de sus noches y lo inacabable de su ferocidad.

Comenzó su carrera de productor –jamás pretendió usurpar el papel de los directores– en plena segunda guerra mundial con algunas modestias que no es preciso recordar ahora. Pero en 1950, asociado a Dino de Laurentis, entró en la pantalla grande y se convirtió en lo que fueron, en sus respectivos ámbitos, un Zanuck o un Levine.

Para Federico Fellino produjo “La Strada”, para Vittorio de Sicca hizo “Bocaccio 70” y para Roberto Rosselini “Europa 51”, sólo por citar unos ejemplos.

Pero su gran creación no tuvo soporte de celuloide aunque sí mucho de laboratorio. Se llamó Sofia Villani Scicolone y era una napolitana poderosa cuando Ponti la vio, la tasó, la imaginó, la desvistió y la empezó a construir como la diva que sería después, cuando hizo “Deseo bajo los olmos”, junto a Anthony Perkins, o “Houseboat,” al lado de Cary Grant, y más tarde, cuando ganó el Oscar por su resplandeciente actuación en “Dos mujeres”, de Vittorio de Sicca, película por la que ganaría también el premio a la mejor actriz en los festivales de Cannes, Berlín y Venecia.

Aunque alguna vez Sofía ha dicho “todo lo que ven se lo debo al spaghetti”, lo cierto es que Ponti fue quien la convirtió de actricita insignificante en “Quo Vadis” –donde hizo de extra junto a su madre– y de modelo de fotonovelas baratas a tantas liras la hora, en lo que llegó a ser: un busto viajero a la sensualidad italiana, al desparpajo napolitano, un monumento a la belleza que persiste y que es lo único que queda cuando has perdido una guerra y sólo parece haber pleitos por la escasez y tripas que suenan por la noche.

Claro que Ponti tuvo que refinar esa joya encontrada en la orilla donde se lava la ropa. Dicen que le enseñó a peinarse, a vestirse, a comer sin ruidos, a gozar sin alaridos, a coquetear lo estrictamente necesario, a no salir en fustán a ningún balcón, a afeitarse las axilas si el papel de la próxima película no exigía lo contrario y a acudir al dentista como si se tratara de la misa del domingo. Y dicen que lo que más le costó fue que aprendiera a guardar silencio cuando no tenía mucho que decir, que era casi siempre, y a no decir barbaridades sobre algunos temas delicados, como el pudor femenino, cuando delante había una condesa color ceniza o un prelado vestido de cuervo.

Por casarse con Sofía Loren, es decir con su alter ego femenino, Carlo Ponti fue sometido a un juicio por bigamia y tuvo que huir de Roma y refugiarse en París. Allí produciría, en 1958, la espectacular “Dr. Zhivago”, dirigida por David Lean, con la que ganaron seis Oscar y el aplauso mundial. Hacia los 80, el fisco italiano, que no produce sofías sino berlusconis, lo persiguió acusándolo de evasión de impuestos y tráfico de obras de arte. Lo de la evasión era cierto –¿cómo no estar tentado de hacerlo en un régimen tributario como el italiano?– y lo del tráfico de obras de arte, también. Y como ambas cosas eran ciertas, la justicia de Italia, que mucho le debe a los Luciano y a los Gambino todavía, lo absolvió cuatro años después, en 1983.

Lo curioso es que nadie lo acusó de tráfico de obras de arte por volver universal a aquel patrimonio nacional vestido de mujer que él conoció como jurado de un concurso de belleza.

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2 comentarios »

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    Comentario por Peru Re - Evolución — agosto 12, 2007 @ 1:25 am | Responder

  2. La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

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    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

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    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
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    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

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    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

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    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    La fiesta del toreo es un arte, en el que toro y toreo se retan en las tardes de sol y moscas en un duelo de titánics en dónde el animal pone la bavura y el hombre la razón y el conocimiento. Desde esta perspectiva, y partiendo de la base de que el toro suifre pero el hombre también, es importante hablar y, lógicamente, saber de qué se habla. De lo contrario, es mejor callarse y marchar discreta y sigilosamente. Así evitaremos que se nos tache de ignorantes.

    Hace unos años, el Ajuntament de Barcelona ya intentó suprimir la fiesta de los toros en esa ciudad, y no lo consiguió. Ni lo conseguirá ningún politico que lo intenté.

    Aquella propuesta olía mal. Tan maloliente que casi me atrevería a decir que tras aquella decisión tan estúpida como trasnochada se encontraban los acólitos y simpatizantes de cierto líder político catalán (si es que se le puede calificar así, que lo dudo) de gafas rancias y bigote ajado.

    ¿Qué pretendían?, ¿Acaso aspiraban a convencernos de algo? Barcelona es una ciudad envidiable, sana y saludable… pero de ahí a que a los taurinos nos intentará vender esa moto va un abismo.

    Porque… una cosa es recomendar y otra prohibir. Basta recordar el Mayo de 68…Aconsejen, opinen, adviertan, pero, por favor, prohibido prohibir. Y menos todavía un espectáculo con una sabrosa tradición de más de dos siglos como es el arte de Cúchares.
    A ésos que se autodenominan anti taurinos, defensores a ultranza de los animales, ecologistas y no sé que más zarandajas, me gustaría preguntarles por qué no boicotean, por ejemplo, las peleas de gallos tan populares en las Islas Canarias, o la caza de ballenas y focas en distintas partes del mundo. Pero no. Callan y otorgan.

    Sepan ustedes que la existencia de la raza de toro de lidia va intrínsecamente ligada a la existencia de la Fiesta. O sea, sin toros, se acabó la fiesta. El toro bravo, ese animal bello y fiero, arrogante y bravo, viene al mundo en las dehesas castellanas, extremeñas o andaluzas con una exclusiva misión: retar al hombre en la plaza al son de un baile de titanics, como decía antes. Todo se vuelve tragedia y poder, fuerza y dominación.

    No perdamos la perspectiva. El toro bravo desafía al hombre en la plaza. Y este hombre, a veces de oro, otras de plata, se arriesga y se juega su vida cada tarde. Como reza la oda, a las cinco en punto en las tardes de sol y moscas.

    No sólo, pues, en esta bella tragedia sufre y padece el toro de lidia. El torero también. Su sangre se vierte en las plazas. Basta recordar al maestro Bienvenida, al inmortal Manolete o al malogrado Paquirri…

    Nadie duda de la crueldad de la fiesta, pero de ahí a que en las puertas de los alberos, en una soleada tarde de toros, a los aficionados se nos llame asesinos por ir a presenciar una corrida va un abismo. Eso ni es justo ni es de recibo.

    Pero aún iré más allá. Los anti taurinos (Más rebeldes y aburgesados que el resto de los mortales) han pensado que gracias a la Fiesta, ése, según ellos, horripilante y abominable espectáculo, hay muchas familias que pueden vivir. Y no me refiero precisamente a matadores consagrados que cobran cantidades exageradas. Me refiero a otras personas, muchas, que, con trabajos discretos y silenciosos, llevan un sueldo digno a su casa con el que poder vivir y, lo más cruel, poder llegar a fin de mes.

    Dejemonos de estúpideces, y seamos consecuentes con nuestras tradiciones y nuestra cultura.
    Y el que no estè contento… tiene una alternativa.

    Comentario por José Jarne — agosto 14, 2007 @ 4:13 pm | Responder


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