César Hildebrandt Blog

noviembre 30, 2006

Morir en Madrid

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:52 pm

(La Primera)  Morir en Madrid

Se nos ha muerto Félix Álvarez, que hablaba con la ronquera de los fumadores de Ducados y sabía latín y de  los clásicos como si hubiese aprendido a leer con ellos y podía recitar a Salinas y reírse como un demonio de Tasmania cuando alguien decía algo estúpido, que era casi siempre.

Un día, cuando empezaba a extenderse el charco de sanguaza de los Fujimoris y las Chávez, se fue a Paraguay y allí le perdí la pista porque yo también me tuve que ir a España cuando las puertas se me cerraron y los muchachos de la tele se meaban cada vez que Montesinos los mandaba llamar con un tal Huamán.

Pero todos estos años he pensado en Félix Álvarez y su aspecto de leñador, su barba prócer y el cigarrillo eterno que terminó matándolo antier, en Madrid.

Álvarez era un tipazo que escribía como el mejor de los cronistas que yo haya leído y tenía formación de filósofo e historiador. Pero también era humorista e imitador de autores y estilos y podía disfrazarse de fraile dominico en alguna misión próxima al Iguazú o hacer que de su prosa proteica brotara un imaginario valenciano que recordara a Martorell.

Podía escribir de lo que quisiese con una maestría que no volveré a ver y podía hablar con erudición y sin jactancia de lo que uno le preguntase y de lo que uno jamás le habría preguntado por vergüenza. Porque Álvarez fue el único ser realmente enciclopédico que conocí. Y no es que fuese un Larousse en talla de bodoque. En él el conocimiento estaba tramado como en un tapiz y latía, vivo y actualizado, junto a una sensibilidad de socialista invencible. Claro, no hablo de un socialismo incondicional sino de uno crítico, pobretón de pura honestidad, rabioso de tanta frustración, antiestalinista a pulso de ácrata.

Álvarez me maravillaba por muchos motivos pero creo que nunca lo admiré más que cuando lo escuchaba. Su voz velada por el humo construía periodos largos al galope y se metía en digresiones y asomaba la cabeza tras una oración subordinada que hubiese turbado a Cicerón y, manteniendo el hilo, llegaba a puerto como si los mejores prácticos lo guiasen. Sólo años más tarde, cuando leí los prodigiosos discursos de Emilio Castelar, salidos de la estenografía de las cortes españolas, entendí de dónde venía esa tradición intelectual que convertía la elocuencia en una de las bellas artes.

Al igual que Castelar, Álvarez decía bellamente lo que bellamente había sido pensado. No se trataba, desde luego, de ese tipo de oratoria que tanto gusta por estos lares y que consiste, a pesar de una sintaxis irreprochable, en no decir nada. No era la verborragia alanista y sentimental que apela a marear a la perdiz y a engatusar sino el viejo culto por las palabras, por las palabras precisas y mensajeras. Era el viejo amor por el lenguaje de un castellano adoptivo que creía en el rigor y la risa.

Por todo eso es que a Álvarez nunca lo quisieron mucho por aquí. Por ser de afuera y por tener luces propias y no atarse a la noria de los críticos que se pudrieron sin haber madurado y de los escritores de tercera que fundaron la sociedad de auxilios mutuos de la pendejada.
Querido Félix: hasta la próxima.

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noviembre 29, 2006

Metida de bella pata

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:35 pm

(La Primera) Metida de bella pata

De tanto ser bombero, el señor Jorge del Castillo puede terminar abrasado. Y no abrasado por su santa esposa, como tiene que ser, sino con los pulmones lisiados por el humo tóxico que emana la ministra Mercedes Aráoz.

La señora Aráoz, como se sabe, pertenece al club de Cecilia Blume, Verónica Zavala, Susana de la Puente, Mayu Hume y Clarabella, la de Disney, que tampoco vaca porque siempre cae de pie. Ese es el club de las chicas que un día juraron no hacer la plaza pero sí el mercado y allí están, devotas de San Milton, beatas de Fujimori y lectoras de la Rand Corporation cuando se ponen finas.

“La victoria del señor Correa en Ecuador pone en peligro a la Comunidad Andina de Naciones y es un triunfo de Hugo Chávez”, dijo doña Mercedita como si nada, como si se comiera una chocoteja mientras recibe su ración diaria de Fox TV.

No ha bastado esta vez el extinguidor portátil del señor Del Castillo. Ha tenido que venir la Roma I, la Cosmopolita II y el serenazgo de Pucusana para aplacar la llama de la señora Aráoz, la canciller imaginaria de la ultraderecha invitada por García al banquete.

Lógicamente, en Quito protestó Correa, en Lima protestó la embajada –aunque discretamente– y en la cordillera del Cóndor protestaron los difuntos de la última guerra que la señora Aráoz vio por TV comiendo su canchita en aquel verano de Punta Hermosa.

Así que el bombero Del Castillo tuvo que decir que no, que el pueblo ecuatoriano había elegido soberanamente a su presidente y que no, de ninguna manera, que Correa, el presidente electo del Ecuador, no ponía para nada en peligro a la CAN y que tampoco, por favor, era un anexo numerado del señor Hugo Chávez.

¿Cómo se puede ser tan torpe?
Bueno, si uno cree que el mercado es santo, Popper puro, Bush un gran hombre, la señora Hirsch una super técnica, Michael Jackson blanco y el diario Perú 21 un periódico desasido de intereses, bueno, si uno (o una) cree eso, entonces también puede decir lo que la señora Aráoz dijo para su inmortalidad de papier maché.

Que para eso está el bombero, para apagar al presidente cuando está desestabilizado, o para apagar la tele cuando la señora Aráoz, preciosa ella, sale a dictarnos la nueva geopolítica inventada por Tetelemeque e inspirada en el Haya XP, es decir el doctor García: hay que pelearnos con todos los países excepto con los Estados Unidos que nos desaira, Brasil que querrá otra vez usarnos, Chile que ya nos compró y Colombia que nos mira con una cierta mueca de compasión.

Y en esa política cabe lo que hizo la señora Aráoz: insultar al Ecuador –un aliado imprescindible de nuestro futuro–, provocar otra vez a Venezuela para luego hacerse la víctima ante la previsible respuesta de Chávez, presentarse ante Washington como la mami que puede manejar el lupanar del patio trasero (que eso es lo que han hecho García y Tetelemeque) y creerse aliados tácitos de Colombia, que a pesar de Uribe nunca se ha paseado calata cerca de la sala oval para ver si hay un Clinton dispuesto al choque y fuga.

Porque hay que decirlo: la metida de una bella pata de doña Mercedita no es un acto aislado sino un capítulo más de la vergonzosa política exterior trazada por el doctor Alan García Pérez.

Alguna vez la España del siglo XIX tuvo como embajador en Francia a un andaluz pintoresco llamado José Luis Albareda. Lo primero que hizo Albareda al llegar a su nuevo destino fue publicar el siguiente aviso periodístico: “El nuevo embajador de España en París es monárquico en España y republicano en Francia”.
La señora Aráoz luciría de maravilla en los Campos Elíseos.

noviembre 28, 2006

Viejo, mi querido viejo

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 1:53 pm

(La Primera) Viejo, mi querido viejo

Los huerfanitos y viudas de Milton Friedman siguen llorando sus restos mortales y adorando paganamente su perfil de dólar viviente y su legado de soñador a quien se le cumplieron los sueños cuando vio a Pinochet ejecutar su programa con el filo de las bayonetas y sus bombas telecomandadas.

Porque detrás de cada friedmanista hay un fascista que grita ¡orden! cuando Correa gana, Chávez persiste, Morales marcha, Vásquez reincide, Kirchner se aparta o Lula gana su segunda elección. Y estos hijos de Friedman se vuelven unos hijos de la guayaba a la hora de ver que la manada desobedece a los ovejeros que la ladran, o sea ellos mismos, que para eso están: para corregir al ganado que se extravía.

Un tal Carlitos, por ejemplo, que es como el perro de la tira y enseña en la “U” de Lima, hierve de vesícula inflamada cada vez que alguien le falta el respeto a su presunto papi putativo (Milton Friedman) y amenaza con una lápida académica a quienes nos reímos de su apá y de él, rabioso hasta la tarascada y peligrosamente carente de vacuna antirrábica ahora que se viene el verano.

Carlitos dice que Friedman es su apá, pero eso no es cierto. Friedman fue, en todo caso, su hermano bastante mayor. Su verdadero viejo-mi-querido-viejo se llama Leo Strauss y es un nazi que leía griego y que creó la matriz del pensamiento neoconservador de los Estados Unidos.

Strauss es un apá vergonzante que los Carlitos de todas las universidades que fabrican yupis armados han ocultado piadosamente.

Tal vez sea porque Strauss es demasiado brutal, demasiado fuerte y demasiado intragable. O porque con Strauss nos deslizamos hacia Nietzche. Y cuando digo Nietzche no me refiero sólo a su teoría del superhombre sino también a su odio filosófico por las mayorías y a su convicción de que los valores éticos no conciernen a quienes deben de dirigir el mundo.

De allí a pensar que, simplemente, no hay valores y que, sin embargo, hay que fingir creer en ellos para que el orden no se destruya, hay sólo un trecho. Y Strauss avanzó ese trecho y muchísimo más.

Strauss, que admiraba a Heidegger pero que había tenido que huir de Alemania por ser judío, fraguó en la universidad de Chicago, mucho antes que Friedman y desde un punto de vista filosófico, una escuela ultraconservadora de pensamiento que tendría en Francis Fukuyama a un discípulo distinguido, en Allan Bloom a un beligerante polemista, en Paul Wolfowitz a uno de sus operadores políticos más siniestros, en el colegio Saint John de Annapolis una ensambladora de mentes reaccionarias hasta la náusea y en el gobierno de Ronald Reagan el triunfo pleno de sus ideas. Digamos que con Bush II el señor Leo Strauss, que tuvo la mala suerte de morirse en 1973, hubiera vivido en excitación permanente. Porque Bush II es a Strauss lo que la Capilla Sixtina al arte renacentista.

¿Qué pensaba, en grosero resumen, el apá de Carlitos, es decir Leo Strauss?
Que la creación de una parafernalia de mitos era una necesidad de Estado y una mentira noble. Y que Estados Unidos, su patria adoptiva, requería, para volver a sus esencias conservadoras, magnificar a un enemigo ya existente hasta convertirlo en amenaza inminente –es decir, crear un régimen de terror apelando a verdades o mentiras, no importaban los métodos– y rescatar el concepto de patria y destino manifiesto de las manos infectas del liberalismo.

Las dos cosas se han logrado. Y gracias a Strauss, hoy el miedo es la atmósfera cotidiana y doméstica de los Estados Unidos y las tropas de su ejército están en la antigua Mesopotamia imponiendo “sus valores”.

Strauss no creía en nada excepto en el nihilismo y en la misoginia. Pero estaba convencido de que la mayoría del mundo era una manga de indigentes mentales a los que había que darles órdenes de aplaudir o reírse, como en un set de la TV que acababa de surgir. (Por eso es que aquí algunos de sus alumnos por correspondencia hablan de “electarado”) .

Dicen que ya viejo, cuando salía de dictar clases, Strauss se iba a su casa, comía rápido y se ponía a ver una serie del salvaje oeste que pasaban por la tele. Se llamaba “Smoke’s gun” y siempre terminaba con los malos acribillados por los buenos. Como lo estamos viendo, esa no fue una serie sino una profecía.

Y Carlitos y los suyos, aunque hagan de extras y apenas se les vea, lo están haciendo muy bien disparando desde las cloacas que les asignaron.

Strauss, en el fondo, se reía de lo que creaba. Sus hijos han terminado por rabiar cuando las cosas no les salen bien. Pobres chicos.

noviembre 23, 2006

Lágrimas presidenciales

Filed under: Uncategorized — cesarhildebrandt @ 7:57 pm

(La Primera) Lágrimas presidenciales
Cuando llora mi guitarra. O sea, cuando el Apra pierde en Trujillo. Lágrimas que pueden ser de cocodrilo, es cierto, pero lágrimas al fin y al cabo. Llanto de luna por Mulder y lagrimones por el Haya que hizo llorar a tantos con sus cebiches al lado de Ravines y Beltrán, para no hablar de sus postres junto a Odría y Julio de la Piedra.

Porque el Apra y el llanto son uña y lima, uña y pinza, uña y cortauñas. Lloraban los apristas aurorales sacrificando sus vidas en las catacumbas. Lloraron los apristas del crepúsculo llorando a los aurorales mientras impedían la reforma agraria de Fernando Belaunde Terry y pactaban con los asesinos de Negreiros padre.

–En el dolor, hermanos.
Lloró Haya de la Torre varias veces ejerciendo, con suma dignidad, la presidencia de la Asamblea Constituyente de 1978. Pero lloró también, ante este escriba y en la tele, Manuel Ángel del Pomar cuando juró que él y el narcotráfico nada tenían que ver. Y lloró de rabia Andrés Townsend cuando le birlaron la victoria en las internas que profirieron a Villanueva como candidato. Y lloraban todos los apristas funerarios a la muerte del jefe y guía. Lloraba de alegría Carlos Roca cuando bebía más de un Cinzano y dicen que lloraba Búfalo Barreto cuando empezó la revolución de Trujillo. Lloraba Idiáquez como un niño con la muerte del fundador y hasta Lanberg lloraba cuando pegaba de tiros al cielorraso de P.M., el primer diario chicha en la historia del estercolero escrito del país.

García dice que lloró –y habrá que creerle– por la pérdida electoral de Trujillo. ¿Y las otras ocho regiones despilfarradas, no le causaron llanto? No, plena indiferencia. Porque está convencido de que la atomización lo favorecerá y que el pica-pica provinciano caerá en fiesta sobre su cabeza.

Pero Trujillo, eso sí, le duele. Y con la modestia que le es habitual añade que si para recuperar Trujillo se requiere de su candidatura, allí estará él al servicio del partido y del rescate de esa ciudad-cuna que hoy mecen otras manos.

García cree que él es el Apra.
Y es cierto. Es el Apra en todo su esplendor: en sus vaivenes siderales, en su disciplina de espartanos a la orden, en su desprecio por la palabra empeñada, en su exitismo electoral y en su fanatismo a la hora de copar el Estado y hacerlo más empírico si cabe.

Sí, García es el Apra. Porque sin García el Apra es cine mudo, México lindo –donde se fundara–,1924 y “1984”, todo junto y orwellianamente revuelto. Y como García es el Apra el Apra tenderá a desaparecer y a correr la suerte de los partidos apellidados. García sabe, además, que esta traición a su programa electoral revisionista y de cambio será la última que habrá podido cometer. Y quizás por eso llora García. No por Trujillo sino por él, que va a dejar de ser cincuentón próximamente. No por Trujillo sino por el partido atado a su calendario personal. No hay un Alan García en el horizonte. No hay –ni remotamente– alguien de su carisma y su elocuencia de brujo multitudinario. El Apra cumple años con García. Y García, aunque muchas veces no lo parezca, es un mortal entre el gentío, como todos. Por eso sí vale la pena un lagrimón profético.

noviembre 22, 2006

¡Viva la píldora del día siguiente!

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:35 pm

(La Primera) ¡Viva la píldora del día siguiente!

El Tribunal Constitucional ha puesto en su sitio a la Iglesia, o sea al Tribunal de la Santa Inquisición, y ha decidido que la píldora del día siguiente se puede tomar sin merecer el infierno de llama a gas que el Opus Dei prometía a las mujeres que hicieran uso de ella.

Hay 600,000 embarazos no deseados cada año en el Perú. De ellos, 180,000 corresponden a adolescentes y de ese número 153,000 son casos de violación. A esas niñas maltratadas, a esas adolescentes interrumpidas por el infortunio, la Iglesia les dice:

–¡Pare! ¡Alumbra! ¡Tienes una vida dentro de ti!
Y lo decía con el énfasis gregoriano de quien cree que sigue hablando en nombre del único Dios digno de oírse, con las zetas de los capellanes franquistas, con una cierta flatulencia obispal.

Y añadía la culpa, que es como el puntillazo que viene del cielo y te da en el árbol de la vida y te convierte en una legaña del Señor:

–Porque esa píldora es abortiva, por lo tanto asesina, por ende, criminal.
Y lo clamaba, sin lisuras esta vez, el hombre que cuando actuó pastoralmente en Ayacucho supo de muertes que no denunció, de abrasamientos que Satán inspiraba y Fujimori mandaba ejecutar, de fosas demasiado comunes y aldeas despobladas a balazos. Pero, claro, esos eran castigos del Dios del orden y la patria, del Dios del Monumento a los Caídos y el Dios de los fusilamientos de Madrid a la caída vallejiana de Madrid.

La píldora del día siguiente, por supuesto, no es abortiva porque lo que impide es, precisamente, el encuentro decisivo. Un encuentro que nada tiene que ver con Dios y sí, muchas veces, con lo oscuro y lo perverso, con la avenida de los instintos y con la libertad sin ley de la carne y sus primicias.

El deseo, en todo caso, no conoce la palabra mañana. Y para eso estará la píldora del día siguiente, para tomar decisiones y traer hijos premeditados y queridos. No hijos del aullido ni de la violencia. No hijos que sean producto de la extorsión moral de la Iglesia, tan experta en sexo tenebroso y novicial, tan familiarizada con los curas que acezan detrás de una cerradura y acuden de puntillas a ciertos dormitorios.

Somos un Estado laico, como es España hoy. Hace algunos meses España, el epicentro del poder eclesial en Europa, dejó de subvencionar a la Iglesia Católica con planillas y gracias a discreción. Los católicos ultramontanos no quieren entender que ellos son parte del problema y no de las soluciones. Porque su intolerancia sigue intacta y su capacidad de intimidar a los débiles sigue siendo usada irresponsablemente.

Nadie es hijo, nieto o bisnieto de Dios en este mundo de priones y quarks. Y menos lo son los hijos de una madrugada de aguardiente y tironeos.

No estamos en el año 1401, cuando la pena de la hoguera fue legitimada por la Iglesia católica siempre y cuando estuviera reservada a los herejes. Ese año se dictó el estatuto que establecía la quemazón en vida para quien osara contrariar a la jerarquía. La norma en cuestión se llamó: Haeretico Comburendo.

Federico Barbarroja fue quien legisló sobre la pena de muerte por disidencia eclesiástica en el año 1185. Que Cipriani se suba a una máquina del tiempo y vaya a saludarlo y a recordar los viejos tiempos.

noviembre 21, 2006

¿Partidocracia? ¿Qué partidocracia?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 5:45 pm

(La Primera) ¿Partidocracia? ¿Qué partidocracia?

La llamada crisis de la partidocracia es un invento de algunos generosos. La historia política del Perú no es una historia de partidos sino de jefazos, generalotes, caudillos y canallas.

Si hubiese sido la nuestra una historia de partidos tendríamos ahora la arquitectura de un país como Colombia o Chile, donde las huellas del pasado son de instituciones, no de alpargatas, y donde el pasado mismo es el de partidos que cobijaron a personalidades y no el de personalidades que se pretendieron partidos.

Aquí hasta la izquierda marxista tuvo en Mariátegui no a un inspirador sino a un papá que dejó un amplio orfanato mental a la hora de su muerte.

A mí que no me digan que el Apra es un partido, en el sentido programático de la palabra. Dejó de serlo cuando Haya disolvió los principios y se convirtió en el capitán de un barco que apenas pudo moverse con la primera brisa oportunista que se le presentara.

El Apra es, en esencia, una maquinaria de poder, un ingenio hecho para ganar elecciones, un teatro ambulante y eficaz que seduce presentándose como el centro menos ofensivo, aunque use las viejas palabras de Haya.

Aquí la Democracia Cristiana, que hubiese podido ser una opción doctrinaria, se deshizo por obra del preconciliar Luis Bedoya, que siempre tomó a Cristo como excusa para que todo quedara igual, y de Cornejo Chávez, que ató la carreta del partido al gobierno de Velasco logrando extinguir la débil llama que le quedó de herencia. Otra vez dos grandes personalidades sepultando su propia obra.

El actual PPC, que tiene la franquicia de esa historia, es una broma casta, un chiste de señoritas tardías y una carcajada en el velorio. Un PPC que llama a Risco y a Woodman –uno tras otro– para matizarse como si fuera pintura supermate de galón, un partido que reclama el centro con el dinero electoral de la gran banca y cuyo nonagenario líder –Fidel Velázquez de un PRI que jamás llegó a la presidencia– dice que sus hijos pecan pero no delinquen (cuando delinquen), es un asunto más cercano del folklore que de la política en serio.

Acción Popular es, como se sabe, el único partido que ha sabido morirse dos veces. La primera con Belaunde y la segunda con Paniagua. Lo que queda de AP es hoy el señor Massa, un cabeza rapada de la nada que resume la tragedia de lo que fue alguna vez una opción de las clases medias no apristas.

Porque desde el punto de vista de las ideas, Acción Popular podría ganar un torneo mundial de tautología. ¿Eso “de la conquista del Perú por los peruanos” era el eslogan de una agencia de viajes, el mea culpa de un noventayochista español o la mazamorra morada que pegaría la quincha del palacete ideológico del muy amado arquitecto? No se sabe, con todo respeto.

¿Y Somos Perú? Bueno, eso es una anticuchada con cajón y harta cerveza y muchas toneladas de gordos pensando en las dietas del municipio.

¿Y el Partido Nacionalista? Ahora parece lo que fue: una salida de madre asociada con el fenómeno del Niño, un huaico de bienaventuranzas y un comandante –Sánchez Cerro en reversa– que reclutó al más grande ejército de traidores jamás reunidos en la escena peruana, que tanto le debe a Judas como a Brutus. Y UPP es la tenia que le creció al aparato digestivo del humalismo. Y las tenias mueren con el paciente, como es dable.

Sí Cumple, de otro lado, es uno de los mejores chistes de Jaimito (Yoshiyama). No es un partido sino una redada por hacerse, una colección de prontuarios y un aquelarre de escoberas con la boca más sucia que el alma de su jefe. Es increíble que en el Perú hasta la delincuencia requiera de un caudillo y del membrete de un partido.

En relación a Perú Posible, tampoco se trata de un partido sino de una familia –con Filete y un ex asaltante de bancos a la cabeza– que llegó al gobierno porque en ese momento García era el Humala y Toledo era el García. De PP sólo queda el ideólogo Almeida, el jurista agente Sun, el fantasma de Waisman asustando en el hall de los pasos perdidos y la señora Elianne, que ya debe haber encontrado a un conserje afronorteamericano a quien mentarle la madre.

¿Y Solidaridad Nacional? Quítenle a Castañeda el municipio y SN será una kermés del Inmaculada. No hay una sola idea, un solo conato de idea, un solo germen programático en SN, que es heterónimo del muy ágrafo Castañeda Lossio.

Solidaridad Nacional es el camerino mosqueado de un Bonaparte que se cree el salvador de la ciudad, por ahora, y aspirará a serlo de la patria en cuatro años más.

Pero no serán las ideas sino los metros cuadrados de concreto, los puentes sobrevaluados y las vías expresas con semáforos, los que seguirán haciendo electoralmente rentable al ex funcionario fujimorista del Seguro Social.
De modo que cuando hablamos de “crisis de la partidocracia”, ¿de qué diablos hablamos?

noviembre 19, 2006

Reflexiones para esta noche

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:49 pm

(La Primera) Reflexiones para esta noche

Luis Castañeda ganará en Lima, el Apra perderá en líneas generales y a nivel nacional, el nacionalismo de Humala sufrirá una catástrofe casi sin excepciones, Somos Perú resurgirá como alternativa vecinal y el fujimorismo recobrará el aliento para vergüenza del Perú y como comprobación de que en este país cientos de miles de peruanos aceptan el pasado homicida y ladrón de sus caudillos.

A partir de mañana, entonces, será más fácil para el doctor Alan García proseguir su política de sabotear la extradición de Fujimori y reafirmar su alianza congresal con quienes encarnan lo más abominable de la política peruana.

A partir de mañana, la voz de Martha Chávez exigiendo un homenaje a Kerosene y un busto a Martin Rivas se escuchará con una mayor cadencia en RPP y los canales amigos: una voz para todo el Perú.

Quedará hoy esbozado el mapa electoral del 2011, por lo menos en lo que se refiere a dos de sus protagonistas potenciales: un Fujimori lavado en las islas Caimán y en el Congreso semicontrolado por su infantería, y la del Apra y un Castañeda Lossio que ha jurado no tener aspiraciones presidenciales, lo que garantiza, dada la tomografía moral exhibida durante su gestión, que será de todos modos el candidato presidencial de un amplio sector del centro-derecha.

Con lo que en el 2011 tendremos, por lo menos, cuatro candidaturas conservadoras disputándose el sillón presidencial: el Apra, terminada de esculpir por Alan García en su fase hayista terminal; el PPC de Lourdes Flores; Solidaridad Nacional, con Castañeda en el liderazgo; y el fujimorismo, es decir la derecha abiertamente cleptocrática y programáticamente homicida.

A esto habrá que sumar algún líder del interior que sobreviva judicialmente ileso a estos años que se vienen de mayor canon minero y delegación de nuevas atribuciones a los gobiernos regionales, arcas abiertas para que la estupidez o Caco hagan de las suyas.

Frente a este panorama, que las elecciones de hoy empezarán a fundar, la pregunta que flota es obvia:

¿Y qué hará la izquierda, esta noche desaparecida como si hubiera sido vista por última vez entrando a Los Cabitos?

¿Seguirá diciendo que Cuba es una utopía realizada porque la libertad vale poco con tal de tener educación y salud garantizadas?

¿Seguirá creyendo que el nacionalismo es suficiente como doctrina o apostará por el socialismo libertario, tal como lo aconseja la lectura de Mariátegui, la lección de Barrantes y el ejemplo del mundo?

¿Seguirá asustando a la gente con el anuncio de una dictadura salvadora, un buldózer ideológico del pensamiento único? ¿Y hará ese anuncio apeándose de una 4×4 china, de esas que acaban de llegar?

¿Seguirá siendo marxista a secas, leninista sin autocrítica o estalinista sin vergüenza?

¿Seguirá apostando por la destrucción de la clase media y mirando exclusivamente ya no al proletariado, que compra El Trome y ve a Magaly, sino al lumpen que se exhibe en Construcción Civil?

¿Seguirá creyendo que el resentimiento es su veta y el odio su capital social?
¿Seguirá despreciando, en el fondo, a Gramsci y añorando a la RDA de Honecker y Üllbricht?

¿Seguirá creyendo que debería estatizarse hasta la venta de helados para que todos hagamos nuestra cola para sorber un Coppelia?

¿Seguirá pensando, muy para sus adentros, que Sendero cometió excesos espantosos pero que no se equivocó en lo principal?

La izquierda tiene un enorme desafío. Debe partir desde casi cero y tomar la cota 500 con el fuego graneado del enemigo al frente. La tarea parece imposible. Por eso mismo vale la pena emprenderla. Desde esta noche.

La anorexia está de moda

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 1:56 am

(La Primera) La anorexia está de moda

Están de moda desde hace años las niñas esqueléticas y altísimas que sólo desde esa condición pueden exhibir debidamente las arbitrariedades de las pasarelas.
Sin esas niñas estiradas que crujen mientras se contonean el sindicato de la moda no podría lucir sus colorinches y marranadas, sus cursilerías versacescas, sus largos estuches sobreestimados por las revistas que viven del negocio y las mafias colaterales de la industria.
Y el negocio consiste, aunque parezca mentira, en que todo el mundo mire más a esos maniquíes cadavéricos a punto de desarbolarse y menos los detalles, muchas veces chirriantes, de una ropa que nadie ha visto ni verá en la calle ni en la percha de las niñas comunes de cada día. Y que tan sólo verá cruzando una alfombra roja a la hora de un Oscar o a la salida de una fiesta en algún Ritz.

Porque la ropa de esos desfiles es a la cotidianidad lo que un Maseratti a la autopista y sólo sirve para crear una atmósfera imposible de imitarse y un complejo de inferioridad que es parte crucial del negocio.

En efecto, la mayoría de las mujeres, expulsadas de la posibilidad de lucir como esas palmeras debilitadas que plagan Fashion TV, compran, para cobrarse la revancha, los perfumes, cosméticos y accesorios de la marca soñada. Ese es el verdadero rubro del negocio. Los desfiles sirven para marcar el territorio, abrir el apetito y producir el mecanismo de la emulación compulsiva.

En el comienzo del proceso están, entonces, las niñas de la lechuga y el tomate, la manzana y los tomates, el tomate y los melones, las niñas hiperactivas porque están llenas de estimulantes y sustitutos, las niñas de narices más que inauguradas (porque de alguna parte hay que sacar combustible para tanto viaje y tanta mala noche).

Muchas de ellas empiezan quitándose el alimento por miedo a perder el empleo –porque la mafia les hace saber que hay una cola de calaveras esperando su turno– y terminan haciendo de la inapetencia un placer suicida y de los ruidos intestinales una señal de que todo anda bien.

La mafia maricueca las incita a conservar ese aspecto radiográfico porque sus diseños están hechos, precisamente, para mujeres idealizadas, niñas crónicas y espigadas que miran a la cámara como si de un pedófilo se tratara, niñas-niños que cultivan su ceñida ambigüedad prescindiendo de tetas, cualquier asomo de vientre y todo forro carnal sobre hombros o espalda.

Un par de kilos de más pueden significar el desempleo o la demostración de que no se tiene el carácter suficiente para mantenerse en el negocio. Y el negocio mueve billones de dólares, por lo que toda indisciplina se juzga como un agravio.

La anorexia es, entonces, una imposición laboral, primero, y una coartada para morirse, después. Pero para morirse en forma, con cara a lo Modigliani y aspecto de niña premenstrual. Para morirse bella, como una espiga doliente que pudo ser y que la moda interrumpió. La anorexia es un suicidio bañado en perfume, un frasco delicado hecho añicos, la negación de la carne trémula y el homenaje, con aspecto de huelga de hambre, al paganismo occidental de la imagen.

noviembre 17, 2006

No sólo Capone hizo famosa a Chicago

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:07 pm

(La Primera) No sólo Capone hizo famosa a Chicago

Ha muerto Milton Friedman y aquí hay huérfanos y viudas que lloran al padre, maestro y guía. Fue el dios de Ronald Reagan, el diosito de Margaret Thatcher.
Pinochet lo llamó en 1975 para que se hiciera cargo de implantar el liberalismo de las bayonetas que tan insertado quedó en Chile y tan inamovible resultó aun para los socialistas.

Ha muerto Milton Friedman. Fundó la Escuela de Chicago, que predicó desde los años 40 la desaparición de las regulaciones del Estado y el predominio absoluto del mercado como asignador de recursos. Su libro más cómico se llamó “Capitalismo y libertad”.

La Junta Militar presidida por Videla en Argentina también se declaró admiradora de Friedman, que había ganado el Premio Nobel de Economía en 1976 por sus contribuciones a la teoría monetarista.

El más friedmanista de los friedmanistas, aquí en el Perú, fueron Enrique Chirinos Soto, en los 60, y Carlos Boloña, en los 90. Friedmanistas también lo son Víctor Joy Way, Juan Carlos Hurtado Miller, Martha Chávez, Jorge Trelles y, por supuesto, Alberto Fujimori, para quien el Estado era un ente que sólo debía existir para ser saqueado, que es como la teoría de Friedman pero interpretada por Momón.

Con Friedman empezó la revolución del lenguaje, que ahora llama “flexibilización del mercado del trabajo” al derecho patronal de darte una patada en el trasero, “concesiones al pragmatismo” al abandono de todo principio ético y “globalización” a la dictadura de un modelo único de capitalismo salvaje.

A Friedman le debe muchísimo la pandilla latinoamericana de Carlitos Menem y Alberto Fujimori. Gracias a Friedman la venta maleva de lo que había costado tanto construir se llamó “privatización”, aunque el bien se lo llevara una empresa estatal extranjera. Y gracias a Friedman el Estado quedó tan desacreditado “en los círculos académicos” que fue fácil convertirlo en huachimán de las nuevas oligarquías, testaferras del capital transnacional en su mayor parte.

Friedman hizo posible que la derecha latinoamericana hallase una teoría que la librase de la culpa, si es que la culpa fuese posible en esa derecha que heredó las encomiendas ibéricas.

Porque a partir de Friedman los pobres fueron pobres porque les dio la gana y no porque no tuvieron oportunidades de no serlo y los ricos fueron ricos porque ese es el orden natural y la jerarquía intrínseca del tejido social: arriba y abajo, escasez y sobreabundancia, saciedad y hambre.

La palabra justicia no existe cuando del darwinismo social se trata. Lo natural, entonces, es que los pobres se jodan.Y que en vez de la CNN el canal de las noticias mundiales sea Animal Planet.

Friedman hizo por el establecimiento lo que Marx hizo para desestabilizar las sociedades. Marx pareció morir en la implosión del imperio soviético, su hijastro perverso y desfigurado.

Friedman vive en la sacralización del libre mercado, en la aceptada por todo el mundo globalización y en la afirmación, también general, de que los trabajadores son algo menos que la quinta rueda del coche fúnebre de la economía. Friedman ha ganado la batalla pero la guerra del largo plazo está por definirse.

Hacia una resistencia mundial

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 2:32 am

(La Primera) Hacia una resistencia mundial

Cuando una mayoría elige a un presidente de la República, ¿elige al que corta la jamonada o al que simula cortar la jamonada?

Si Alan García se atreviera a enfrentarse al poder de las corporaciones y a la vigilancia de las entidades que monitorean el modelo global impuesto –Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, la propia ONU, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, la Unión Europea, los bancos de inversión, las entidades que miden el riesgo país–, la economía peruana colapsaría en plazo breve.

Fugarían los capitales y las inversiones –lo que implicaría un ataque devastador sobre la moneda y la credibilidad financiera del país–, se eclipsarían la cooperación técnica, la asistencia crediticia, la compra de nuestros bonos, el otorgamiento de facilidades arancelarias aunque proviniesen de tratados ya en ejecución, se agotarían las reservas y sobrevendrían despidos masivos, huelgas patronales, represión, desorden, anarquía y golpe de Estado restaurador.

La cortina de hierro existe pero ahora protege al capitalismo salvaje. La inmutabilidad existe pero no como norma canónica sino como regla social.

A partir de 1970 la derecha mundial, con Washington a la cabeza, comprendió que si no capturaba los medios de comunicación y las universidades mundialmente hegemónicas no podría realizar su viejo sueño: convertir su extremismo reduccionista en fórmula global y levantar los muros de su fortaleza con las entidades de cobertura mundial que la segunda posguerra mundial creó para evitar crisis generales y mantener el ritmo de crecimiento en el mundo capitalista.

Fue así que el Banco Mundial o el FMI, hechos para la coerción más o menos discreta desde sus orígenes, se convirtieron en agentes del fascismo financiero a partir de los años 70 y la primera gran crisis de la deuda externa.

Y fue así como Estados Unidos entendió que si el tramado de entidades internacionales coincidía plenamente con el modelo a imponerse éste sería invencible a punta de carecer de alternativas reales.

Todas las alternativas de cambio en un solo país son retóricas, quejas más o menos grandilocuentes o agudas de un modelo que no conoce de rivales viables sino se plantea como fórmula de vocación universal.

Podrán clamar en Davos, gritar en Oaxaca, morirse en Bagdad, pero el modelo que hace felices a los Bush no cambiará mientras la izquierda no entienda que a una extorsión mundial sólo puede oponerse una resistencia internacional gigantesca.

O el capitalismo salvaje, y su soldadesca mediática, son derrotados en el escenario mundial o no habrá forma de salirse de este libreto grotesco que convierte a las huelgas en revitalizantes para el modelo y a las opiniones críticas en coartadas que el sistema se traga como engorde.

¿No entiende la izquierda peruana, por ejemplo, que Ollanta Humala no existe sin Evo Morales y sí, sin el propio Hugo Chávez, ejes de una temeridad que debería servir de ejemplo y no de púdico deslinde, deslinde que, además, exigen los que no tienen ninguna autoridad moral para exigir nada?

¿Es tan provinciana y tan legendariamente antitrotskista la izquierda peruana que no asimila que el alzamiento que merece el neoliberalismo –el único que podrá derrotarlo en el largo plazo– será mundial o no será?

¿Dónde están los profetas latinoamericanos de la Internacional del humanismo, de la Internacional de los trabajadores reajustados y flexibilizados hasta su laminación y su regreso a la tuberculosis?

¡Qué tragedia que no haya un Mariátegui gramsciano y plural, hospitalario con las disidencias y de timón férreo rumbo al horizonte, conduciendo la flota de los ofendidos! ¡Qué enorme la lucha que espera a los que no se habrán de resignar a que Texas sea una nueva Roma y la universidad de Chicago la nueva Atenas y el modelo laboral de las pirámides la inspiración de los ministros de Trabajo!

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