César Hildebrandt Blog

octubre 1, 2006

¿Qué celebramos, ah?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 11:06 pm

(La Primera) ¿Qué celebramos, ah?
Del periodismo se dicen muchas cosas y se escriben otras peores. Pero lo peor del periodismo suelen ser los periodistas que creen en la libertad de presión de sus patrones.

Y allí los ves, incapaces de pensar por cuenta propia, capaces de tergiversar la propia mirada con tal de no contrariar a los que subarrendaron su alma.

Son los más. Abren zanjas oscuras donde meten la mala hierba inmortal del periodismo: el chicheñó, la prescindencia de todo interés por la verdad y la justicia –hermanas siamesas–, el error de suponer que el periodismo es una carrera que debe transcurrir con la tranquilidad del funcionariado público.

Cuando examino a un colega le veo las cicatrices de la pelea. Si no las tiene, sospecho. Y si defiende al noticiero nocturno de su empresa –por más náuseabundo que éste resulte– sospecho más.

Y si está convencido, como los viejos de La Prensa de don Pedro Beltrán, que el periodista es sólo un escriba y que la empresa manda como Sucre mandaba en las batallas –o sea a punto de carajos–, entonces apago la tele y me pongo a leer.

Debo agradecer al periodismo de la tele, sobre todo, el que mis hábitos de lectura se hayan mantenido. Cada vez que me he asomado a sus estropicios, a su vulgaridad, a su superficialidad, he hecho click y vuelto a los libros como si de salvavidas se trataran.

Y apenas los he abierto de nuevo he sentido sangre cortical estableciendo conexiones, sangre viva restaurando el páramo que acababan de dejarme las estupideces jactanciosas oídas, sangre de jardinería neuronal.

No debería haber día del periodista. Debería haber un minuto de silencio cada semana por los colegas muertos en batallas o por los presos en regímenes de pensamiento único.

Y debería decretarse el silencio crónico para los Judas del periodismo, aquellos que se revolcaron con los Bressani y los Montesinos y luego salieron ilesos adulterando peritajes de alcoholemia, hojas de vida y presencia en el casting de Pinchi Pinchi Productions.

Son los más. Los que ven el periodismo sólo como un juego financiero y una palanca de poder para acceder a otras cosas. Son los que pueden vender tu cabeza a precios astronómicos y cobrarle, al mismo tiempo, a un minero fascista por el mismo desalojo.

Y allí están, tenaces como la mala hierba, dispuestos a gritarle a un Guerrero que se encargue, a una Jéssica que se calle, a un Álamo que se pode lo que de humanidad pueda aún brotarle.

¿Qué celebran los periodistas peruanos? No lo sé. Pero estoy seguro de que no celebran la crisis de lectoría. Tampoco festejarán los programas periodísticos de la tele. Como no habrán de ser los diarios chicha, que adquirieron las inmunidades de las cucarachas, los que se homenajeen.

¿Qué celebran? ¿Que la prensa se haga con practicantes salidos en mancha de universidades que no los preparan demasiado?

¿Que en Estados Unidos las audacias investigativas sean ahora excepción a la luz de las nueves leyes patrióticas?

¿Qué celebran los periodistas peruanos? ¿Que no tengamos un colegio de periodistas digno de llamarse así y que los salarios que se paguen en el gremio estén entre los más bajos de América Latina?

¿Celebramos que no haya Mores ni Mariáteguis, ni Clementes Palmas ni Tunantes, ni Vallejos de corresponsal, Ni Martines Adán como cronistas ni Valdemolares como provocadores?

¿O celebramos que Murdoch y Berlusconi sean dueños de millones de opiniones alimentadas con basura desde sus imperios de reaccionarios analfabetos?
Podríamos celebrar, con más razones, el día del plagio, el día del silencio impuesto, el día de la traición, el día en que me hice relacionista pública de la ministra de transportes (que eso era lo que quería), el día de la vaina, la tarde del jalón, la noche de la iguana.

El periodismo peruano se ha vladimizado. Tiene la verruga peruana pero pretende ignorarlo. Fujimori lo infectó, pero el fujimorismo, como atmósfera, sigue reinando entre nosotros.

Y, sin embargo, desenfocados, más allá de los anuentes, al costado de los rendidos, detrás de los bustos parlantes de la tele, hay un ejército de la resistencia que espera su oportunidad.

A ese ejército va mi admiración. Con ellos, y a pesar de las luminarias de luz tan precaria como prestada, el periodismo peruano rebrotará huyendo de sus actuales lodazales.

Sólo así podremos recordar, con igualdad de pares, a William Howard Russell, el periodista del londinense Times que creó la figura del corresponsal de guerra moderno, hizo cambiar con sus denuncias al ministro de la guerra, Aberdeen, y elevó a su periódico a cifras excepcionales de tiraje luego de la guerra de Crimea. Lo que significa que el conservadurismo también puede ser decente. No como el de aquí.

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12 comentarios »

  1. Toma mientras Chichi y toda esa sarta de lamebotas tales como; Higachi, Perez Luna, R.M. Palacios,Carreño y Fede. salazar, estos últimos tremendos vendidos fujimoristas, sin contar el periodismo de cloaca de la Carachama.. Ups.

    Comentario por eddy rodriguez garcia — octubre 5, 2006 @ 3:56 pm | Responder

  2. bueno el gran homenaje al padre del podrio periodismo insensato y pueril:el inilustre montesinos,que manejo los editoriales que hoy en sus propagandas de cumpleaños dicen ser independientes y todavia se agrupan en sociedades dizque para defender la libertad de prensa

    Comentario por eduardo — octubre 5, 2006 @ 8:37 pm | Responder

  3. Felíz Día César Hildebrandt, que sí es un SEÑOR PERIODISTA (así con mayúscula, para que no quepa la menor duda). Y aunque es agnóstico, como yo no lo soy, le pido a Dios y a la Virgen que lo bendigan, para poder seguir disfrutándolo por muchísimo tiempo más.

    Comentario por Rosario — octubre 6, 2006 @ 3:30 am | Responder

  4. Que pena en lo que se convirtió ‘Chichi’ V. Recuerdo cuando fumaba y entrevistaba. El tartamudeo se le subió a la cabeza y la transformó en algo que no se reconoce. Y Rosa Ma. defendiendo a capa y espada a Telefónica ante la estupefacción de su entrevistado. Y etcétera. Los ‘periodistas’ de esta extirpe, camada, generación o como se dignen en llamarse, deberían asociarse directamente con esos grupitos que los financian, dejarse de hipocresías, ¿para qué? total, hay que ganarse los frijoles, ‘estamos en una sociedad de mercado’: no existen programas de periodismo, son un espejismo formados por intereses en los cuales se mezclan lo mejor de los diarios chicha y verdades generales y archi-conocidas, con fuertes dosis de arreglo editorial, un detrás de cámara vladimizado (gracias por el adjetivo).

    Comentario por Alvar — octubre 6, 2006 @ 5:54 pm | Responder

  5. la verdad que, el día de Periodista se ha vuelto sólo y, repito, sólo en una fecha para albergar a la nostalgia y la melancolia. Como tu nos lo recuerdas de manera cotidiana en tus articulos, los periodistas, los de la tele y la prensa escrita han perdido las virtudes y los defectos del periodismo de hace 50 años, del buen periodismo de entonces. Pero, como estaba planeado por el neoliberalismo, el lavado y embrutecimineto a los cominicadores sólo es una de las primeras etapas del juego, del doble juego sanguinario y por tanto indolente, bastante “animal”, contra el mismo hombre. Pero ya sabes, pesimistas en la teoria y optimistas en la práctica. terminmo diciendole que,cada día,encuentro en su literatura más rabia(que comparto), más cojones, más aceleración en su sangre, bastante amor por la vida y, algo que no sólo los cominicadores han perdido sino la mayoria en el mundo, el respeto a su especie, claro, cuando se lo merecen.

    Comentario por jackson — octubre 8, 2006 @ 8:23 pm | Responder

  6. El periodismo peruano se ha vladimizado porque ha sido devorado por los íntereses empresariales y políticos, que en esencia en la mayoría de los casos, también son económicos. Con el periodismo como negocio no hay luz al final del tunel.

    Comentario por Jamis — octubre 14, 2006 @ 4:18 pm | Responder

  7. Muy buen articulo , Cesar. Te pasaste y tu estilo es fenomenal y punzante. sigue dandole duro a ese diario cochambroso y a sus directores porque se lo merecen.T en cuanto al dia de los periodistas un minuto de silencio.

    Comentario por alex leon — octubre 14, 2006 @ 5:15 pm | Responder

  8. lo admiro por su trayectoria y que Dios lo bendiga y si habria alguna noticia o temas de interes social no olvide por favor de enviar le estaria agradecida , atentamente una alumna de una institucion de aarequipa

    Comentario por maria celeste — noviembre 3, 2006 @ 8:37 pm | Responder

  9. FUNDAMENTO DE LA PAELLA
    A TODOS LOS QUE SE INTERESAREN POR LA GENUINA PAELLA VALENCIANA
    GASTRONOMIA VALENCIANA
    (Made in Spain)
    (Fragmentos)
    Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio, sin autorización escrita del autor Juan B. Viñals Cebriá. Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual, V.- 1-08-2007.
    Según podemos saber por medio de la documentada “Agencia Valenciana del Turisme”.-La gastronomía valenciana está basada históricamente en:- “Los diez libros de agricultura del famoso Columela, el Libro de Cocina del romano Apicio, las Etimologías de San Isidoro (siglo VIII), el Libro de Cocina Hispano- Magrebí. Traducido por Ambrosio Huici Miranda (siglo XIII), incluidos muchos párrafos metafóricos de la poesía arabito andalusí surgidos de la imaginación de Ben al Talla y Cafar Ben Hutman, entre otros literatos, además del libro Arte de Cozina del valenciano Diego Granado, cocinero de Felipe II, configuran un gigantesco antecedente cultural que de una forma directa o velada posee un fiel reflejo en muchos de los hábitos alimenticios de estas tierras”. Por mi parte decir, que mis meritos, o conocimientos gastronomicos, caso de poseerlos, son debido, a los continuados consejos y a las meritorias confidencias que en la década de los años sesenta, con tanta paciencia me revelara mi tía Maria, la hermana de mi madre, poseedora de la autentica “recepta” (receta) de la paella de la Parreta.
    ***
    La idea o FUNDAMENTO de la PAELLA VALENCIANA, tiene entre otras razones, dar ha conocer el origen de la genuina receta nacida en la loada alquería de la Parreta, que se encontraba situada en un luminoso lugar del septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia. Además proyecta encaminar para que este Fundamento sirva de guía y estricta observancia de cuales son las materias primas que se ajustan a la verdadera formula de la paella reina y señora de la gastronomía valenciana. Se le llama paella, no paellera, ni caldero, por que a sí lo decidieron con acierto los ricos huertanos, y los labradores valencianos; en todo caso, paellera es la mujer que cocina la paella. Como ocurrió con muchas de las recetas gastronómicas tradicionales, la paella surgió como un plato condimentado por las servidumbres para agasajar a sus señores, dueños de las acrisoladas alquerías consideradas autenticas mansiones rurales en el antiguo reino de Valencia. Los servidores o cocineros de los ricos huertanos, en las celebraciones más significativas, cocinaban la “paella sense mànec”, un recipiente que ahora los valencianos llamamos sencillamente paella. En principio, esta palabra designa el condimento y el recipiente; esa confusión de significado, provocó para deshacer la ambigüedad, la lógica aparición del término “paella sense mánec”. Fue en ese recipiente cóncavo donde germinó la deliciosa paella de la Parreta reina y señora de la gastronomía mediterránea.
    ***
    Expuestos cuales son nuestros verdaderos propósitos, nos referiremos brevemente, aunque solo sea para dejar constancia del anacronismo que supone para el cocinero purista las llamadas paellas mixtas, al igual que las otras, las que son un amasijo de demencias de ingredientes propios de cocineros inexpertos. Las multitudinarias, donde por medio de cadenas y plataformas de hierro se preparan un sinfín de raciones de paella. Y las llamadas “populares” que se condimentan con unos hierros triangulares en el suelo de las calles. Antonio Vergara, prestigioso gastrónomo valenciano, siempre tan oportuno, tiene escrito algo que viene muy apropósito.- “Cocinar cualquier cosa no debe entenderse una expresión despectiva; antes al contrario. Cocinar cualquier cosa quiere decir exactamente que los falleros le dan menos importancia al resultado de su atrevimiento culinario que al hecho social de que mucha gente coma del mismo caldero –independientemente de su bondad-, pues creen que una paella desastrosa, una fideuà ídem, un arròs amb fesols i naps, o unas chuletas a la brasa, valen en tanto en cuanto las personas se arraciman en torno a la lumbre callejera”. Por lo tanto todas las mencionadas irreverencias culinarias, nada tienen que ver con aquellas paellas que antaño se elaboraban con tanta solemnidad, ceremonial, y boato. Con el rigor histórico que merece tan preciado manjar, la paella valenciana nació, en principio, para solemnizar los grandes acontecimientos de índole santoral, o familiar de los señores huertanos, después de la mano de la burguesía capitalina, se integró en los círculos artísticos y culturales de Alicante, Castellón y Valencia. Por aquellos mismos tiempos los dueños de tan magnas alquerías y predios, seguían siendo en su mayoría los herederos de aquellos caballeros que formaron las mesnadas que acompañaron al rey Don Jaime I, durante la reconquista del antiguo Reino de Valencia. Esos mismos poderosos huertanos asumían plenamente el célebre consejo del ensalzado Brillat-Savarin. Siglo XVIII-XIX, el no va más del refinamiento, autor de “Fisiología del Gusto o Meditaciones de Gastronomía Trascendente”: su máxima: “Convidar a una persona es encargarse de su bienestar durante todo el tiempo que esté en nuestra casa.”
    ***
    La difusión de este tan exquisito plato entre los más exigentes del mundo de la gastronomía, lo haremos entrando con la paella condimentada con la ortodoxa receta de la Parreta, y por lo tanto nos incorporaremos con buena salud para llegar hasta el gusto y fomentar así la cultura gastronomica a través de este plato tan singular. Acompañando a la dieta mediterránea daremos a conocer en todo el mundo, el plato más universal de la Comunidad Valenciana.
    El nacimiento de tan singular condimento, lo debemos de situar en el siglo XVIII, data que nos la viene a confirmar la crónica del Doctor Don Gregorio Marañón, hombre justo, humanista y liberal, considerado como uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX. Además de su erudición, destacó por su elegante estilo literario. En la década de los años cincuenta, dejaba escrito este interesante parágrafo, que sirve como veraz confirmación de la partida de nacimiento, de tan exquisito plato, ya que don Gregorio, que nunca escribía a humos de paja, nos deja constancia que la paella era la comida con que se agasajaba a la nobleza, y era por lo tanto, el rico manjar, con que eran obsequiados los más ilustres visitantes del viejo Reino de Valencia.-
    “En todas las tierras valencianas reina, con rutilante y variada gloria, la paella. Maravillosa es la valenciana. Nadie puede poner reparos a su calidad, que se mantiene sin desmayos a través de los siglos: desde los días en que un embajador de Luís XIV (1638-1715), sabio en todas las artes culinarias, moría, empero, a los tres días de desembarcar, ahíto de paella valenciana, hasta nuestros horas de hoy, en que uno de los grandes cirujanos de América me confió que por una paella como la que acababa de degustar en Valencia cambiaria todo el Museo del Prado (…)”.
    Para subrayar el boato que rodeaba la elaboración de esta delicia gastronómica, baste recordar, que en pleno siglo dieciochesco, las paellas se condimentaban en artísticas cocinas recubiertas con primorosos azulejos. Otra muestra de la importancia que concedía la nobleza capitalina y la huertana a la gastronomía autóctona en esa centuria, nos lo prueban las señoriales cocinas todas ellas de gran belleza, decoradas artísticamente con policromados azulejos procedentes de entre otros lugares de la ciudad de Alcora, donde se encuentra la Real Fábrica de Loza y Porcelana que fundó en 1727 el Conde de Aranda en esta ciudad castellonense; o bien de la no menos famosa cerámica originaria de Manises, Onda, o Paterna: azulejos fabricados diestramente con pigmentos y polvo de vidrio sobre arcilla, repletas de escenas culinarias, y ornamentos religiosos donde sus paneles representaban por lo general personajes con vestimentas de aquellos siglos. Estas vistosísimas cocinas exhibían en sus artísticos azulejos un amplio muestrario de utensilios típicos propios usados en las mismas. En el Museo Nacional de Cerámica “González Martí” (Palacio del Marqués de Dos Aguas), Valencia, en el segundo piso se ha reconstituido una de esas artísticas cocinas valencianas, igualmente se exhibe otra cocina basada del siglo XVIII valenciano, ha sido reconstruida en su totalidad en el Museo de Artes Decorativas en Madrid. En parecida cocina es donde germinó la paella en la alquería de la Parreta. Posteriormente en otras más modestas para condimentarla se adaptaron “els ferros” o trébedes, aro, o triángulo de hierro, que es con lo que ahora se condimentan toda clase de paellas. Más modernamente se utilizan los nuevos aparatos (difusores) de gas.
    ***
    Ingredientes naturales, únicos e inalterables, arroz, aceite de oliva virgen, pollo, conejo, ferraura o judía verde ancha, garrafón, judía o tavella, tomate natural, pimentón rojo dulce molido, azafrán de hebras, agua, infusión de romero.
    PAELLA DE LA PARRETA O PAELLA VALENCIANA
    ESTRICTOS Y EXACTOS INGREDIENTES
    (Para 4 personas):
    300 gr. Arroz Bomba, Senia, o Bahia.
    600 gr. de Pollo
    500 gr. de Conejo
    250 gr. de Bajoca (judía verde ancha)
    200 gr. de Garrofó (judía blanca ancha)
    100 gr. de Tavella (judía blanca)
    100 gr. de Tomate natural
    100CC.de Aceite de oliva virgen
    Azafrán hebras
    Sal
    Pimentón colorado dulce
    Agua.
    Infusión de Romero. (No coloquen tal cual la rama de romero en la paella, hace vulgar y, sus briznas desagradan al buen gourmet).
    ***
    Todo lo tendremos apunto y limpio, excepto el arroz que no se enjuaga. Aparte tendremos el agua templada con infusión de romero, sustituto natural de los caracoles. Los arroces de entre todas clases, el grano de tamaño medio es el más recomendado para la elaboración de la paella de la Parreta.
    1. -Colocaremos la paella bien estabilizada es decir que siente bien sobre las trébedes, o mecanismo de gas, esta función es fundamental para que luego quede bien distribuido el arroz y hierba de igual manera por todo el recipiente. Como medida preventiva espolvorearemos sal, por el borde exterior para evitar que se nos pueda quemar el receptáculo.
    2.-Rociaremos el aceite en frío para que este “moje” solo el centro de la paella, de esa manera se demuestra que el recipiente se encuentra bien nivelado, y que la cantidad del aceite es la debida.
    3.-Se enciende el fuego, se calienta el aceite (fuego lento), se extiende el aceite. Cuando empieza a humear, pondremos la sal, y lo removeremos con rapidez para que quede mezclados el aceite y la sal, esta operación es muy importante para que después cuando pongamos a sofreír no salpique.
    4. – Con fuego lento, pondremos en la paella la carne de pollo y conejo troceado ligeramente salados (trozos no grades), para que estos absorban el sabor del aceite y de la sal, hasta que queden dorados (procurando comenzar por la parte de la piel), las carnes estarán siempre a la vista pero nunca secas. La carne es uno de los alimentos que le da el sabor, pero quien después proporciona las delicias al paladar son el arroz y las verduras.
    5. -Si cuando sofreímos las carnes las llamas del fuego nos parecen excesivas rebajaremos la intensidad del fuego (Podemos espolvorear con sal los espacios libres del fondo de la paella. La importancia de que toda la carne esté convenientemente dorada, dependerá mucho en el sabor final tanto de los granos del arroz como las verduras.
    6. –Se aparta las carnes a los lados de la paella (con menos fuego) y en el centro se verterá todo el contenido de verduras (judías verdes anchas, el garrofó y la tabella). Se sofreirá bien las verduras dándoles vueltas constantemente (tres, a seis minutos,)
    7.-Nuevamente haremos un hueco en el centro de la paella y añadiremos el tomate natural, bien fraccionado (nada de turmix). El tomate originario de Méjico, empieza a usarse en la paella valenciana, en salsas y otras clases de aderezos en el s.XVIII. Removeremos el tomate insistentemente con la paleta para que quede bien frito y el arroz no quede después blando.
    8.- Añadiremos dos cucharadas de pimentón colorado dulce, que se revolverá (durante un minuto) para evitar que se apiñe, o que se nos pueda quemar o apelotonar, por lo cual resultaría de un gusto desagradable.
    9.-Añadiremos rápidamente agua templada hasta alcanzar el caldo próximo al borde mismo de la paella. Previamente habremos vertido la infusión de romero (Deshacemos un mito ancestral, por todas las pruebas realizadas estamos en condiciones de asegurar que toda el agua potable es buena para condimentar la paella).
    10.-Pondremos las hebras de azafrán que deben secarse, no tostarse, le dará grato color y sabor.
    11. Dejáramos hervir aproximadamente entre treinta y cinco y cuarenta y cinco minutos más o menos para que queden adsorbidos los delicados sabores por el arroz y las verduras.
    12.- Levantada la ebullición, continuar hirviendo pero a fuego lento para que continúen empapándose de todos los sabores naturales.
    13-. Cuando nuevamente hierva el agua, su medida exacta es alcanzar los remaches posteriores de las asas. Si el caldo ha bajado de los niveles recomendados, puede añadirse un poco más de agua.
    14.- Es ahora un buen momento para probar el caldo y ver si hace falta añadir sal. El caldo lo debemos de encontrar gustoso. Ligerísimamente salado, ya que el arroz durante la cocción, absorberá parte de la sal.
    15.- Mojar nuevamente (caldo), hasta los remaches de las asas del recipiente.
    16. Los arroces de entre todos los tipos, el grano de tamaño medio es el más recomendable para cocinar la paella valenciana. Este arroz cuece en un tiempo suficiente y apropiado para armonizar con los sabores de las materias primas sin excesos, en una justa medida. -Poner el arroz, lo pondremos formando un caballón que ocupará el diámetro de la paella, hemos de procurar que sobresalga el arroz ligeramente por encima del caldo; se distribuye rápidamente el arroz por todo el recipiente, terminado de realizarlo, no se volverá a remover.
    17. El mencionado caballón (saliente) es una manera sencilla de acertar la cantidad de arroz para cualquier tamaño de paella. Debemos de procurar que no queden granos de arroz sobre la carne o la verdura sin estar sumergidos en el caldo, se mantendrá de 6, a 8, minutos. El fuego en esos momentos será muy vivo, seguidamente se rebajara su intensidad hasta que el arroz lo encontremos cocido.
    18. En estos momentos el caldo quedará reducido a menos de la mitad. Como medida preventiva tendremos siempre agua a parte (templada), por si acaso nos vemos obligados añadir.
    19. El arroz nos quedará listo, entre veinte, y veinticinco minutos.
    20. El arroz no debe quedar caldoso. Si se agarra ligeramente en el fondo de la paella, se le llama “socarrat”, este arroz, según en opinión de algunos comensales es el que tiene mejor sabor (cuestión discutible). Tanto si el arroz nos parece que está casi cocido pero todavía nos queda mucho caldo, o por si al contrario el arroz continua estando duro bajaremos la intensidad del fuego y a fuego lento lo mantendremos hasta que nos quede evaporado el caldo.
    21. Si los granos de arriba, los encontráramos resecos por perder antes el agua que los recubría, los terminaremos de hacer, dejándolos reposar en lugar a ser posible húmedo.
    Nota.- En la antigüedad se retiraba del fuego la paella y se colocaba a reposo sobre el círculo del suelo arenoso cercano al pozo.
    En el Fundamento de la paella de la Parreta, no se acepta en su elaboración el empleo de la palabra truco por posible concomitancia con engaño, pues todas las materias primas que se emplean para su elaboración, serán naturales e impolutas. Por el origen de esta comida, su elaboración solo admite la consideración de arte efímero.
    Mi tía, la hermana de mi madre, la persona que conocía todos los secretos de la receta, me dijo esto para mí, tan trascendental.- “Que esta fórmula nació como todo plato regional: de la conjunción de los alimentos que proporcionaba la mencionada alquería: Arroz, guisantes, tomates, pollos y conejos que se criaban en este predio, así como una amplia variedad de judías verdes. Para completar la suculencia de este guiso se procuraba el aceite de oliva, característico de esta hondonada mediterránea”.
    Nota.- La Parreta fue galardonada con el titulo y la medalla del Centenario de la Cámara de Comercio de Valencia (1886-1986).
    Disponen de mi autorización, para que puedan mostrar, comentar, etc., estos fragmentos.
    Atentamente.
    Fdo.- Juan Bautista Viñals Cebriá.

    Comentario por Marjaler. — marzo 13, 2008 @ 9:47 pm | Responder

  10. Métete tu paella por el culo imbécil. esa huevada da ganas de vomitar. Acá en Perú tenemos comidas exquisitas como para interesarnos la cojudez esa. Vete a a otro blog de cocina atorrante.

    Comentario por Juanjo — marzo 15, 2008 @ 12:34 am | Responder

  11. de que habla este valenciano hijo de mi re putas???

    Comentario por Emilio — marzo 21, 2008 @ 8:37 pm | Responder

  12. PERIODISTAS:

    SON DELINCUENTES ENMASCARADOS DE PERIODISTAS, USAN LA LIBERTAD DE EXPRESION COMO LA LIBERTAD DE EXTORSION Y CHANTAJE, EN CIUDADES PEQUEÑAS SON LUMPENES QUE UTILIZAN LA TV Y LA RADIO, COMO MEDIOS PARA EL CHANTAJE Y EXTORSION, SIN NINGUNA VERGUENZA Y CON EL MAYOR DESCARO CALUMNIAN, FALSEAN LA VERDAD, TERGIVERSAN LA REALIDAD A PROPIA CONVENIENCIA, CONVERTIDOS EN BOCINGLEROS DE ALQUILER.
    ASI ES UN PERIODISTA.
    !!!FELIZ DIA DEL PERIODISTA!!!!

    Comentario por RAMON FERREYROS — mayo 20, 2008 @ 1:53 am | Responder


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