César Hildebrandt Blog

octubre 25, 2006

No más en La Primera

Filed under: Anuncios — cesarhildebrandt @ 9:01 pm

¿Comentarios?

octubre 24, 2006

Lo público y lo privado

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 2:59 pm

(La Primera) Lo público y lo privado
Un experto en lenguaje gallináceo ha descubierto que a una cierta hora de la tarde, una hora que coincide con el cierre de las ediciones de ciertos diarios y de ciertos programas de la noche, dichas aves domésticas lanzan un largo cacareo que, debidamente descodificado, quiere decir algo parecido a esto:

“Ese tema pertenece a la esfera privada del señor Presidente de la República. Hacen muy mal los periodistas que se meten con la vida privada del señor Presidente de la República”.

Dice el experto que ese casi discurso emplumado está nítido en la columna de ayer lunes de un director de periódico y en algunas opiniones suscritas por distinguidas coleguitas ponedoras.

–Lo que pasa con esas comunicadoras es que están pisadas por el poder de la discreción –me ha dicho el experto. –Es el poder de la pluma pero mal entendido –ha añadido.

Tanto han cacareado algunos sobre lo público y lo privado, que hasta el doctor García Pérez ha tenido que salir para decir que un presidente de la República no tiene vida privada y reconocer que sí, que tiene un niñito de un año y nueve meses y que el vástago se llama como aquí lo nombramos y es hijo de quien aquí destacamos como una notable investigadora de la economía.

Por supuesto que el doctor García Pérez ha incurrido en nuevas y más hondas mentiras –porque ese es el destino de la mitomanía como maldición– pero no es el caso referirnos a ellas por ahora.

Sólo podemos decir que el semanario Caretas estaría preparando una foto exclusiva del último –¿será el último?– heredero del doctor García para ponerla en una carátula que calme el morbo noticioso y la sed iconográfica del caso. Felicitaciones sinceras a mi amigo Zileri por la primicia, en caso de concretarse.

La pregunta que, con cierta vergüenza gremial, hay que formularse es esta: ¿Por qué la prensa peruana será, por lo general, tan agachada?

La respuesta parece simple pero roza complejidades sociales y éticas. La prensa peruana es, por lo general, tan agachada porque no la hacen los periodistas sino los patronos, que utilizan páginas, ondas y cámaras para obtener beneficios mercantilistas en sus negocios paralelos –algunos de los cuales son bastante turbios–.

Gente que viene de vender empresas públicas a precio mafioso en Cepris de antifaz y diligencia, ¿cómo es que va a ejercer un periodismo audaz? Y como no puede hacerlo, insulta a quienes sí podemos a través de sus sicarios del word office.

Gente que viene de crear encuestadoras golpistas que operan en Bolivia con la anuencia de la embajada americana, ¿qué autoridad moral tienen para decirnos qué es público y qué es privado?

Gente que estuvo debajo o encima de la cama durante la francachela de Fujimori, ¿por qué diablos debería meter su cuchara (su cucharita) en una discusión entre periodistas decentes?

¡Y encima les salió el tiro por la culata! ¡Y encima tiene que salir el doctor García Pérez a decirles: “No me defiendan, compadres”! ¡Qué vergüenza!

¿Así que sí era relevante lo de Zaraí pero no lo del hijo hasta ayer escondido del doctor García?

¿Así que sí era relevante lo jamás probado de Lady Bardales pero no lo era lo de la señora honorable que dio a luz a Federico Danton?

¡Qué miseria moral la que vivimos!
¿Cómo no va a ser de interés público que un presidente reconozca que tiene un hijo que no es de su esposa, con la que se luce siempre amoroso, dichosamente monógamo, tan soldado a ella como la imagen del búfalo Pacheco a la historia del Apra?

¿Es que en esta sociedad de las apariencias la simulación es un capital y la máscara una virtud? ¿Somos una Venecia hecha por Sedapal y tenemos al Dux que merecemos? ¿O es que sólo tenemos la prensa que merecemos?

¿Cómo no va a ser de interés público que un presidente con antecedentes de una administración hipercorrupta admita dulcemente, aunque por presión de la prensa, que tiene un hijo que usa pañales “al que proveerá de todo lo que sea necesario”?

¿Cómo no va a ser de interés público saber que un presidente que carga, amoratado, el anda del Señor de los Milagros es también coherente con sus principios repentinamente católicos, ardorosamente apostólicos y definitivamente romanos?

¿No coincide la confesión de ayer, tardía pero bienvenida, con sus besos al anillo cardenalicio y esa cristiandad que parece hacerlo levitar con la mirada en blanco?

Los escribas resignados gozaron mucho con el habano de Mónica Lewinsky, pero,claro, eso no los ponía en peligro aquí, en los puestos que sólo abandonarán hasta exhalar su último suspiro limeño.

Cuando Mitterrand, siendo presidente de Francia, hubo de reconocer la existencia de su hija, descubierta por la revista Paris Match, no salió nadie de la prensa francesa a reprocharle al director de esa revista que había violado el pacto de encubrimiento que blindaba a los presidentes de la quinta República.

Al contrario, a partir de eso a nadie se le ocurre en Francia que los hombres públicos tienen un estatuto especial respecto del que, por ley, disfrutan los franceses de a pie.

Aquí no. Como la mayoría procede de una cierta y diversa esclavitud, del alma doblada en posgrados sucesivos y del himno nacional contradicho todas las tardes –a la hora del cierre–, meterse con “la vida privada” del presidente te cuesta insultos y desplantes.

Los hijos impulsan a grandes tareas –y a veces a grandes temeridades–. Pero merecen siempre el amor incondicional de los buenos padres. Cuentan que Temístocles, el famoso general ateniense, le dijo una vez a su hijo que era él, el infante, el ser más poderoso de Grecia. Al preguntar el niño por qué, Temístocles respondió:

–Porque los atenienses dominan a toda Grecia, yo gobierno a los atenienses, tu madre me gobierna a mí y tú gobiernas a tu madre. ¡Qué ternura!

octubre 22, 2006

Sobre la rubéola y las mentiras

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 5:49 pm

(La Primera) Sobre la rubéola y las mentiras

Sale un papelote y defiende la campaña contra la rubéola, que cuesta 22 millones de dólares sin licitación ni concurso público.

Y con ese papelote salen los papelitos, los papelones y los picapica neuronales a decir lo mismo: que el ministro Vallejos, al revés que el ministro de Salud del célebre poema vallejiano, sí sabe lo que tiene que hacer, tiene razón y es un portento de la honestidad.

Pero el papelote y sus colas gaseosas de cometa no le dicen al público lo siguiente y que es lo único que importa:

1) Que la vacuna contra la rubéola no era prioritaria ni mucho menos, porque hay situaciones de salud verdaderamente urgentes: la bartonellosis resurrecta, la tuberculosis invencible, el dengue recurrente, etcétera;

2) Que el Ministerio de Salud simuló maliciosamente una urgencia que no existía para hacer uso del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de Salud, que se destina a afrontar epidemias y que por eso está exento de todo trámite de licitación;

3) Que la ministra de Salud toledista, la doctora Mazzetti, usó siempre ese fondo de un modo igualmente sospechoso, convirtiéndolo todo en apuro presupuestal; y que el 80 por ciento de sus compras las hizo ante el mismo proveedor: Serum Institute of India Lmtd., la empresa que también nos ha vendido los 22 millones de dólares en vacunas contra la rubéola.

Su extraño nombramiento como ministra del Interior se entiende, en algunos círculos médicos, como un premio a su tarea y como una garantía de operaciones conjuntas en el futuro, además de como una deferencia del doctor García hacia una amiga a quien conoció cuando ésta hizo una especialidad de neurología de dos años –de 1991 a 1993– en París;

4) Que en febrero de 2006 la doctora Mazzetti dejó lista la compra de dicha vacuna, pero que sólo en este gobierno, con Vallejos de ministro, esa compra se consumó;

5) Que en todas las compras a la empresa Serum Institute –todas: las de ayer con Toledo y las de hoy con García– el intermediario ha sido el mismo agente: la empresa Eske Group SRL, único distribuidor en el Perú de Serum Institute, con número de RUC 20424721400 y cuyo rubro comercial aparece como Droguería Eske SRL, jirón Víctor Mantilla 237, Surquillo: inicio de operaciones, 8 de Abril de 1999;

6) Que el presidente del directorio de Droguería Eske SRL, pomposamente denominada con el alias cosmopolita de Eske Group, ha sido y es el médico aprista, y amigo personalísimo del doctor Alan García, Hugo Díaz Lozano, pediatra y tan aprista que en el año 2001 candidateó como aspirante del Apra al Congreso colocado en el puesto 89; tan aprista que Droguería Eske SRL ha sido el proveedor también exclusivo de las Boticas del Pueblo, ocurrencia social y electoral del doctor Alan García;

7) Que la vacuna que Eske Group nos ha vendido no sólo es contra la rubéola sino contra el sarampión y que de esta cobertura no se dice una sola palabra porque las contraindicaciones vinculadas a este aspecto son varias y severas. Y que habiendo en el mercado posibilidades de obtener vacunas específicas en contra de la rubéola se prefirió comprar, sin licitación, la versión doble de la empresa india. Y ello porque esta empresa no produce sino vacunas de doble o triple acción;

8) Que se está administrando inconsultamente a mujeres gestantes la vacuna contra la rubéola y el sarampión, sabiendo de los peligros que esto puede acarrear y exigiendo a los centros médicos de salud un monitoreo discreto, e ignorado por las pacientes, en relación a las posibles consecuencias que esta vacunación puede tener para los neonatos, consecuencias que van desde la retinitis pigmentosa hasta la minusvalía mental;

9) Que el ministro de Salud miente cuando dice, urgido por las circunstancias, que los 22 millones de dólares gastados se compensan con los 320 millones de dólares que nos estamos ahorrando los peruanos al evitar una epidemia de rubéola que podría incluir unos 6,000 casos.

Dicha cifra acaba de ser inventada por el doctor Vallejos porque las estadísticas de su propio ministerio señalan que en los últimos cinco años sólo se han producido 5,000 casos, todos ellos aislados, ninguno con carácter de epidémico y ninguno letal. Lo que no dice el doctor Vallejos es que es un crimen no decirle a las gestantes que están siendo inoculadas con una vacuna que puede ser de alto riesgo para sus hijos;

10) Que la Sociedad Médica Peruana ha tratado de difundir un comunicado que advierte a la opinión de los riesgos que la vacuna en cuestión tiene para las mujeres gestantes, las personas alérgicas al huevo o a la neomicina, los pacientes tratados con corticoides, los inmunodeprimidos por diversas causas o lo que han recibido dosis altas de inmunoglobulina en los últimos meses;

11) Que la misma empresa Serum Institute of India, con sede en Hadapsar, coloca en cada vacuna esta advertencia: “Pacientes propensos pueden sufrir, en casos muy raros, choques anafilácticos. Tenga a mano, para tales emergencias, inyecciones intramusculares con adrenalina: 1:1000”;

12)  Que la vacuna es tan polémica, por contener también el virus atenuado del sarampión, que en la literatura médica que la acompaña puede leerse lo siguiente, corroborando de modo concluyente todas las aprehensiones clínicas reseñadas en esta columna: “La vacuna no debe administrarse durante estados febriles o embarazos, en casos de enfermedades infecciosas agudas, anemia aguda, deterioro de la función renal y descompensación cardiaca.

Tampoco debe aplicarse a personas alérgicas a cualquiera de los componentes de la fórmula”. ¡Y esto no se le está diciendo a la gente ni se está admitiendo ante la prensa! ¿Qué clase de farsante nos habla en la boca de la autoridad? ¿Qué clase de negocio es el que hemos descubierto? ¿Qué clase de quinquenio es el que tendremos?

P.D. Confirmo todo lo dicho en mi columna del viernes último. Todo es verdad. Lo de la vacuna y lo demás. El diario Correo trató de aporrearme, como siempre, convocando a una encuesta en la red:

“¿Cree usted que la prensa debe publicar aspectos privados de la vida del presidente Alan García?” Para sorpresa de Aldito Mariátegui, hasta las 6 p.m. las respuestas eran estas: 61% opinó que sí y 39% dijo que no. Tatatán. Y por último: me parece muy bien que LA PRIMERA diga lo obvio: que nada tiene que ver con esta columna.

octubre 21, 2006

Ríos de tinta y veneno

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:01 pm

(La Primera) Ríos de tinta y veneno
Pluspetrol no odia al río Corrientes. No lo odia pero le echa bario, cadmio, plomo, benceno, mercurio, arsénico, todo revuelto en una cazuela de aguas de formación que están a 80 grados centígrados de temperatura y que, en vez de ser reinyectadas como mandan los estándares internacionales, son lanzadas al río a un promedio de un millón trescientos mil galones por día.

Es decir, todos los días y a toda hora las sentinas inmundas de Pluspetrol chorrean su carga sobre las aguas que daban de comer a ocho mil indios de la etnia achuar.

Esas aguas, examinadas por las autoridades de Osinerg y de Digesa, arrojan resultados que las hacen imbebibles y tóxicas para los tercos peces que las respiran.

Esos peces, que los achuar se ven obligados a comer, son el pasaporte del plomo, bario y cadmio que, en cifras anormales, registran los hemogramas de los nativos.

Y ahora Pluspetrol, que hace aquí lo que Kirchner no le permitiría hacer en Argentina, dice que no la dejan trabajar y el señor García –oh padre, entre otras criaturas, de la socialdemocracia con sabor a nada– añade que hay oenegés que están haciendo arder la zona donde Pluspetrol extrae petróleo “y que no parecen representar los intereses del Perú”.

Vaya. Es evidente que el Perú oficial no considera a los achuar parte de su mapa ni de su entraña. Pero resulta claro, también, que los achuar siguen creyendo que el Perú es su país y que habrá de protegerlos como un padre hace con sus hijos, por más lejos que estén.

Por eso protestan los achuar desde hace cuarenta años. Porque lo que hace hoy Pluspetrol lo hicieron Petroperú y Occidental, sus antecesoras en los lotes B y 1AB de la región Loreto, en las proximidades de la frontera con Ecuador.

La producción actual de Pluspetrol es de 50,000 barriles diarios de crudo semipesado, cifra importante dado el precio actual de los hidrocarburos, pero no más importante que la vida de toda una etnia envenenada durante cuarenta años.

¿Cuánto vale una vida achuar? Para el Estado, vitalicio cómplice de las petroleras, muy poco. Tan poco que, a pesar de las evidencias reactualizadas por los análisis de sangre realizados este año, el Ministerio de Energía y Minas ha logrado “arrancarle” a la empresa argentina la promesa de que para el 2009 –sí, el 2009– habrá en la zona una planta de reinyección de las aguas de formación.

Y esto que el primer acuerdo entre el gobierno y Pluspetrol fue que para el 2009 sólo el 15% del caldo contaminante iba a ser tratado y que el 85% restante continuaría yendo al río Corrientes. Sólo el coraje de los achuar logró torcerle el brazo a la empresa.

Hace unos días el diario oficial El Peruano publicó, como acuerdos formales, una serie de entendimientos que los achuar no reconocieron como los que se firmaron en un acta suscrita entre sus dirigentes y los ministros de Salud y Energía y Minas.

En esos acuerdos se hablaba de una inversión de once millones de soles –sin cronograma ni precisiones– para mejoras medioambientales que no se especificaban. Era una burla más, la enésima de estos largos años de indiferencia.   Así que los achuares tomaron, con Andrés Chambi Huarín a la cabeza, las instalaciones. Lo hicieron sin disparar ni flechas ni tiros.

Fue entonces que Pluspetrol movilizó a su tropa mediática: el propio ministro de Energía, el inamovible César Sarasara, presidente de la Confederación de Nacionalidades de la Amazonía Peruana (CONAP) y dirigentes surtidos de la infiltradísima Federación de Pueblos Indígenas del Bajo Corrientes, que, sin embargo, tuvieron que admitir que el grado de contaminación del río era inadmisible.

Esta última lanzó al día siguiente de la visita de sus dirigentes al campamento de Pluspetrol un comunicado en el que acusaba al líder correntino Andrés Chambi y a las ONG Racimos de Ungurahui, Alianza del Clima y WWF “de incitar a las comunidades a rechazar la inversión privada en el país”.

A esta prédica se sumó de inmediato el presidente Alan García, convertido por un instante en portavoz de Pluspetrol y de sus intereses.

Los achuar están hartos de morirse lentamente. Están hasta la coronilla de esa cosa que se llama gobierno y que está lejos y de esa cosa que se llama Pluspetrol y que está cerca y de esos ministros que vienen y se van con cámaras de TV y reporteras que a veces se compadecen y les dan 30 segundos para que giman en el noticiero de la noche.

Están hartos de que la civilización que los desprecia sea un torrente de mierda hidrocarbonífera que va a la vena del río que era su vida y que el Estado que los declaró inexistentes llegue siempre en helicóptero y con guardaespaldas. Ellos eran –no lo olvidemos– los amos natatorios de ese paraíso.

octubre 20, 2006

¿Setenta millones de soles en vacunas que no son imprescindibles compradas a un pediatra aprista?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 11:23 pm

(La Primera) ¿Setenta millones de soles en vacunas que no son imprescindibles compradas a un pediatra aprista?

Dice el doctor Alan García que quieren parar al Perú las ONG que cuidan el medioambiente (“porque parecen estar trabajando para otros países”) y “los que tienen desaliento y depresión” (“porque quieren infundirnos su pesimismo”).

En cuanto a las ONG que cuidan el medioambiente depredado por las mineras y sus socavones, que se defiendan solas. En cuanto al segundo punto, como se dice en el Congreso, la verdad es que yo me he sentido aludido como si de un cruzado al mentón se tratara.

Porque, en efecto, me causa desaliento y depresión que Alan García nos vuelva a gobernar y porque siempre he creído que el pesimismo es una manera de estar al día en los asuntos de la cosa pública, o sea, como dicen los expertos, que el pesimismo es una variable de la información.

Por ejemplo, me deprime que el niñito Federico Danton García Cheesman esté allí, con su añito y diez meses de edad, poco menos que escondido cuando debiera, como los hijos de cualquier príncipe, iluminarnos con su realeza y sus gracias.

También me deprime que la señora Elizabeth Roxanne Cheesman Rajkovic, tan guapa ella, esté archivada por decreto cuando debiera animarnos con su inteligencia desde algún programa social alternativo, que eso es lo que se hace cuando hay justicia en la gran familia.

Porque ella es una economista que podría aportar al debate público. Al fin y al cabo ya lo hizo en 1986, con su precoz ensayo, publicado por el Instituto de Estudios Peruanos, en torno a las políticas de reactivación demandadas por la megacrisis de 1930.

También me desalienta que el señor García gaste 22 millones de dólares en comprar vacuna para la rubéola y se la compre a Esque Group, una empresa que abastece a las Farmacias del Pueblo –que son del Apra– y cuyo presidente del directorio es el pediatra aprista Hugo Díaz Lozano, médico del niñito Federico Danton García, amiguísimo del doctor Alan García y sabedor de que la rubéola no es ninguna amenaza en el Perú. Veamos los datos del Ministerio de Salud: en los últimos cinco años se han presentado en el país 5,200 casos de rubéola, ninguno de ellos mortal.

Y en lo que va del año, según datos del doctor Herbert Cuba, sólo ha habido 300 casos de rubéola a nivel nacional. ¿Gastar 22 millones de dólares, más de setenta millones de soles, en prevenir lo que ya está descartado como reincidencia en un país donde hay hospitales públicos a los que les falta gasa y guantes de goma?

¿Qué pasa, doctor García? ¿Volvemos al asunto de las comisiones? O sea, ¿nombramos una comisión para que investigue este disparate que huele mal?
Ahora bien, que el desaliento y la depresión visiten de vez en cuando a quienes miramos al doctor García con desconfianza no quiere decir que aspiremos a “parar el país”.

Al Perú no lo para nadie en su carrera hacia la amnesia endémica, la criollada como norma, las compras sin licitación, las coimas que saldrán por el caño y el desagüe, los caricaturistas que cobran por lo bajo y los matones congresales que anuncian su boda con sus pares del fujimorismo nipón.

¿Quiénes somos nosotros para parar al Perú en ese galope hacia la tierra prometida de Robocop, la cueva prometida de Alí y los lares de Caco? No somos nadie. ¿Acaso tenemos el poder de la Chichi, que nos distrae cada noche, o de Álvarez Rodrich, que nos entretiene todo el día?

¿O el poder de Hernando de Soto, que les dijo a los corresponsales extranjeros que era el Zinedine Zidane en el equipo peruano que “negocia” (de hinojos) el TLC con Bush y Cía?

Ni siquiera podemos hacer algo por el niñito aquel al que el futuro, siempre diferente, espera con esa cucharilla de plata que su papi tan arduamente ha conseguido.

octubre 19, 2006

Librerías vacías

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 5:18 pm

(La Primera) Librerías vacías

La lectura está desacreditada. Las librerías son antros donde se pasean unos tipos raros que ojean lo que no compran, que hojean lo que sólo pueden mirar, que sueñan con atracos libreros que jamás se atreverán a realizar.

Para alguien como el que escribe estas líneas no hay nada más desolador que una librería deshabitada. Cuando entro a una librería y veo más empleados que lectores, más estantes que clientes, imagino de inmediato que esos cientos de libros rehusados son parte de una misma pesadilla: la de los periodistas que preguntan imbecilidades por la mañana y por la noche, la de los congresistas que masacran la sintaxis, la de los miles de cretinos que dicen “aperturar”, la de los universitarios que dicen “haiga”, la de los alumnos de secundaria tarados por el desuso cerebral, la de los catedráticos que escriben con zeta lo que debería ser con ese: la pesadilla, en fin, de un mundo en el que el internet es un pretexto para no leer, la cultura es esa cosa arrimada que ya no sirve y el amor por la ordinariez es un tsunami de alcance universal.

La galaxia de Gutenberg ha estallado en mil pedazos. Y no es que esa colosal explosión haya producido un big bang regenerativo. Es que el humanismo, tal como lo hemos conocido, se está muriendo.

Nos paseamos por esa agonía como si no pasara nada. Pero hay cada vez más señas. Basta comparar, por ejemplo, la naturaleza de los premios Nobel entregados en estos últimos tiempos a las distintas ramas de la ciencia –incluida la dudosa ciencia de la economía– con los mundos que nos ayudaron a descubrir, en el primer tercio del siglo XX, Planck, Einstein, Heisenberg o Keynes, para concluir que en estos años recientes la Academia Sueca ha debido levantar pedestales urgentes para premiar hazañas infladas del pensamiento light, hazañas académicas que, por especializadas, pragmáticas y reduccionistas, poco hacen para la construcción de una conciencia universal sobre el ser humano y el drama en que parece empantanado.

Se trata, en fin, de premios dados por mandato del calendario de la fundación Nobel y no, por lo general, por merecimientos intrínsecos de las tesis presentadas, muchísimas de las cuales están dirigidas a ser consumidas por el mercado intelectual de la prospección económica o por el más voraz de las novedades tecnológicas.

Cuarenta años atrás, la literatura latinoamericana –cito otro ejemplo– era un prado fértil que produjo el prodigio del boom. ¿Serán sucesores de Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa estos inventos de Alfaguara, estos reclutas de Norma, estas nimiedades de entrecasa que Peisa suele restregarnos?

¿Serán sucesores de Lezama Lima o Arguedas los premios sudamericanos de Planeta de la última década? ¿Cuándo se jodió Zavalita? ¿Se jodió cuando la literatura latinoamericana, con las excepciones que todos más o menos intuimos, se aplicó al mercado de la lectura en subway y subió el puntaje de la tipografía al mismo tiempo que bajaba al subsuelo segundo –piso de las decoraciones, pase usted– sus horizontes y sus exigencias para con el lector?

¿En qué momento perdió la literatura latinoamericana la desazón que todo lo crea? ¿En qué momento contrajo esa sonrisa salivosa de idiota que no quiere herir el sistema? ¿Y en qué momento Oviedo –para hablar del Perú–, el acre y el exacto Oviedo, fue reemplazado por los críticos pagados de sí mismos que hoy alaban casi todo porque ellos escriben igual de mal y son igual de insignificantes?

La derrota del humanismo viste un disfraz indulgente y trata de llamarse cultura de masas. No existe la cultura de masas. La cultura de masas es la televisión, que crea criminales en potencia; los deportes multimillonarios, que lobotomizan con láser y de modo incruento; y la religión, que riega siempre la misma enredadera: la del terror a la libertad, ave María.

Está naciendo un mundo nuevo que vocifera como en un coliseo donde Madonna se tocara el pubis. Bush se pasea por el mundo travestido de negra sumisa (Rice), como antes lo hizo de negro anuente (Powell).

La galaxia de Gutenberg revienta en un billón de trocitos gaseosos. Las librerías se vacían. Pasan los días como eslabones de la misma cadena. Deberíamos gritar en las calles para deponer este silencio que pretende desarmarnos.

octubre 18, 2006

Golpe de Estado en Norteamérica

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:26 pm

(La Primera) Golpe de Estado en Norteamérica

Julia Wilson, de 14 años, nacida en Sacramento, California, fue hace unos días sacada de su clase de biología en el colegio McClatchi y llevada a una estación policial para ser interrogada por el FBI.

La razón de tan insólito interrogatorio es que Julia Wilson se dedicó durante un buen tiempo a despotricar de Bush y de su guerra en Irak. Lo hacía en un blog llamado My Space y lo hacía con creciente furia.

Un día decidió añadir caricaturas zahirientes y mensajes ominosos que calentaran sus intervenciones. “Apuñalemos a Bush”, decía una flecha que apuntaba a un muñeco que parecía ser la caricatura tridimensional del presidente norteamericano.

“Me dijeron que lo que había hecho es un delito federal y me puse a llorar”, dijo Julia luego de ser liberada. “Creí que allí mismo me iban a arrestar”, añadió.

Sus padres hervían de indignación y se quejaron ante las autoridades del colegio por haber permitido el “operativo” en contra de una niña que se declara pacifista y preocupada por los problemas del mundo. “Ni siquiera nos avisaron de que la iban a interrogar dos oficiales del FBI”, clamaron.

“Yo no tengo nada en contra de mi gobierno. Lo que no me gusta es Bush”, dijo Julia a los aturdidos periodistas que cubrieron el suceso.

Ayer, mientras tanto, Bush firmaba la ley que deroga el privilegio del hábeas corpus y de la asistencia de un abogado durante un interrogatorio formal para los sospechosos de terrorismo. Un siglo de democracia conquistada cae ante el hacha de Rumsfeld y el fuego de Cheney, como si de un viejo árbol que obstaculiza la vía se tratara.

Julia Wilson ha prometido, por su parte, de que seguirá criticando con todas sus fuerzas la política belicista de su presidente.

Y la verdad es que sólo las Julia Wilson de este mundo tienen la posibilidad de parar esta ola de infamia mundial.

Julia, y su generación, entenderán mejor que nadie que los que quieren convertir los conflictos de hoy en guerras de religión son unos mentirosos. Que de lo que se trata es de guerras de rapiña por los recursos naturales y políticas de bandidos que hacen buche con las palabras democracia y libertad.

Que mientras Israel siga soñando con las fronteras bíblicas y con la misión encargada por Dios para beneficio único de sus tribus, el mundo islámico seguirá produciendo antígenos fundamentalistas, rencorosos y violentos.

Y que si Estados Unidos sigue por el camino que Reagan le propuso y Bush ha reemprendido el poder de los militares, asociado al de las corporaciones, seguirá siendo el poder real.

El golpe de Estado de la maquinaria industrial-militar ya se ha producido y lo que vemos hoy en los Estados Unidos son hilachas de democracia y bolsones de resistencia civil que ven llegar a combatientes de 14 años como Julia. Día a día la democracia de Bush, que permite desde interceptar las comunicaciones por mera sospecha hasta el asesinato encubierto por orden presidencial, es cada vez más un espectro y una parodia.

¿En qué país se ha convertido Estados Unidos? ¿Qué clase de pesadilla orwelliana ha triunfado?

En alguna cueva afgana, en algún galpón pakistaní, junto a una fogata de nómada en algún desierto, Osama Bin Laden debe de estar sonriendo. Aquel 11 de septiembre no derribó dos torres.

Arruinó un sistema de convivencia que había sido uno de los mejores a pesar de su racismo supérstite hasta 1964 y demolió unos valores que triunfaron frente al nazismo y por los que valía la pena morir.

No fueron las torres el blanco de Bin Laden. Fue el corazón de la democracia norteamericana. Y dio en el blanco.

octubre 17, 2006

Valentín Paniagua no se merece tanta hipocresía

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:00 pm

(La Primera) Valentín Paniagua no se merece tanta hipocresía

Los que no están en la política para servir sino para saquear le rinden homenaje. Misa de cuerpo presente le ponen los que en la vida jamás se le parecerán.
Lo citan como ejemplo los que no tienen remedio y son parte de la caries de nuestra política.

Discursean, homenajean, desfilan por el féretro los que, sabiendo que era el mejor, le negaron su voto para terminar votando por el menos malo.

Pero don Valentín es estoico. Los mira desde la ironía desinteresada, que es una manera de describir la muerte.

Don Valentín es ahora el vitalicio Prescindente de la República.
Pasará a la historia como el hombre que le dijo no a la tentación del erario.

Pasó a la historia como el señor que construyó los cimientos del sistema anticorrupción, ese que odian los fujimoristas y desacreditan las ratas.

Porque don Valentín es un hombre que se ha ido de este mundo con el mismo patrimonio con que entró a la política.

¿Cuántos pueden decir lo mismo en este reino de chupacabras y birlibirloques?
¿Cuántas casas tenías tú, dios menor, cuando llegaste a la política y con cuántas cuentas ahora? ¿Y de dónde?

Tú no tienes derecho, dios menor, a auparte al mármol inminente de Paniagua y hablar de los valores de la República en la que no crees. Porque tú eres hachemita por los forros, alahuita por algunos de tus compañeros, borbón porque rima con tú ya sabes qué, windsor por la flema con la que puedes negar a tus votantes y saboya por los rollos que te cuelgan.

Qué risa da ver a tantos enemigos morales de Paniagua llorando por su muerte anunciada.

Convierten en tragicomedia del poder lo que Paniagua hubiera querido que fuera sobrio sentimiento popular.

Si el Perú fuese menos autodestructivo, hubiera elegido a Paniagua en las últimas elecciones.

Era mayoritario el consenso respecto de sus virtudes.
–Pero no se vende bien –decían–.
–Es un voto perdido –añadían–.

Perdidos estábamos nosotros, que tuvimos que elegir, al final, entre el ébola y la gripe aviar.

Paniagua sintió como un alivio el que no lo eligieran. Ya había empezado a enfermarse seriamente. Y se preparaba para esa discreta despedida que los politicastros han convertido en feriado, como él no hubiera querido.

Aunque la verdad es que se había despedido hacía buen tiempo de un país que cada día entendía menos.

¿Dónde están ahora los que le reprocharon haber obtenido ese siete por ciento con el que salvó la dignidad electoral de su partido, hoy herido de muerte con su muerte?

Hubo un Robespierre de los miriñaques que lo acusó de haberle robado el triunfo a Lourdes Flores. No, hombre. Lourdes Flores se robó a sí misma haciendo público su matrimonio de santa alianza con el señor Alicorp.

Lourdes optó por mister Romero y la derecha peluda. Paniagua, en cambio, no necesitó hacer ningún sacrificio para ser un hombre de centro, un mesurado por naturaleza que creía que la equidad era lo más parecido a la justicia.

Y por eso, sin partido, a pulso, de pura terquedad, obtuvo cientos de miles de votos.

Fue el único candidato explícitamente de centro. Fue el único que jamás prometió lo que no podría haber cumplido.

Por eso perdió. Porque no gritaba frases grandilocuentes ni amenazaba con baños de sangre ni anunciaba el séptimo cielo flotando en la enésima promesa de la pendejada. Porque era sobrio y bueno, honrado para más señas, por eso perdió las elecciones.

El Perú, tal como es hoy, no se merecía a Valentín Paniagua. Paniagua no se merecía a la mayoría de sus lloronas de ocasión.

octubre 15, 2006

¿Canal 7 privatizado?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:16 pm

(La Primera) ¿Canal 7 privatizado?
Mi colega Federico Salazar quiere privatizar el Canal 7 y lo ha propuesto en su leída columna de Perú 21. Como se sabe, ya privados son todos los otros canales.

Si el siete se privatizara no habría una sola ventana verdaderamente distinta de las de ojo de buey por las que los ivcher y los genaros otean el horizonte, ordenan sus rutas, driblean a los guardacostas y se alegran cuando ven flamear, a lo lejos, las otras banderas de piratas de la flota hermana.

-Saludos, Francis –dice genaro.
-Saludos, Morgan –reverbera ivcher.

Y ponen proa rumbo al mar de los sargazos, pasando por las islas guaneras de tanta inspiración, y luego al tour de Alcatraz para la melancolía, al mar negro de sus contabilidades, al muerto para rendirle homenaje a sus editores, al rojo para los acreedores, y de regreso, con cocinero egipcio a bordo, al mar de basura, de creación propia, que baña el balneario de sus noticieros y afines.

En fin, si por mi colega Salazar fuera habría que privatizarlo todo. Ahora bien, para Salazar y su club de liberales tipo Aldo –que no es una marca de carteras sino una patente de corso para decir cualquier idiotez– privatizar quiere decir entregarle al primer carroñero que pase por la esquina lo que quiera que fuese siempre y cuando sea del Estado, ese enemigo al que, sin embargo, le exijo policía y ejército para que ponga en su sitio a la cholería embravecida.

Porque si invertimos la lógica, la pregunta sería peliaguda para la patronal que Salazar encarna hasta en las publicidades a las que se ha prestado como si nada:

¿Por qué diablos la TV que ven nuestros hijos, que forma opiniones, que orienta conciencias, que embarra gustos y ensucia los colores está en manos todavía de los genaros y los ivcher?

¿Quiénes son los genaros y los ivcher –y todos los demás, incluyendo al tal gonzález que viene de algún cártel fronterizo– para tener más poder que todos los ministros de Educación que en el Perú han sido?

¿Y quiénes son para no dar cuenta de sus actos a nadie? Y, sobre todo, ¿quiénes son ellos para hablar de la libertad de expresión cuando todos sabemos que sus intereses no vuelan sino que reptan?

El gobierno “socialdemócrata” del doctor García se ha entendido perfectamente con esa pandilla, es cierto. Pero eso no quiere decir otra cosa que lo que es: que el gobierno del doctor García se sabe entender con las pandillas, las de Nueva York y las aborígenes. Y allí está el caso de la gavilla niponacional de los fujimoris como muestra.

El Canal 7 es, en serio, una magnífica opción para diversificar un poco la oferta de la pantalla con una programación en la que intervengan los productores cinematográficos y de videos, las universidades dignas de llamarse así, encargadas de investigaciones sociales, los periodistas como Gorriti que fueron excluidos de la TV privada por no dejarse pisar el poncho y, en general, el mundo de la inteligencia exiliado para siempre de la tele desde que se murió Pablo de Madalengoitia y Lima empezó a parecerse a un casino panameño regentado por la mafia coreana.

¡Al contrario! Si lo privado es genaro o ivcher, hay que alejar, hoy más que nunca, al 7 de esos cantos de raya con espolón. Hay que hacer una BBC chola, un PBS casado con lo mejor de La Católica; una televisión pública, en resumen, que demuestre a todo el mundo que la TV puede ser bastante más que lo de hoy.

Someter al único canal potencialmente distinto a la visión de los escarabajos coprófilos que producen para la tele privada sería un paso más del Apra hacia su regreso filogenético al Apra de los sesenta, esa versión degenerada que casó con Julio de la Piedra en las cavas pulguientas de un ron norteño.

Además, si yo fuera Federico Salazar no hablaría nunca de privatizar algún medio de comunicación. Porque alguien podría recordarme lo que pasó con el hiperprivatizado y privatizador diario La Prensa, que el fue el único periódico que, estatizado, prosperó y que, privatizado, quebró ruidosamente.

En el momento de aquel naufragio por incompetencia el capitán del barco tenía el nombre de nuestro ilustre colega, Arturo Salazar Larraín, o sea el daddy de Federico. ¡Habla, memoria!

¿De qué sirvió Sendero?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:46 am

(La Primera) ¿De qué sirvió Sendero?
La cúpula de Sendero Luminoso jamás tendrá su merecido. Es que el crimen, cuando adquiere las dimensiones gigantescas que Guzmán le dio a su propuesta revolucionaria, no tiene cómo pagarse.

Y toda pena, incluida la muerte, se verá siempre pálida frente a los ríos de sangre vertidos: las hachas rompiendo huesos en Lucanamarca, las hienas matando al hijo de doce años del búfalo Pacheco, la mecha encendida por el hijo de puta que hizo lo suyo en Tarata.

Y Abimael Guzmán balbuceando ese marxismo de derrame cerebral ante sus inferiores: la Augusta, la Iparraguirre, la Garrido Lecca.

Guzmán haciéndose admirar por estúpidos más locos que él, más ignorantes que él, más desalmados que él: el Arce Borja que jamás pudo escribir algo decente, el canciller Olaechea que jamás pudo hacer algo que valiese la pena, el Morote que no habría pasado de subprefecto en un régimen de meritocracia.

Todos ellos sintiéndose parte de la gran marcha maoísta, esa aventura que nos arrojaría al borde de la justicia y en las faldas de la igualdad. Mismo camino de Yenán. Misma tenacidad china vengando a los millones de boxers que había que vengar.

Sendero no fue sólo criminal por sus métodos. Lo fue porque quería trasplantar al Perú la Camboya de los Khmer Rouge, la tiranía asiática que convirtió al ampliamente genocida Mao en una especie de Teresa de Calcuta del marxismo-leninismo aplicado al campo.

Hay quienes dicen que tuvimos la guerrilla que merecíamos porque sólo un país como el Perú podía secretar, desde sus más viejos rencores y sus más hondas desigualdades, un marxismo tan tóxico y una guerrilla tan salvaje.

Eso quizás sea en parte cierto, pero aun considerando esa perspectiva me niego a pensar que Guzmán y su banda fueron un producto netamente peruano.

Las barbaridades norteamericanas en Vietnam, Laos y Camboya, la acentuación de la guerra fría con la invasión soviética de Afganistán en 1979, la guerra civil de Nicaragua que preludiaba una nueva intervención de los Estados Unidos, la interminable crisis de los rehenes en Irán, la lección que sólo unos pocos años antes había dejado la respuesta del fascismo latinoamericano a Allende, primero, y a diversos movimientos populares, después, hicieron creer a Guzmán que la guerra era inevitable y que ésta debía ser lo más atroz que se pudiese para abreviarla por el atajo del terror.

Y así fue, sólo que el terror desatado convocó el contraterror, que apagó la débil democracia acorralada entre dos fuegos. Contraterror que terminó evacuando, en sentido ventral, a Fujimori y a los suyos, repitiendo así el modelo brasileño, uruguayo y argentino de insurrección bárbara ahogada en un océano de sangre.

Lo increíble de la experiencia de Sendero es que decenas de miles de muertos, miles de millones de dólares perdidos en infraestructura y en oportunidades de inversión, un ejército llagado de mil modos por una guerra que no pudo evitar ser tan sucia como la provocación que la detonó, todo eso que nos hizo vivir como fieras con armas en ristre y enarbolada, cada mañana, la convicción de que ése podía ser el último día de nuestras vidas, todo eso que hubiera podido fundar un país nuevo y escarmentado, reflexivo y tolerante, se olvidó pronto y pareció no haber servido de nada.

En efecto, a los pocos meses de la derrota de Sendero –derrota impuesta por la fuerza de las armas–, la derecha de siempre, el empresariado de siempre, se dedicó a disolver los sindicatos, a reprimir todo vestigio de autonomía popular, a contribuir con la asquerosa dictadura de Fujimori y a comprar a precio bobo, junto al capital extranjero más rapaz, las propiedades del Estado sacadas a remate por el ultraliberalismo cleptócrata de todas las calañas.

Y entonces toda la sangre derramada y las legiones de esqueletos dejadas a la vera de los caminos no sirvieron de nada. La derecha peruana de siempre, analfabeta y procaz, autodestructiva y vampiresca, volvió a las andadas como si nada hubiese sucedido.

Y esa derecha gobernó con Toledo sin haber ganado las elecciones.
Y esa derecha gobierna ahora sin haber ganado las elecciones.

Porque la derecha en el Perú no necesita ganar las elecciones. Le basta con comprar más tarde a los elegidos.

Y esa derecha pretende darnos lecciones de economía, política y moral. Cuando lo único que ha hecho toda su vida es devorar el país y cholear a la peonada y crear las condiciones para que la violencia se convierta no sólo en posible sino en necesaria.

Por eso Sartre dijo alguna vez, hablando de la derecha francesa –fíjense: la francesa, con todas sus exquisiteces: su Petain, su Maurras, su Academia, su De Gaulle, qué diferencia–, que él sólo la dejaría de despreciar estando muerto. ¿Qué hubiera dicho Sartre de la derecha peruana –aparte de volver a escribir La Náusea por supuesto–?

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