César Hildebrandt Blog

septiembre 29, 2006

Un brindis por los tetelemeques

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 9:43 pm

(La Primera) Un brindis por los tetelemeques

Los tetelemeques neoliberales creen que el TLC es tan necesario como el oxígeno, tan beneficioso como soñar con Juliette Binoche comiéndose el chocolate que le pusimos en la boca y tan indiscutible como la santísima trinidad para los hinchas del Vaticano.

Pero esos tetelemeques se chocan y se chocarán con la realidad. Ayer, por ejemplo, dos acontecimientos remecieron el mundo de pacotilla cerebral de estos pajes del imperio.

Uno, el presidente de Uruguay, el señor Tabaré Vásquez, que sí cumple sus promesas electorales –o sea que tiene una dimensión ética de la política–, anunció que Uruguay acaba de rechazar un TLC con los Estados Unidos.

Las palabras exactas del señor Vásquez fueron las siguientes:
–Hemos rechazado cordialmente un ofrecimiento de los Estados Unidos para firmar con ellos, y por la vía rápida, un TLC como el que firmaron Colombia y Perú.

A cambio, le hemos ofrecido a los Estados Unidos ampliar el Tratado de Protección de las Inversiones y reforzar nuestro comercio bilateral en condiciones de mutua ventaja.

¡Vaya! Eso es un presidente. Eso es un político que se honra a sí mismo cumpliendo sus compromisos electorales.

Y eso es un socialdemócrata de veras, que no traiciona sus principios y que escucha a sus socios –Argentina y Brasil– en vez de oír acatadoramente la Voz de América.

Que el doctor Alan García, estricto incumplidor de los contratos éticos que suscribió como candidato, sepa que en América Latina no todos son como él. Y que si Baruch Ivcher y sus sirvientas lo aplauden cada noche, eso no le garantiza el respeto del futuro y ni siquiera el de sí mismo.

La segunda noticia relacionada con el mundo de los tetelemeques neoliberales, que aquí son legión y aspiran –entre otras cosas que aspiran– a dictar la agenda unificada de la prensa despatarrada, es la publicación en México de un estudio escrito por observadores independientes que han monitoreado los doce años de vigencia del NAFTA, o sea el TLC tripartito firmado por Estados Unidos, México y Canadá.

¿Qué dice el estudio? Bien sencillo. Dice que “las reglas del NAFTA protegen los intereses de los grandes grupos de inversionistas y socavan los derechos de los trabajadores”.

Así como lo oyen. “El empleo es hoy más precario y los salarios se han reducido” ha escrito Carlos Salas, autor del capítulo de México del referido estudio. Salas es investigador del internacionalmente reconocido Instituto de Política Económica, responsable del monitoreo y que asignó a Bruce Campbell y a Robert Scott las monografías dedicadas a Canadá y a los Estados Unidos, respectivamente.

Salas señala que en México los ingresos corporativos han aumentado, la desigualdad se ha mantenido cuando no acrecentado y que sólo el 37% del empleo creado entre el 2000 y el 2004 tiene características formales e implica beneficios indemnizatorios.

El resto es empleo precario y el 23% de ese resto no supone beneficio alguno ante el despido sin causa que es parte del nuevo mercado laboral.

“Donde ha subido el empleo es en la rama de las maquiladoras (ensambladoras de productos), donde los salarios son los más bajos y los beneficios fluyen mayormente a las grandes compañías, al sector financiero y a un pequeño grupo de trabajadores profesionales comprometidos con el proyecto”, añade Salas.

Pero donde más ha sufrido México es en el campo, donde el volumen de trabajadores ha descendido junto al producto del sector. En 1991 la población mexicana dedicada a la agricultura era el 26,8%; en el 2004, había descendido al 16,4%.

Y no es que México se haya industrializado con pasos de Gulliver: es que amplios sectores del campo han colapsado en una masacre de aranceles, subsidios norteamericanos sin correlato mexicano y barreras norteamericanas no arancelarias para algunos productos mexicanos competitivos.

¿Dónde está el señor Toledo, el del sí o sí? Sigue en Palacio de Gobierno reencarnado en Alan García, el del “debemos revisar con pinzas ese tratado”.

El del “revisaremos ese tratado cláusula por cláusula”. Toledo y su servilismo pro norteamericano dejaron su legado vinculante en Palacio.

En el Versalles mala copia que da a la puerta de Desamparados, se brinda ahora por el TLC levantando copas de Opus One, que dicen que es lo mejor del Napa Valley.
¡Salud, doctor García!

Tabaré Vásquez lo llama por teléfono. Haga el favor de no contestarle. No queremos pasar otra vergüenza.

septiembre 27, 2006

Apología del individuo

Filed under: Anuncios — cesarhildebrandt @ 12:08 am

(La Primera) Apología del individuo
Las modelos que pesan menos de 50 kilos están siendo echadas de las pasarelas. Dicen que su delgadez proclama la anorexia como opción.

O sea que si comes como te gusta, eres un suicida que juega a la ruleta del colesterol. Y si te da la gana de ser esquelético, resulta que das un pésimo ejemplo. ¿Y si estás en el medio, te aproximas a ambos peligros?

¿Se dan cuenta de cuántos Everest de estupidez componen la cadena montañosa de los lobotomizados que gobiernan los medios y las modas, que son la misma cosa?
En la era dizque del individuo la dictadura de los colectivos pro cualquier cosa es más insoportable que nunca.

Si fumas, te tratan como apestado. Y los atletas de lo correcto te cuentan cómo es que dejaron el vicio y lo bien que se sienten habiendo recuperado el paladar, para sentir los manjares que no comen, y el olfato, para oler las flores que jamás visitaron.

Pero, eso sí: si fumaste cigarrillos light sabiendo que esa era sólo una palabra, ahora puedes enjuiciar a la tabacalera que te dio tu ración de nicotina. Alguito te tocará en el reparto de ese cinismo de masas.

Si no haces ejercicio como recomiendan los que no tienen otra cosa que hacer, eres un réprobo y viene la inquisición de los mandiles percudidos a decirte que no, que está muy mal, que el infarto está a la vuelta de la esquina como un yunque esperando tu esternón.

Si no tomas magnesio, te puede ir mal. Si no te embutes algunas hierbas asquerosas, yogures que saben a nieve con grumos, tés de un verde dudoso, estás en contra de la corriente.

Te cuidan el cuerpo los mismos medios que te llenan el cerebro de extremas versiones del descerebramiento.

Está prohibido comerse el coral de las conchas. Pero está permitido –y estimulado– ver el noticiero de Canal 4 y sus hemorrágicas transmisiones en muerto y en directo.

Está casi interdicta la cafeína por la noche pero nadie le impide a Luis Delgado Aparicio aparecerse a las 11:20 de la noche, próxima ya la hora favorita de Bela Lugosi, contando a gritos la supuesta lista amatoria de una ex primera dama. ¿Cuántos insomnes crónicos puede dejar una aparición así?

Si me como un tocino en el desayuno, mi arteria carótida será una manguera pisoteada por un búfalo. Pero si leo a Iván Thays, ¿cuántos colgajos de uniones neuronales podrán aparecer en mi próxima tomografía?

Los derechos del individuo están desapareciendo en este estalinismo de lo banal que fomentan los medios de comunicación. Y como la futileza cuesta menos que la sutileza, todos deben asistir a la bicicleteada de los scouts, que son tan brutos que deben señalar cada árbol para no perderse.

O a la maratón de alguna radio que camina detrás de las AFP. O a la boda masiva para que te regularicen. O a Punta Cana si quieres pasarla bien. O al quirófano de algún pistaco autorizado que te quite el vientre que tanto te costó adquirir.
Qué miedo da ser uno, estar a solas, no seguir la mancha de las cervezas en verano y las infusiones del invierno.

Qué desprestigio tiene hoy el individuo, el yo sublevado –aunque fuere en silencio–, el ermitaño de a pocos si me permiten esta paradoja.

Qué difícil es para quienes dan los primeros pasos no disolverse en el coro de los adocenados: mucho Internet, odios de blogs, desinformación respecto de todo lo que realmente importa.

Si escribes y odias el márketin, si no te aburrió Ribeyro pero sí Titanic en el cine, si no te sumas a las grandes sumas, si no tienes tarjeta de la tienda Tal, si adelgazas porque te gusta o engordas porque no puedes evitarlo, te espera un mundo hostil: un enjambre de jueces darán su veredicto en nombre de tu salud y sólo por tu bien.

septiembre 24, 2006

Retrato hablado de Delgado Aparicio

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:09 am

(La Primera) Retrato hablado de Delgado Aparicio

El señor Luis Delgado Aparicio nos ha hecho un favor. Nos ha recordado el rostro real del fujimorismo, ese tumor que vivió de nuestra sangre por varios años.

El cáncer ha vuelto y tiene el rostro de Delgado Aparicio, la grosería de la señora Cuculiza, la desfachatez de Keiko. Y ha vuelto porque al Perú como que el cáncer le fascina.

Un Perú atlético y rozagante es inimaginable. El Perú sueña con el malestar que le es propio a un país al que tuvieron que liberar extranjeros porque su clase dominante estaba encantada con las pelucas empolvadas y la sífilis borbónica del virreinato.

Un país como el nuestro puede tener a un traidor de presidente y amarlo luego con la debilidad con la que algunos débiles aman sus perversiones.

Nicolás de Piérola, por ejemplo, es uno de los traidores más repulsivos de nuestra historia republicana. Chilenófilo hasta la médula, Piérola fue el instrumento que Chile tuvo para minar al Perú desde adentro.

Hizo dos revoluciones de efectos devastadores para el Perú antes de la guerra de agresión de 1879 y hubiera hecho una tercera si Chile, que estaba preparado para rematarnos, no nos hubiera dado el zarpazo del 5 de abril de aquel año fatídico.
¿De dónde partían las expediciones de este miserable? Siempre de Chile.
¿Quiénes lo financiaban? Los chilenos, por supuesto.

Su primera expedición partió en 1874 del puerto de Quinteros, Chile. Produjo una guerra civil que ayudó a desangrar fuerzas y recursos del Perú. Chile se frotó las manos. Mariano Felipe Paz Soldán afirma en su “Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia” que esa aventura pierolista fue especialmente trágica porque parte de los recursos que estaban destinados a la compra de dos blindados se tuvieron que usar para aplacar la revuelta y restablecer el orden.

En 1876, el traidor insaciable volvió a partir de Chile para su segunda aventura en contra de su país. Fue derrotado, al final, en Yacango pero volvió a producir la ruina de las ya críticas arcas públicas.

Fue tan vil este Piérola –que Alan García admira porque los tetelemeques que lo rodean no le han contado esta parte de la historia– que los chilenos no se sonrojaban cuando hacían uso de él a través de su prensa.

Por ejemplo, cuando, ya en 1879, un sector de la prensa chilena pensaba que era mejor agredir a Bolivia, primero, –y esperar unos meses para empezar la guerra con el Perú– salían en esas páginas odiosas editoriales como este:

“El presidente Prado (Mariano Ignacio) sabe a qué peligros expondría no sólo a su gobierno sino a la paz pública en el Perú” (si resuelve acompañar a Bolivia en la respuesta aliada a la invasión de Antofagasta). Y el artículo añadía:

“Piérola, que está en Chile, no ha menester de grandes auxilios para sublevar en su favor a una buena parte de aquella nación”. La cita es de Paz Soldán y proviene de El Mercurio de Valparaíso, ciudad en la que vivía, plácidamente acogido por los enemigos del Perú, don Nicolás de Piérola, nuestro Melgarejo.

Y, sin embargo, la mayor parte de los peruanos se ha dejado engatusar por aquella historia que describe a Piérola como a un gran patricio. García ha prometido parecérsele y, en relación a Chile, en efecto, parece estar cumpliendo su promesa.
Fujimori es Piérola en edición rústica, Piérola a lo bestia. Y, sin embargo, un sector del país no puede dejar de necesitarlo.

La explicación más probable, en mi modestia opinión, es que exculpando la miseria moral de Fujimori algunos perdonan la suya propia.

Y ese parece ser el caso del señor Delgado Aparicio, que hoy denuncia un supuesto amorío de connotaciones judiciales. Y lo hace cuando Elianne Karp ya no está en el Perú ni puede defenderse por la única vía adecuada para tanta vileza: la de los tribunales.

Pero de eso se trata el fujimorismo: la cobardía en el tumulto, la insolencia en el poder, la abyección ante la ausencia del adversario, el asesinato cuando se puede, el robo siempre, la vulgaridad cada vez que se abra la boca, la inmundicia como transpiración, la impunidad congresal tras el parapeto de Valle Riestra. Y siempre, siempre, Luis Delgado Aparicio añadiéndole masa a la infamia.

Y haciendo lo que hizo hace un par de noches con el objetivo de competir con la noticia que realmente le preocupaba: la condena a 20 años de su camarada de armas Vladimiro Montesinos, socio de su jefe Fujimori también en el asunto del tráfico de armas hacia las FARC de Colombia.

Los escalofríos se han instalado en la casa santiaguina del tembloroso Fujimori, que sigue siendo el mismo que alguna vez, cuando las papas de un golpe empezaron a quemar, se fue corriendo a buscar asilo a la embajada de su país. El fujimorismo consiste en ser una mierda.

septiembre 21, 2006

Sobre la depresión y otras minucias

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 5:10 pm

(La Primera) Sobre la depresión y otras minucias

Hay un diez por ciento de deprimidos en el mundo. Eso demuestra que la especie humana es, fundamentalmente, estúpida. Porque con lo que le hemos hecho al planeta, a nuestros intereses, a la decencia, deberíamos estar todos deprimidos.

La mayoría, sin embargo, tiene una conciencia de titanio aligerado que borra las miserias de modo automático y que te permite robarle un número de lotería a un ciego y luego ir a tu casa y besar a tu mujer como si nada hubiese pasado.

O trabajar en la unidad de investigación de cierto diario, bajo las órdenes de un tal Ramírez, y luego saludar el paso del Señor de los Milagros.

O ser búfalo aprista durante el día e ir al cine a ver una de vaqueros por la noche.
La depresión ya no es una enfermedad que consiste en estar harto. Es un deber dictado por la ética.

Uno escucha a Bush mentir respecto de Irak y amenazar ahora a Irán (¿será por orden alfabético?) y piensa en un revólver. Para matar a dicho presidente, en primer lugar.

Y ante la imposibilidad de matarlo –porque en Estados Unidos sólo pueden matar a los políticos sus propios cuerpos de seguridad: eso es parte de su nacionalismo–, entonces, ante la imposibilidad de cargarse a tan noble bruto, uno sigue pensando en el revólver pero esta vez apuntando a la propia sien.

Yo escucho hablar a José María Aznar, el líder de las derechas españolas, y le pregunto a la chica de la casa que dónde está el ácido muriático.

Mi colega Aldo Mariátegui dispara unas certezas tan vaticanas, unas descalificaciones tan convencidas, una visión del mundo tan sencilla, que cuando lo leo se me viene a la cabeza, inevitablemente, la azotea infalible desde donde habré de volar hacia la nada.

Veo una tragedia como la del Prestige –una paella negra excretada por un buque viejo en un mar exhausto por el saqueo– y no puedo evitar pensar intensamente en el Prozac.

Un cierto aire melancólico va con la inteligencia de este tercer milenio. Cómo no tenerlo, al fin y al cabo, si sabemos que 30,000 niños pobres se mueren cada año por enfermedades perfectamente curables. Y la historia del último siglo es la que más cadáveres por metro cuadrado aporta al prontuario humano.

Pero claro que hemos avanzado en el terreno tecnológico y en la lucha en contra de las enfermedades. Pero mil quinientos millones de seres humanos no saben ni sabrán qué es eso a lo largo de las próximas décadas. Y el mundo es breve y uno.

Y por eso este siglo será el de las migraciones dramáticas, las mudanzas de países enteros y la miseria delivery “ensuciando” el primer mundo que quiso blindarse.
Todo se arreglaría si volviéramos a amar el color de ciertos pajarracos que se picotean el pecho y enamoran cantando.

Si aprendiéramos de nuevo a detenernos y a mirar la belleza de un depósito de sal o a disfrutar con el olor olvidado de los jacintos, todo se arreglaría.

Porque lo que necesitamos es renunciar al reinado del universo. Ese reinado ciego y usurero del hombre como coronación de la llamada creación nos ha obligado a construir un mundo a la medida de cada egoísmo, lo cual es como hacer que una casa esté hecha de varias casas que se dieran la espalda.

El mundo que hemos hecho no es una posada sino un tornado. Es un tornado que cada mañana nos despierta, un tornado en el que giran avisos publicitarios, odios de dioses que se creen uno, apetitos que nos inventan desde la tele, gárgolas hechas con ozono.

Vivimos deseando lo que no necesitamos y en trance de permanente necesidad. Somos la especie que no se sacia y que cree que habrá siempre un paisaje que devastar. La depresión, entonces, se erige en una alarma de la lucidez.

El pesimismo es el nuevo nombre de la Ilustración. Y los psiquiatras hacen de plomeros de un mundo que los ha convertido en los nuevos hechiceros.

septiembre 20, 2006

No era una turista

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:01 pm

(La Primera) No era una turista

Qué alivio. La muchacha que violaron en el Cusco no era turista, aparentaba más edad que los 13 años que tiene y ni siquiera era del todo japonesa.

¿Debemos consolarnos por todo esto?
Así parece sugerirlo la señora doctora jurisconsulta Fanny Andrade, titular de un Módulo de Justicia de la ciudad del Cusco.

“Ella es cusqueña de nacimiento con residencia en Japón y tiene casa y familia conocidas en esta ciudad”, dijo la experta en derecho.

O sea que –parece decirnos– se trataría de un delito menor que no ahuyentaría el turismo sino que quedaría entre nosotros, lavadores caseros de nuestra ropa sucia, cervices que sólo se levantan en el himno.

La agencia Andina, donde parece haber sentado su humanidad un machista a lo Chihuaha, añade además, con un dejito tranquilizador y como que despectivo, que la chica, que responde a las iniciales Y.A.D., “sería hija de madre cusqueña y padre nipón”.

Se fregó la criatura. Le esperan risitas, palmadas resignadas, preguntas malolientes de todas las juezas que creen que aparentar más edad es un pecado y una incitación al rompanfilas braguetario.

Le esperan jueces que le harán preguntas lascivas sobre por qué no gritó más, o por qué no cerró las piernas y cuáles eran esos tocamientos y si hubo o no algún goce, aunque fuese involuntario, pero que podría ser considerado como consentimiento.

Ya el acusado –Walter Esqueiros Grajeda, de 18 años– ha dicho que qué violación ni qué ocho cuartos, cuando la muchacha que gritaba, la que forcejeaba por no hacerlo, la que chillaba delante de los dos amigos que participaron de algún modo en el asunto, cuando la muchacha, decía, es en realidad su novia.

Desagradecida novia que luego de recibir su merecido va a quejarse y a armar escándalo ante la policía y se presta, encima, para terror de las agencias del ramo y la hotelería en cuestión, a ser confundida con una turista japonesa, de esas que valen oro porque pagan cinco dólares por foto y tres por taxi y seis por juego de postales y todas, además, se alojan en el Libertadores o en el Monasterio.

¿Cuánto vale Y.A.D., ahora que se sabe que es apenas peruana? Muy poco.
Porque un buen abogado sacará a su agresor de la cárcel en pocas horas. Y porque le espera una sociedad falócrata, unos jueces que arropan a los manoseadores, unas juezas que suponen que toda belleza es sospechosa y toda audacia en el vestir es puterío y que no hay nada peor que ser una chica agrandada y provocadora que va paseando por allí con ese escote que está hecho para sublevar.

Si el machismo fuera patentable, el Perú debería reclamar su denominación de origen. No sorprende que lo ejerzan bípedos carniceros que se llenan la boca de virtudes en algunas misas. Lo que lo deja a uno estupefacto es que el peor de los machismos provenga de las mujeres cuando se trata de juzgar a sus congéneres.

Allí están las juezas que fallan a favor del desgraciado que se niega a mantener a un hijo, las profesoras que protegen a un director pedófilo, las chicas de la farándula demoliendo la reputación de sus iguales y creyendo, con honda convicción, que la figura de la violación no atañe ni al matrimonio ni al oficio del alterne.

Desde el vals aguardientoso hasta Torres Ccalla, aquí se venera a la madre y se agrede a la mujer. Con lo que el sujeto demuestra, en realidad, que viene de madre dudosa y que esa herida primaria explica su violencia con la mujer que podría ser como ella.

Emelina Pankhurst, la mujer que logró, en 1918, el sufragio para  las inglesas, estaba dando un discurso en una asamblea pública cuando un granjero le gritó:

–¡Ya te gustaría ser hombre, ¿eh?!
–A mí no –dijo Emelina–. ¿Y a ti? No hay una Emelina entre nosotros.

septiembre 19, 2006

Con laptop y en la caverna

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 11:47 pm

(La Primera) Con laptop y en la caverna

Este animal que es el hombre, esta bestia internauta, este prodigio tecnológico con barro en los zapatos, no tiene remedio.

Lo demuestran las cifras del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo.

Durante el año 2005 se ha gastado en fabricación de armas y presupuestos de defensa el equivalente mundial a 173 dólares por habitante.

Traducido a cifras apenas alcanzables para la imaginación: 1,118 mil millones (mil ciento dieciocho mil millones) de dólares, o sea el 2,5 del PBI mundial.

Es decir, dicho anglosajonamente, mil ciento dieciocho billones de dólares. En nuestra contabilidad, que es la correcta, ciento dieciocho billones de dólares gastados en producción y venta de maquinarias de exterminio.

Este gasto global absolutamente criminal –que no ha podido incluir por ocultamiento de fuentes el presupuesto de la guerra en Iraq– es 34% más alto que hace diez años. Y de este aumento es responsable, en un sólido 80 por ciento, Estados Unidos de América.

En la guarida de Bush, en el mundo de Chenney y Rumsfield, pensar cómo matar mejor y más barato es una prioridad intelectual. Esta gente define el mundo como un campo de batalla, a los científicos como fuerza de apoyo, al derecho internacional como obstáculo, a las soberanías como antigüedades, a la justicia como socialismo pernicioso, a los independientes como diabólicos y a los listos del mundo como una plaga que hay que embrutecer, como a los otros, con una nueva campaña de Hollywood.

En sus manos estamos. En sus botas de soldadesca invasora. En sus anteojos de mirar de noche. En su capacidad de emputecer cada palabra dicha: la verdad de las armas iraquíes no era verdad, la causa palestina como terrorista es mentira, el pacto Saddam Hussein-Bin Laden no era verdad, el propósito iraní de darle uso militar a la energía nuclear a la que tiene derecho es mentira.

Sobre esa colina de cinismo y pensamiento rápido, sobre esas ruinas de Occidente que Bush representa, el mundo marcha con paso firme a su inviabilidad política y a su regimentación militar: ya hay asomos de ese fascismo mundial que se nos propone “para ganarle la guerra al terrorismo”.

La mitad del gasto militar mundial (48%) pertenece al país que bombardea bodas en Iraq o Afganistán. Su gasto, informó ayer la BBC, es de 1,604 dólares por habitante norteamericano.

Y ojo, en América Latina, siguiendo con los datos de SIPRI, Chile, Brasil y Colombia son los países que encabezan el gasto militar. Lo de Brasil es un asunto de tamaño, lo de Colombia se explica por la guerra contra las FARC y lo de Chile, obviamente, por las inversiones que ese país ha hecho en el nuestro y que habrá de proteger del mismo modo que protegió a sus salitreros en 1879 –a pesar de que el recuerdo no le guste nada al tetelemeque canciller y al archiprochileno presidente que padecemos–. En suma, Chile, Brasil y Colombia se llevaron el 75% del aumento presupuestal en gastos de armamentos en esta región.

La economista Mariana Martínez, de la BBC, calcula que las cien empresas de armas más importantes del mundo venden cada año un monto igual al PBI sumado de los 60 países más pobres de la Tierra.

Algo así como 53 mil millones de dólares por año, 145 millones de dólares cada día, 6 millones y un sencillo cada hora, 1 millón de dólares mientras usted ha leído esta columna.

Yo no creo que el hombre nazca angélico y que la sociedad lo corrompa. Eso pudo ser alguna vez. Pertenece a una de las tantas utopías desahuciadas. Lo que es evidente es que hemos creado un mundo donde, como gritaban los locos anarquistas dinamiteros, nadie es inocente, nadie puede fingir desconocer la realidad.

Y lo cierto es que con los 53 mil millones de dólares que gastamos cada año en fabricar instrumentos para matar y obtener botines de guerra podríamos erradicar el hambre y la insalubridad.

Pero somos una especie incapaz de globalizar sus intereses comunes. Y los liberales –con Pedro Picapiedras a la cabeza– no hacen sino decir, con el lenguaje de las leyes de la mecánica celeste, que el egoísmo es la respuesta para todo y que sólo los débiles gimen en este mundo de oportunidades. Pobres diablos soberbios.

Miren lo que hacen los fuertes: el mundo es una armería, la conquista salvaje se disfraza de civilización, la democracia –que no existe en ninguna parte porque en todas partes el poder económico la desfigura y regimenta– se vuelve pretexto.

El hombre, en suma, coge su laptop y la enciende a la luz temblorosa de una fogata. Un mugido de mamut se oye a lo lejos. El hombre toma su GPS y trata de saber de dónde puede haber venido tan poderoso llamado. Con laptop y todo, el hombre sigue en la caverna.

septiembre 17, 2006

Recargado de pedofilia

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:25 pm

(La Primera) Recargado de pedofilia

Un productor de bazofia televisiva es detenido acusado de pertenecer a una red de intercambio comercial de imágenes pedófilas.

Las investigaciones dirán si el sujeto en cuestión exportaba gratis esas escenas o cobraba por ellas, como lo sostienen las autoridades policiales norteamericanas, que fueron las que pusieron sobre aviso a la ciberpolicía del Perú.

Es que todo viene en paquete. Si armas guiones de TV cuyo objetivo es transformar a las mujeres en nalgas y a los hombres en rufianes, si eres humorista de sábado por la noche en la tele peruana y haces que tus “artistas” tartamudeen un dialecto que es mezcla de chacchado y callejón del buque, entonces, perfectamente, puedes coleccionar sexo victimario y vendérselo a los millones de pedófilos que acechan en el mundo.

Los kits vienen completos. No es que seas guionista de Recargados de risa y luego te vayas a tu casa a escuchar a Bach y al día siguiente te dé ganas de asistir a la muestra retrospectiva de Kieslowsky.

Si denigras a la gente por encargo, como muchas veces hace Carlos Álvarez, no es que al día siguiente te repantigues a leer a la Sontag o a hojear Etiqueta Negra.

Lo que harás, más bien, será entrar a trabajar a Canal 7 en la época de Montesinos, asistir a los mítines de Chinochet y calumniar, desde la parodia, a la oposición metete que quiere interrumpir las mil y una noches de la banda.

Si trepas y trepas y sobas al gobierno porque se está pareciendo al gobierno que hubieras preferido y simultáneamente insultas a los aguafiestas que preguntan por las promesas de campaña, no es que mañana vayas a pensar en Xavier Abril y en la bella edición que acaba de salir de su poesía. Es que le exigirás a tu sirvienta comer en otros platos y te inventarás una memoria autocomplaciente.

Si prestas tu camioneta para un crimen, como hizo Santiago Fujimori, aparecerás sonriendo en RPP para hablar de la necesidad de devolverle a los congresistas la inmunidad completa a prueba de fiscales.

Si escupes en el piso, podrás pegarle a tu mujer. Si conversas a gritos en el cine, eres firme candidato a girar cheques sin fondos. Si arrojas envases de papel aluminio desde tu automóvil, podrás casarte con un hampón de cuello y corbata, por más pinta de casual y deportiva que quieras dar.

Si puedes almorzar con alguien que habla con la boca llena y sólo habla de lo bien que le va, estoy seguro de que has de tener un abono para la temporada de Acho.
Si te fascina todo lo de Chocano es que puedes orinar en la cuneta sin tener una emergencia prostática.

Si crees en la cientología, reirás como un loco escuchando a Jaime Bayly hablar de la descerebración en las alturas del Perú.

Si usas mondadientes luego de comer, tienes que tener la suscripción de la revista Gisela. Si crees que el fútbol peruano existe –y te apasionas en algún estadio semivacío- es que llamarás a una radio a dar tu opinión sobre la pena de muerte (con la que estás de acuerdo, por supuesto).

Si te metes el dedo meñique en la oreja en plena cena, entonces también Shakira te parecerá lo mejor que le ha pasado al pop.

Y si te gusta Panorama y le crees a Álamo Pérez Luna, entonces votarás que sí cuando en el condominio playero pregunten si las nanas tienen que llevar el uniforme celeste completo sin importar la temperatura que hiciera –y a pesar del Niño moderado que se nos viene-. El kit viene completo. Y eso no falla nunca.

septiembre 16, 2006

Oriana Fallaci ha muerto

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:40 pm

(La Primera) Oriana Fallaci ha muerto
Mientras el Congreso pintoresco elegía como presidenta de la Comisión de Ética a Martha Hildebrandt –zafia representante de la banda Fujimori-Montesinos durante dos legislaturas–, este modesto periodista pensaba en la muerte de Oriana Fallaci, a quien una vez, hace muchos años, admiró como a ninguna otra periodista.

Había leído el consabido Reportaje con la Historia, sus crónicas de corresponsal en L’Europeo y Un hombre, la historia del diputado griego Alexandros Panagoulis, cuyo asesinato daría lugar a la novela de Vassilikis y a la película de Costa Gravas, y no había podido evitar ser seducido por la fuerza de sus interrogantes, el colorido de sus relatos y la pasión por la rebeldía que demostraba en cada gesto.

Oriana Fallaci ha muerto a los 77 años desfigurada no sólo por el cáncer que ha terminado venciéndola sino amargada por lo que creyó que fue debilidad del Occidente frente al avance del islamismo radical.

En sus últimos escritos, la sombra histérica de una Oriana Fallaci refugiada en los Estados Unidos –apostólica en su sometimiento a las paparruchas más simplonas del prosionismo disfrazado de terror civilizador– nos contaba la versión del apocalipsis según Kissinger.

La verdad es que la gran periodista descontenta con las verdades oficiales ya había muerto hacía un buen tiempo. La Fallaci de sus últimos años le reprochaba a Europa poco menos que no resucitara de una vez a los templarios mata moros e ignoraba olímpicamente la cerda política de los Estados Unidos en el Medio Oriente, causa y raíz del extremismo islámico y fuente de todos los terrorismos que en el mundo árabe han sido.

Engreída en los últimos años por la causa de Israel, prisionera de algún fantasma fascista que gobernó sus años postreros, la Fallaci parecía estar defendiendo el reino de la única civilización posible cuando hablaba del Occidente amenazado por la barbarie del turbante.

La Alianza Nacional debió, en realidad, reclamarla como su militante y los políticamente correctos defensores del orden de Halliburton se sintieron muy próximos a sus planfetos.

Qué distinta esa Fallaci, víctima de diversos cánceres, de aquella que fue irreverente con todo y todos y que cubrió la guerra separatista de Pakistán como lo que, fundamentalmente, fue: el fruto ensangrentado de la mala fe británica a la hora de dejar el continente.

En Vietnam, fue también la Fallaci la cronista implacable que retrató el horror de ambos lados y, sobre todo, el carácter invasivo de la presencia norteamericana en el sudeste asiático. Sus crónicas no eran las más detalladas ni las mejor informadas pero sí las mejor escritas y las más comprometidas con el dolor de los civiles.

Yo empecé a dudar un poco de ella cuando se atribuyó, en las entrevistas con Muhamar Gadafi y el Ayatola Jomeini por ejemplo, preguntas prologales de una insolencia tal que uno se preguntaba por qué ambos líderes, conocidos por su narcisismo e intolerancia, le habían permitido continuar la entrevista.

La verdad la proporcionaría, semanas más tarde después de la entrevista con Gadafi, la agencia oficial libia Jana. Los casetes de audio, que los libios habían guardado, demostraban que ni el tono ni el contenido de las preguntas originales se parecían a lo publicado.

Y es que la Fallaci, teniendo un inmenso talento polémico, mejoraba su actuación añadiendo gruesas cuotas de queso parmesano a sus intervenciones en el diálogo. Claro, eso no se puede hacer en la TV cuando es en vivo y en directo pero suele hacerse, de modo impune, en la TV diferida y en la prensa escrita.

Pero esos fueron pecados menores frente al brillo de una carrera verdaderamente cosmopolita que le permitió retratar el carácter sombrío del Sha, las rabias de Arafat o el patetismo del ex presidente survietnamita Nguyen Cao Ki.

Lo triste fue el final. Para alguien tan apasionado como la Fallaci no es recomendable vivir hasta los 77. Lo más probable es que te reblandezcas en el proceso y que tu muerte física ocurra algún tiempo después del entierro en secreto de tu espíritu.

septiembre 15, 2006

Montesinos de la Dircote

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 2:34 pm

(La Primera) Montesinos de la Dircote
Benedicto Jiménez es un claro síntoma de la política peruana. De la política y de la sociedad del Perú. Es torpón hasta el desespero de su interlocutor, ignaro como una alpargata, agresivo como cualquier borrasca. Y, encima, tiene un tumbao de picarón y una pizcota de chantajista.

Ayer se arrepintió el señor Jiménez, abrumado por quienes le decían que había metido la pata y enterado de que el ministerio público ya estaba decidido a empapelarlo. Pero con su rectificación y todo, el Benedicto detrás del crimen ha quedado dibujado.

La vergüenza es que siga siendo candidato del Apra. ¿Se lo imaginan en la alcaldía de Lima? Podría ser, según sus antecedentes, que grabe al director de obras haciendo algo feo y que use ese audio para extorsionar al susodicho y arrancarle sabe Dios qué informaciones exclusivas o tales porcentajes misteriosos.

Repasemos su historia. El señor Jiménez ha confesado, jactándose de ello, que durante años mantuvo en su poder unas cintas de audio que registraron las primeras conversaciones entre Antonio Ketín Vidal, (a) Héroe Defenestrado, y Abimael Guzmán, (a) Presidente Gonzalo.

En dichos diálogos de náusea, Héroe Defenestrado trata a su prisionero como a un profeta galileo, como a un hombre que admira más allá de la morbosa empatía que puede darse entre cazador y presa.

Yo al principio creí que se trataba de ciertas suavidades para obtener la confianza del genocida, pero ahora que he leído bien la cosa me doy cuenta de que Héroe Defenestrado quería, cobardemente, congraciarse con Presidente Gonzalo suponiendo que éste podía ordenar a su maquinaria de asesinos no tomar represalias de nitrato de amonio en contra de su captor o de su familia.

Así de sencillo. Digamos que el miedo era comprensible, pero la reacción que tuvo Vidal ante ese miedo resulta imperdonable. Lo más decente debió ser poner a su familia a buen recaudo durante el tiempo que hubiese sido necesario.

Bien, ¿pero cómo obtuvo Jiménez esos audios que conservó ilegalmente por tantos años? Metiendo un micrófono en la sala donde Ketín Vidal, que era su jefe, interrogaba al neanderthal marxista que se creía Zorba.

Por supuesto, Ketín Vidal no sabía que su subalterno había pinchado la habitación de sus diálogos cuasirománticos con la bestia. Eso sólo lo sabían el perpetrador de la escucha, o sea Jiménez, el señor Miyashiro, traidorazo a su manera, y un oscuro oficial que encima era adjunto del pobre, en algún sentido, Ketín Vidal.

Más tarde, cuando Ketín Vidal quiso deshacerse de tan viscoso personaje, cuando ya empezaba la bronca de callejón por la disputa sobre la autoría de la captura, cuando Ketín Vidal, en suma, debió alzar la voz y poner un puño fuerte en el escritorio, se encontró con que los audios de Jiménez impedían cualquier despido, hacían de don Benedicto un intocable e instalaban en las más altas instancias de la policía peruana la atmósfera del chantaje.

-Si me botas se enterarán de cuántas y qué mariconadas le has dicho a Abimael Guzmán. Yo de aquí no me muevo. ¿Entiendes, generalito?

Y aunque el diálogo antedicho sea invención de un biógrafo degenerado, la cuestión es que el generalito se quedó quietito. Y el Montesinos de la Dircote se pone pegapega en el asiento y en el fondillo y se ríe a diario mientras come su pan con chicharrón y sorbe su café cafetal.

O sea que estos cabrones terminaron pareciéndose, de muchas maneras, a quienes perseguían: “Por el sendero luminoso del chantaje”.

Y luego viene Jiménez a decirnos que está muy preocupado por la seguridad ciudadana, que será el sheriff de la ciudad y entrará por la puerta batiente del saloon a cargarse de un balazo en el centro de la frente al mandamás del crimen.
¿Pero cómo podrá un hombre que sobrevivió laboralmente gracias a la extorsión ser el Zorro de esta capital de coyotes?

¿Cómo un hombre que le ocultó a la judicatura, por más de catorce años, material que podría probar varias felonías y por lo menos una traición moral al país, puede ahora ser tan conchudo y decirle al país que le demos el gobierno de una de las ciudades más corruptoras de estas coordenadas?

¿Y cómo el Apra puede mantenerlo como candidato? ¿Qué audio podrá tener Benedicto Jiménez? ¿Será alguno de un jefazo aprista telefónicamente interceptado cuando Fujimori, maestro de la extorsión, dio la orden de empezar a acumular expedientes sobre amigos y adversarios?

¿A quién tiene en la mira de su Colt 45 el sheriff Benedicto? No se sabe. Lo que se sabe es que Jiménez debe de saber mucho y que por eso la película se ha congelado en este feo fotograma. Lo que se sabe es que Jiménez es el síntoma y el Apra, en este caso, la enfermedad.

septiembre 14, 2006

El muy valiente señor Raffo

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:25 pm

(La Primera) El muy valiente señor Raffo

Don Carlos Raffo ha retado a la policía para que lo detenga –“si se atreven”– en pleno pasadizo de los pasos perdidos.

Qué tal hombrón es Raffo. Parece que estuviera enfrentando a la policía fascista de Fujimori, a los jueces supurados de Fujimori, a la banda de Martin Rivas y Fujimori.
Pero no.

Se está enfrentando a la orden de un juzgado que lo ha citado para un proceso de instrucción en donde él es un inculpado presuntamente inocente –como debe de ser– y del que, seguramente, habrá de salir bien librado –entre otras cosas porque la acusación parece ser frágil y disparatada–.

Entonces, en vez de acudir al juzgado como si fuera un mortal común, Carlitos Raffo se vuelve el increíble Hulk de los perseguidos por la democracia (sobre la que su actual y episódico jefe defecó), se abre la camisa de machomán, se golpetea el pecho como el gorila que se enamoró de Chita contra natura y de puro capricho, y dice:

“Si quieren llevarme, que vengan. Que cometan este atropello frente a todo el país”. Mismo Rui Díaz de Vivar convaleciente de cirrosis. Frente a todo el país quiere decir frente a todas las cámaras de la TV en manos de los genaros y los chicos del Mossad. O sea que ya me imagino el espectáculo.

Pero no es para tanto, hombre. Se trata de un juicio de escasa envergadura en el que lo único importante que ha salido a la luz no es lo que Raffo cree sino lo que Raffo no puede ver.

Veámoslo así: a Raffo lo acusan de haberle entregado a Cuarto Poder tres casetes que contienen conversaciones de Fujimori con parte de la banda de mafiosos uniformados que cogobernaban el país; por el contenido de esos casetes –la guerra con Ecuador de 1995, las penosas negociaciones con Mahuad en 1998– a alguien se le ha ocurrido que su difusión puede haber comprometido la seguridad nacional.

En primer lugar, parte de esos casetes ya se habían difundido en el 2000 –aunque es cierto que nadie sabía en esa época cuál era su procedencia–.

En segundo lugar, ¿cómo es que la difusión de una conversación entre traidores –el archiprochileno nipón Alberto Kenya Fujimori Fujimori y la gavilla de Hermoza Ríos, (a) General Victorioso, más el psicópata internacional Vladimiro Montesinos, (a) Asesor–, cómo es que una conversa de apátridas buscacomisiones, digo, puede derivar en un juicio sobre fidelidad a la patria? Es ridículo.

Los que traicionaron al Perú fueron los que perdieron la guerra del Cenepa, o sea el ladrón General Victorioso, el ladrón y felón Fujimori y el múltiple asesino en serie Vladimiro Montesinos –a quienes Raffo sirve hoy con tanto vozarrón como en 1990 defendió a Mario Vargas Llosa y a su movimiento Libertad–.

Enterarse de que Fujimori quería ahorrarse diez millones de dólares en misiles inteligentes mientras se recordaba que los proyectiles del enemigo destrozaron nuestros puestos de comando en el Cenepa, es una terapia final para los que alguna vez creyeron que el japonés en cuestión merecía alguito de generosidad en el juicio de la historia.

Habría que felicitar a Carlos Raffo por ser tan burro y habernos ayudado a completar el rompecabezas moral de su patrón.

Pero este Raffo que se las da de matón cuando la democracia le da todas las garantías –también hizo lo mismo cuando amenazó, hace pocos meses, con mandar a sus hordas residuales a tomar los aeropuertos si no cesaba “el acoso contra Fujimori”– no sólo no se ha dado cuenta del significado moral de lo de los misiles.

Tampoco se ha dado cuenta de que al revelar que Fujimori tiene en su poder esos casetes nos ha dicho también que Fujimori, en efecto, se llevó a su país, Japón, todos los casetes de su filmografía: los de las transacciones con banqueros, mineros auríferos, vendedores israelíes de armas, comerciantes malayos de lingotes de oro, banqueros de principados con blindaje especial.

Y entonces ya sabemos, casi con plena certeza, qué contenían, entre otras muchas cosas, las centenares de maletas que se llevaron, en diecisiete viajes por separado y a lo largo de diez años, Rosa Fujimori, hermana del traidor, y Víctor Aritomi, cuñado del traidor y durante siete años embajador del Perú en Tokio.

Y ahora ya sabemos el porqué de la desesperación de Fujimori a la hora de buscar a Montesinos en los estertores de su régimen: ¿Cuántas copias de esos videos podía tener el secuaz del SIN?

Muchas gracias, Carlitos Raffo. Nos has terminado de aclarar el asunto.Tus neuronas,¡unidas!, jamás serán vencidas.

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