César Hildebrandt Blog

agosto 31, 2006

Derecha de nacimiento

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:10 pm

(La Primera) Derecha de nacimiento

En el fondo de toda discusión sobre la sociedad que queremos está el asunto de qué hacemos con los pobres.

Ser de derecha consiste en creer que los pobres se lo tienen merecido. O si no se lo tienen merecido, que poco han hecho para dejar de ser lo que son.

Ser de centro consiste en querer cambiar las cosas pidiéndole a los ricos que inviertan más en la creación de empleos.

Ser de centro-izquierda consiste en creer que todos tenemos derecho a ser mirados como humanos.

Y no hablo de la izquierda neta y dura porque entiendo que ésta, para todos los efectos, ha dejado mundialmente de existir.

La derecha le pone pausa al control remoto y se va a comer con la familia. Está convencida de que la historia se puede congelar en una imagen catódica y piensa que el equilibrista sobre la cuerda será capaz de demorar su arrojo los siglos que haga falta.

O sea que el derechista confunde la historia con un nacimiento de cartón –de allí a Fukuyama, inventado por la Sony y propagado por la Rand Corporation, hay un solo paso– y está seguro de que los borregos se quedarán siempre en su sitio y el niño no habrá de crecer y tatatín tatatán.

Por eso es que no hay derecha sin violencia. Porque eso de mantener todo en su sitio requiere de legiones romanas, inquisiciones, ejércitos, cardenales y huachimanes. Si la monarquía absoluta pereció en el intento de inmovilizar la historia, la derecha de hoy perecerá negando la historia al estilo Fukuyama.

Como se sabe, Fukuyama fue tan pelotudo que creyó que la aceptación universal de la economía de mercado le ponía punto final al asunto y que todos pasaríamos por caja suscribiendo a los Reagan, las Thatcher y a la gorda Albright (de Clinton), que era la más zafia de las descocadas.

En el mar de la economía de mercado caben ballenas de diferencia: el Estado tuitivo, el Estado empresario y co-empresario, la identidad cultural, la defensa del medioambiente, los sectores no sometidos a la codicia legal de lo privado, la creciente igualdad de oportunidades, la salud y la educación como derechos básicos, la política tributaria, la lucha contra los monopolios y los fraudes, la batalla contra la hegemonía asesina de los Estados Unidos, etc., etc., etc.

¿Ya ven que la historia no ha terminado, como aseguraba aquel pelotas?
Pues bien, cada vez que la historia no termina –ya sea a nivel doméstico o en el terreno internacional– a la derecha le da la pataleta y pide bala, hostias con veneno para los curas que no se dedican a salvar almas sino cuerpos aquejados por el plomo o el cianuro, cacerinas enteras de armas largas para los indios comecoca, patadas para las indias comemierda –sí, hay racismo detrás de casi todas las injusticias–, comunicados para tranquilizar los directorios.

Pero la historia no termina de terminar. Y las rabietas son cada vez más agudas. “Si la historia se está moviendo es porque hay quienes la empujan”, dicen los rabietudos.

Y de inmediato se les viene a la cabeza un montón de barbudos con sus bluyines y sus oenegés, un montón de mujeres –seguramente medio putonas o por lo menos promiscuas– que hablan de las napas freáticas y las vainas esas de las regalías por los huecos que van a quedar.

Y por eso tampoco hay derecha sin negación de la realidad. Porque la realidad es que hay una feroz injusticia en el mundo pero la derecha quiere que nos narcoticemos con sus películas y pensemos que el mundo está de fiesta inolvidable y que Jeff Bush es un tipazo.

Por donde se le mire, la apuesta inmovilizadora de la derecha es algo que no puede triunfar. De allí su cólera, que siempre tendrá algo de póstuma, un tufo a profecía de cadáver.

Porque cuando todo le falla, cuando la ley no basta sino que sobra, la derecha entonces toca su sirena, ulula como editorialista de The Economist y llama a su pinochet de turno para que vuelva el nacimiento de cartón al tiro.

Y cuando Pinochet, interpretando correctamente su papel de capataz con capa, mata como Jack el Destripador y roba como un cleptómano, la derecha dice: “Oh, jamás lo sospeché”.

Lo mismo dijo aquí de Fujimori, su Chinochet añorado, el ponja que les baldeó la casa como nadie.

Y además está el insulto ese de que esta derecha que chorrea sangre aquí o en Chile, en Indonesia o en España, en Alemania (sí, la derecha alemana estuvo con Hitler) o en Estados Unidos (pregúntenle a Dick Chenney), esta derecha prontuariada, digo, encima se dice liberal, robándose un precioso título, un grado humanista, un diploma sofisticado que consiste en creer en dos cosas fundamentales: 1) que el individuo vale más que el Estado; y 2) que todos tenemos, jeffersonianamente, los mismos derechos.

¿Con qué derecho los Yamamoto de la derecha peruana se llaman liberales si creen sólo en su propia libertad? ¿Por qué liberales si están dispuestos a volver a los brazos de Chinochet apenas las papas quemen? ¿Por qué liberales si no sienten prójimos sino a sus presuntos iguales?

¿Por qué liberales si no saben quién es Popper ni Hobbes ni Rawls ni Sartori? ¿Por qué liberales si habrían sido capaces de almorzar con Videla? La derecha ha secuestrado el término liberal. Veremos cuánto pide por su rescate.

agosto 30, 2006

¡Forza, Yanacocha!

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 9:07 pm

(La Primera) ¡Forza, Yanacocha!

Los mineros salieron de la mina remontando sus ruinas venideras… (César Vallejo.
Poemas humanos).

¿Así que en Combayo los comunistas quieren hacer de las suyas? ¡Que vengan las tropas, los máuseres de las novelas de Ciro Alegría, los jueces de las novelas de Scorza, los mistis de las novelas de Arguedas!

¡Que vengan y disparen, que el orden es el orden y la patria no se toca!
Pocas veces la prensa de masas ha sido tan unánime como en estos días de maniqueísmo.

Para ella, los pobladores de Combayo pertenecen al eje del mal y Yanacocha es chola y es sagrada, siendo que es más estadounidense que Columbine.

“Creemos en el ejercicio de la autoridad y el respeto al orden público”, dice, azuzando a la ministra del Interior, el gerente general de Yanacocha, Carlos Santa Cruz, que por algo inventamos aquí a Felipillo.

Los periodistas dorados y condecorados asienten: “Orden público, autoridad”.
Pero no dicen nada del campesino Isidro Llanos Chevarría, padre de seis hijos y muerto de dos balazos el 2 de agosto último cuando protestaba por la preservación del agua de Combayo.

Y muerto por la policía privada de Yanacocha –la empresa Forza–, a la que se le encontró más tarde, con fiscal y todo, armamento de guerra y de uso exclusivamente policial: granadas de gas pimienta, fusiles Kalashnikov, fusiles FAL, fusiles G-3.

(Y hasta ahora la fiscalía provincial de Cajamarca no formula las acusaciones correspondientes. Es más; un fiscal de turno quiso poner en su acta que el comunero Llanos había muerto de un paro cardiaco y sólo se rectificó por la presión de los combaínos).

Yanacocha estuvo tan metida en el crimen que tuvo que admitir que 47 de sus paramilitares intervinieron en el operativo y se hizo cargo de los gastos de sepelio y del cuidado de los heridos.

En septiembre del 2004 los comuneros ya habían logrado la suspensión de las operaciones en el cerro Quilish, cerro clave, fuente de agua. Con ese antecedente, Yanacocha ha utilizado ahora todas sus armas para justificar lo que ha hecho en Combayo, comunidad que también pelea por su futuro acuífero.

Y con la experiencia anterior, la plana mayor de la minera que tanto le debe a Montesinos ha depurado su estrategia mediática comprando más prensa y vendiendo la idea de que tendrá que irse si no la dejan expandirse como desean sus operadores de la bolsa de Nueva York. No importa que Cajamarca se quede sin agua: Yanacocha tiene que crecer para seguir vendiendo casi tres millones de onzas de oro al año.

No sólo eso: esta vez Yanacocha ha logrado dividir a la comunidad incentivando al grupo dirigido por el ex alcalde de Combayo Isma Linares Sáenz, a quien acompaña una comparsa aceitada y destinada a confundir.

Todo para desconocer los acuerdos comunales del 25 de julio: la empresa debía paralizar sus operaciones en el proyecto Carachugo (Combayo) hasta que se realizase un estudio de impacto ambiental de verdad, no como el aprobado, sin presencia comunal, en diciembre del 2005.

Sí, amable lector: como lo lee. Hasta la viceministra de Energía y Minas, Rosario Padilla Vidalón, tuvo que reconocer el 19 de agosto del 2006 que “el peligro de contaminación del agua existe, por lo que pretendemos realizar los estudios pertinentes en la zona”. Y añadió: “Cuando el estudio esté listo, el diálogo de las partes será más fácil”.

Urgida por sus accionistas norteamericanos, Yanacocha pretende saltarse a la garrocha tal estudio y tratar al Perú de Alan García como lo que hasta ahora es: una banana republic entregada de pico y patas al juego del liberalismo chusco y todo terreno.

Yanacocha paga maestrías del alcalde aprista de Cajamarca, Emilio Horna. Yanacocha atiza, dólares en mano, campañas calumniosas en contra de todos los que se le oponen.

El presidente de la región, Felipe Pita Gastelumendi, estuvo firmemente al lado de Yanacocha en el asunto Quilish  (luego tuvo que retractarse). Y Hugo Otero, consejero principal del presidente Alan García y nombrado embajador de Perú en Chile, ha vivido todos estos años asesorando mediáticamente a Yanacocha.

De modo que los comuneros tienen las de perder, como siempre en este país de cerros de pascos y aranas y beltranes. Hasta la Defensoría del Pueblo salió corriendo del conflicto, el 24 de agosto, cuando vio lo que se venía y Rolando Luque, jefe de su Unidad de Conflictos Sociales, advirtió que no veía espíritu de negociación “en ninguna de las dos partes”.

Como lo acaba de recordar Raúl Wiener, sólo dos de las 27 más grandes mineras pagan regalías en el Perú.Y esto que el Tribunal Constitucional señaló que las regalías eran una obligación al margen del pago de los impuestos.

Y esto que en lo que va del 2006 –los seis primeros meses– las utilidades netas de la minería llegan a 2,759’000,000 de dólares (dos mil setecientos cincuenta y nueve millones).

Sólo en el año 2005 el Estado dejó de percibir 158 millones de dólares en regalías perdonadas. Es decir, un poco más que el óbolo anual acordado entre la Sociedad de Minería y el gobierno del doctor García.

Si empecé este artículo recordando a Vallejo, no puedo evitar, al terminarlo, recordar al Juan Gonzalo Rose que ironizaba sobre el destino pétreo de los pobres en el Perú: “leches aguadas, cajamarcas crueles”.

agosto 29, 2006

Guzmán demanda su libertad

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 6:06 pm

(La Primera) Guzmán demanda su libertad

Abimael Guzmán no se suicidó, como se suponía que podría hacerlo el jefe del apocalipsis a la hora de ser capturado, sino que permitió que Elena Yparraguirre lo protegiera con su cuerpo y demandara que el líder de Sendero Luminoso no fuese tocado.

Y no fue tocado. Un igual suyo, pero del otro bando, lo interrogó amablemente y le sacó el mayor provecho político posible. No hay mayor registro de las conversaciones Guzmán-Montesinos, pero no tengo dudas de que se trata de un diálogo de pares en miseria moral y en propensión al crimen.

Guzmán era muy valiente a la hora de dar órdenes sanguinarias en medio de la neblina que lo rodeaba: una corte de anuentes crónicos y de asesinos con control remoto que decidía qué aldea debía ser arrasada, cuántos ingenieros y de qué proyecto debían morir esa quincena, cuántas vacas de engorde tenían que ser sacrificadas, qué comisaría era el mejor y más inerme blanco para sus hordas panchovillanas y a cuántos gobernadores también indefensos debía interrumpírseles el resuello con un tajo en la arteria carótida.

Muy valiente era la hiena con psoriasis en la cara y caracha polpotiana en lo poco de alma que podía quedarle.

Porque lo de Sendero no fue una insurrección a lo Vietcong –quién podría discutir la legitimidad de Ho Chi Minh y los suyos– ni una resistencia a la ocupación racista de la Francia que quiso robarse Argelia para siempre. No fue el no a la archipodrida monarquía alauita de Marruecos ni la respuesta de Hezbolá a los abusos terroristas del Estado de Israel.

Lo de Sendero surgió del cerebro de Guzmán como una guerra de liberación y terminó siendo la provocación cuyo único final es la solución fascista, el holocausto de la democracia. Fue como los Tupamaros uruguayos pero en dosis de caballo. Fue como lo de los Firmenich en Argentina pero en dimensiones bíblicas.

Fue la imitación sudamericana del modelo camboyano de Pol Pot, el que a su vez fue la interpretación de Mao bajo las bombas de napalm de los Estados Unidos derrotados.

Bombas de fósforo gelatinoso más marxismo hidrófobo: igual Pol Pot en 1975: el año cero de la historia, la abolición de la moneda corriente, el incendio de los registros públicos, el asesinato de los intelectuales y académicos, la quema de museos y bibliotecas, los dos millones de ajusticiados, la larga marcha de Yenán hacia los arrozales.

Pol Pot propuso el regreso a las cavernas para empezar desde allí una civilización que fuese siempre rural, que no se contaminase de industrialismo ni de consumo, ni de curiosidad ni de deseo. Guzmán quiso lo mismo para el Perú.

Su saña para con los programas de mejora de semillas, su salvajismo para volar la infraestructura que podía favorecer al campo, revelan a un Mao con taparrabos decidido a crear un paraíso de cazadores y recolectores donde la igualdad sería requisito y el terror actuase como aglutinante.

Y cuando los chinos se deshicieron doctrinariamente de Mao y empezaron las reformas que les permitieron salir de la trampa, este loco que se creía filósofo, este alcohólico de vino Queirolo, este Hegel de Cangallo, este resentido múltiple que soñaba con que todos sufrieran lo que su madrastra le obligó a rumiar, este retrasado mental del marxismo mutante, este Pol Pot que jamás pisó La Sorbona y que nunca combatió al enemigo, este Guzmán, en suma, colgó perros que debían recordar a Ten Siao Ping y se proclamó la cuarta espada de la revolución mundial.
Ni cuarta espada ni nada.

Sus escritos eran balbuceos pedestres y copiandanga de Sun Tzu. Su marxismo no llegaba a ser sanmarquino y carecía de sintaxis. Y sus aliados eran gentuza que venía directamente de las chusmas jacobinas soltando la carcajada a la hora de la guillotina.

Nunca antes habíamos visto tan temeraria a la ignorancia (“el Perú es un país feudal”); ni con tantas coartadas al homicidio en serie (“lo de Lucanamarca fue un exceso”); ni con tantas ínfulas al fanatismo autómata (las porristas de Sendero en Santa Mónica imitando el dancismo de Mao); ni tan amenazante al maniqueísmo; ni tan rufián el culto a la personalidad; ni tan cínicos a los salvadores que mataban a la gente que no quería ser salvada.

Y ahora este verdadero miserable, este hombre que fue sinónimo de muerte a traición y que tuvo la indignidad de traicionar su propia muerte a la hora señalada, pide que lo consideremos como un preso político y que terminemos de negociar con él la paz, primero, y, luego, la amnistía general.

O sea que este se cree guerrillero heroico, Che de Lucanamarca y Bolívar de Tarata. No, señor. Usted no fue un guerrillero enfrentado a un ejército. Usted logró exasperar a los moderados, arrinconarnos, y obtener su botín: que el ejército sospechara de todos y que igualara, en muchas ocasiones, sus infamias generalizadoras. Usted no fue un guerrillero resistente.

A usted le fascinaba mandar a matar en emboscadas donde la ventaja para los suyos era diez a uno y ordenaba, además, que si había niños de por medio a nadie le temblase la mano en el momento del dinamitazo.

Pero a usted sí le tembló la voz cuando su mujer hubo de protegerlo del muy pacífico Antonio Ketín Vidal. No sé qué reprocharle más: si su furia insensata, nutrida del leninismo universal, o su cobardía extrema, de manufactura estrictamente nacional. Que lo perdone su santa madre, señor Guzmán.

agosto 28, 2006

Políticos desprestigiados

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 12:58 am

(La Primera) Políticos desprestigiados

¿Por qué la política peruana está tan desprestigiada entre los jóvenes? Ensayo algunas respuestas. Porque la mayor parte de los políticos profesionales no cumplen sus promesas pero sí cumplen, de modo implacable, lo que jamás prometieron.

Porque esa gente quiere hacernos creer que se desvive por los pobres cuando, en realidad, aspira a ser rica, aupada en el poder gracias a los pobres diablos que pudo engatusar.

Porque en el Congreso el promedio de coeficiente de inteligencia podría aparecer en el libro Guinness, para orgullo de los orangutanes y del loro gris de Oceanía.

Porque en los partidos políticos, que viven dizque de la democracia, no hay democracia interna y la voz del amo suena más alta cuando de hacer las listas electorales se trata.

Porque ningún partido político declara quién lo banca, qué intereses representa, cuánto chinchín puso el hombre del oro, la corporación de los humos, el Banco del Espíritu Santo.

Porque la mayor parte de nuestros políticos ha dedicado su vida a trepar, entre intrigas y traiciones, en el palo ensebado de sus partidos, y hace años que no lee; lo que se demuestra a cada momento, a la hora de confundir autores –caso García metiéndose con Rubén Darío o llamando César Rodríguez al célebre César Atahualpa Rodríguez–, citar mal –caso Villanueva cuando masacraba a Antonio Machado–, o mantener la más absoluta virginidad neuronal –caso señorita Luciana León, que –o sea– está esperando un chorro de células madre para activar el frontis del cerebro.

He citado tres casos vinculados al Apra, pero eso no significa que la incultura sea monopolio de la calle Ugarte. En la izquierda nacionalista hay brutos de estatua, homenajes a Platero, imitadores espúreos de Rocinante a la hora del relincho con curul.

Y no se diga nada de la derecha, donde desde hace años la palabra cultura produce náuseas y mareos, los libros están prohibidos –excepto aquel de Bradbury donde las bibliotecas se quemaban- y una exposición de los impresionistas fundadores puede ser confundida con un congreso sobre nuevas rotativas.

La derecha no cesa, además, en su producción de ágrafos que escriben y afásicos que se creen Demóstenes: allí está, en un diario amigo, un jovencito apellidado Garrido, a quien conocí cuando era un cachorro inofensivo y que hoy es el Lay Fun del empresariado hereditario, alguien que cree que el socialismo es envidia y que el derecho de abusar de los trabajadores y vender laboratorios con trampa es parte de la monarquía absoluta que los pirañitas de las 4×4, o sea él y sus amigos, perpetuarán en el Perú como los borbones perpetuaron su bobería en la península.

Para abreviar, para muchos efectos política y traición son sinónimos. Política y cinismo suelen ser hermanones. Política y latrocinio van cogidos de la manita. Política e ignorancia se revuelcan en los hoteles suburbanos.

¿Qué no es cierto del todo?
Nada es cierto del todo, pero lo que pasa es que en este país las excepciones permanecen calladas y lo que prima es la grita del promedio. Y hace bastantes años que la inteligencia no se interesa por la política, como en los tiempos de Porras o Víctor Andrés Belaunde, para no hablar de Mariátegui.

¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué debates, cuando las dictaduras no los interrumpían! Tuve un tío brillante y bueno –Américo Pérez Treviño–, expulsado junto a sus compañeros apristas de la Constituyente de 1932 y exiliado hasta su precoz muerte en Venezuela, que se perfilaba como toda una figura política.

Pero él venía de la inquietud literaria y fue a la política porque en ella estaban Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego o Alcides Spelucín, para citar sólo a tres luminarias de la intelectualidad aprista.

¿Quién puede sentir nostalgia por un país que no conoció personalmente o en los libros? Por eso es un crimen de leso pueblo no haber leído historia del Perú.
Y allí están los analfabetos funcionales haciendo de las suyas.

Fernando Andrade, por ejemplo, lanzando su candidatura a la reelección después de que se hizo público que su hermano Gustavito extorsionaba a buscadores de licencia con complicidad del municipio. ¿Volverán los miraflorinos a apoyarlo?

¿Lo harán después de enterarse de que el denunciante que grabó esas vergüenzas ha sido enjuiciado por el municipio del señor Andrade bajo la aparentemente equitativa acusación de “corruptor”? ¿Aceptarán ese mensaje intimidatorio que da este auténtico mafioso de la política vecinal?

Y allí está el señor Jorge del Castillo, otra vez perdiendo las finezas que a ratos se impone y llamando majaderos y comunistas sin reciclar a los que no piensan como él en el caso de Chile. Bien basto el señor del Castillo.

¡Pero si fueron los comunistas los que precisamente inventaron eso del internacionalismo proletario, la supresión de las fronteras, la erradicación de las identidades nacionales y la dictadura global de una clase! O sea, lo mismo que el liberalismo global pero al revés.

Y cuando del Castillo llama a Carlos Ferrero hombre de sucesivas lealtades, está en lo correcto. Pero olvida que el ilustre fundador de su partido hizo lo mismo sin cambiar de camiseta: marxista, revolucionario, centrista, derechista, ultraderechista (con Julio de la Piedra), otra vez centrista y más tarde ambiguo en su silencio de hombre para la muerte y más tarde santificado en la superchería acrítica de quienes lo veneran porque terminarán siempre imitando su práctica de camaleón inmóvil.

agosto 26, 2006

Redentor de excrementos

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:50 pm

(La Primera) Redentor de excrementos

Alberto el Grande no fue un rey conquistador sino un monje dominico próximo al mito y convertido a las ciencias ocultas. Podría haber vivido en el siglo XVI, rodeado de misterios y obsesionado con algunas facetas de la alquimia, pero lo más probable es que se tratara de un personaje incierto detrás del cual se ocultaba todo un colectivo.

Lo real es que con el nombre de Alberto el Grande salieron, en el último tercio del siglo XIX, una serie de libracos raros plagados de consejos sucios y fórmulas salvadoras para casi todos los males del cuerpo y el espíritu.

La editorial catalana Tinta Fina, empeñada en republicar facsimilarmente libros inverosímiles, ha publicado el que sería el más buscado de los mamotretos de Alberto el Grande: Los admirables secretos…, aparecido alrededor de 1850, y simultáneamente, en México, Buenos Aires y Barcelona.

Hacía mucho tiempo que un libro estrafalario no me hacía reír tanto y quisiera compartir con mis lectores algunas de las sugerencias de este grafómano sin par.

Una de sus especialidades, por ejemplo, era redimir el excremento, de modo que nada se desperdiciara y que toda materia, sin parar mientes en olores o sabores, pudiese sernos de plena utilidad y hasta de uso terapéutico.

Así, Alberto el Grande recomienda caca de ratón, mezclada con miel, para hacer crecer el pelo “en cualquier parte del cuerpo”; defecación de oveja, remojada en vinagre, para verrugas y forúnculos; estiércol de cabra, mezclado con harina de cebada y en forma de cataplasma, para tumores y durezas de rodillas y, juntada a la manteca fresca y al aceite de nueces.

Inmejorable para los panadizos; mierda de ganso diluida en vino blanco y tomada durante nueve días, a dracma por día, como curalotodo anímico y vitaminoso; boñiga de vaca, servida en hojas de parra y calentada entre cenizas, para la ciática; mezclada con vinagre, excelente para hacer supurar las glándulas escrofulosas; y servida frita a la sartén, adjunta a flores de camamila, rosas y melisa, milagrosa para los brazos lastimados.

Coprófago clínico, coprocultor, mierdero tenebroso, Alberto el Grande parece haber dedicado parte de su vida a estremecerse el paladar y el estómago con las exigencias más atroces.

Sostiene que aún mejor que la bosta de vaca es la de ternera, también frita en aceite de oliva, y que la excrecencia sólida de las torcaces, mezclada “con grana de berros”, es insuperable “para el dolor del hueso isquión”, así como, asociada a dos dracmas de mostaza, resulta buenísima como desinflamante de bubas.

Hasta la vulgar porquería de las gallinas puede ser salvadora para impedir el envenenamiento de las setas –apenas detectado, claro– y ni qué decir del mismo producto, chocolateado con melaza, para curar la sofocación; usado como emético es bueno para el empacho grave y, convertido en emplasto frío y aceitoso, indicadísimo para las quemaduras de leves a moderadas.

La caquita del lagarto pequeño tiene también su rol, aunque este es cosmetológico más que estrictamente medicinal. Mezclada con huesos ciáticos vacunos, tártaro de vino blanco, raspadura de cuerno de ciervo, coral blanco y harina de arroz a partes iguales, se obtiene una crema que ya hubieran querido los químicos de Lancome. Alberto el Grande precisa sus beneficios: “porque quita todas las arrugas, blanquea toda la piel, da tinte sonrosado a la carne y hace agradables a las damas”.

No hay materia que Alberto Grande no convierta en mejunje providencial, no hay orina que deba desperdiciarse, no hay cáscara que sea desechable ni comején que debiéramos mirar por sobre el hombro. Hasta la saliva humana, sobre todo la de la mañana –“cargada de acrimonia”, subraya este sabio que cita a Galeno y a Aristóteles– resulta prodigiosa para matar reptiles venenosos. Él mismo afirma haber matado áspides con un bastón untado en saliva mañanera.

La naturaleza es una botica y las secreciones son tubos de ensayo, fórmulas magistrales con aspecto de pichi o caca, milagros nauseabundos. Las lombrices de tierra, confitadas y aplicadas a los nervios cortados, reconectan uniones y, con grasa de pato, “apaciguan los dolores de oído”.

Pero Alberto el Grande no se satisface si no llega hasta el fondo de su propia miseria consoladora: en la página 126 de su recetario de inmundicias afirma, con pruebas que dice tener, que no hay nada mejor para expeler lombrices y tenias –“sin apercibirse de ello”– que un vaso con chinches nadando en vinagre fuerte.

Y si la carcoma de la madera tampoco es despreciable porque detiene la podre de las pústulas; o el hollín, quemado a la lámpara, imprescindible para las fluxiones acuosas de los ojos, el seso de la liebre precipita la salida de los dientes en los niños que sufran de ese atraso.

Para darnos una pista de su antigüedad, Alberto el Grande se permite estas líneas autobiográficas: “El año 1535 muchos murieron de disentería en Nápoles; yo curé más de 300 haciéndoles beber polvo de caracoles tostados, mezclados con moras de zarza, pimienta blanca y agallas secas pulverizadas”. Es una de sus pocas recetas exoneradas de productos de algún tubo digestivo.

En fin, si hasta hace unos días creí, como muchos de ustedes, que éramos lo máximo en el asunto del jarabe de culebra y el zumo de rana bestialmente acabada de licuar, que éramos el pueblo de los hueseros y los brebajes que te abrevian la vida, es que no había leído a Alberto el Grande.

Qué le importará a Plutón

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:45 am

(La Primera) Qué le importará a Plutón
Desde su helada soledad, Plutón debe haberse burlado de la degradación de la que ha sido víctima. Qué le importará a Plutón que unos bobos en la Tierra, este planeta condenado por la Shell y los Bush a morir intoxicado, lo hayan declarado asteroide, vana cosa remota, celeste cojudez.

Plutón fue siempre conflictivo y quiso permanecer misterioso al ojo humano todo el tiempo que pudo. Nunca le importamos.

Como se sabe, el astrónomo norteamericano Percival Lowell lo intuyó por ecuaciones matemáticas pero no pudo confirmar su existencia.

Lowell murió en 1916 torturado por la carencia de una prueba científica pero, en el fondo, convencido de que algún cuerpo de relativa importancia tenía que ser la fuente de las anomalías observables en la órbita de Urano.

Catorce años más tarde, en 1930, el estudio minucioso del astrónomo, también estadounidense, Clyde Tombaugh, recién dio la partida de nacimiento, desde el laboratorio Lowell de Arizona, al entonces último pupilo del sistema solar.

A la hora de ponerle nombre, hubo discusiones. Se impuso el criterio de que debía incluirse, en el nombre que fuese el escogido, las letras P y L como homenaje a su buscador fallido Percival Lowell.

Dada esa restricción impuesta por la gratitud surgió el nombre de Plutón, equivalente romano de Hades, que en la mitología griega fue, originalmente, hermano de Zeus, rey del centro de la tierra y de sus barrancos infernales, monarca de aspecto horripilante al que ninguna mujer se le acercaba, al punto de que para gozar de hembra tuvo que raptar a Perséfone, con quien llegó a juzgar las almas de los muertos ayudado por las Harpías, con mayúscula, y el tricéfalo perro Cerbero.

Pero pocos siglos antes de la era cristiana, los Misterios Eleusinos cambiaron a Hades y lo transformaron en divinidad benevolente y, más bien, dadora de parabienes y fortuna –lo que demuestra que la mitología occidental también conoció el arte del transfuguismo– hasta que los romanos le abrieron las puertas de su panteón bueno con el nombre de Plutón.

Más tarde, el mito de los romanos hizo de Plutón un hermano de los dioses Júpiter, la máxima divinidad terrestre desde los tiempos de Numa Pompilio, y Neptuno, tardíamente equivalente al griego Poseidón –aunque nunca dejó de asociarse con las caballerías y los hipódromos–.

Nunca pudo espiarse a Plutón, cuya elusiva diminutez hubiera podido ser descifrada si George Bush no hubiese cancelado, en abril del 2001 y por “falta de presupuesto”, la expedición más ambiciosa de la NASA: el viaje de la nave Pluto-Kuiper Express, que, lanzada en el 2004, habría llegado en el 2012 a las proximidades astronómicas de Plutón y que luego debía orientarse hacia el Cinturón de Kuiper, un anillo de miles y miles de cuerpos en eterna gelidez y que parecen ser los fósiles en movimiento del sistema solar tal como fue en su origen.

Con su órbita extravagante e invertida, su apretado diámetro de 2,300 kilómetros, sus 220 grados centígrados debajo de cero, su distancia de la Tierra de cinco mil novecientos millones de kilómetros, su apasionantemente oscura luna Caronte, que apenas tiene la mitad de masa que el ayer destituido planeta, Plutón es una roca gigantesca y muerta, un volátil monumento a la nada y un sombrío testimonio de la arbitrariedad que de los cielos siempre vino.

Su invierno, si se puede llamar así al período de congelamiento extremo, dura cien años nuestros y su viaje alrededor del Sol, siguiendo una órbita que es la más oval y errática del sistema, toma dos siglos y medio en medición terrícola.

Pero lo que más escalofría de Plutón es su atmósfera abiertamente envenenada y letal: gases de metano en trance de congelación, nitrógeno helado, nubes de monóxido de carbono, cielos sólidos en su invierno centenario y arrasadoramente gaseosos en los otros ciento cincuenta años de su órbita solar.

Hace sólo 28 años es que, gracias al telescopio Hubble, pudo descubrirse a la luna de Plutón, llamada comprensiblemente Caronte, como el viejo barquero encargado de transportar a los muertos a la orilla del infierno.

Antiguo satélite de Neptuno según muchas teorías astronómicas, Plutón debió sufrir un choque colosal con otro cuerpo –se supone que pudo ser Tritón, otro súbdito orbital de Neptuno–, resultado de lo cual surgió también Caronte, el pedazo más pequeño lanzado a los extramuros del sistema por la colisión.

Si el Sol es para Plutón apenas una luz mortecina, unos cuantos vatios sin ninguna esperanza en los abismos de la soledad, si Plutón, en suma, es un infierno helado y un Alcatraz de las inmensidades más remotas, ¿creen ustedes que nos habrá tomado en cuenta por haberlo ayer humillado desde la vana gloria de este planeta que enrumba a parecérsele?

agosto 23, 2006

No se preocupe, doctor García

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:08 pm

(La Primera) No se preocupe, doctor García

El doctor Alan García prometió revisar el TLC con los Estados Unidos porque lo consideraba apresurado e injusto.

El presidente Alan García piensa ahora que el TLC es justo y pertinente. Por eso ha nombrado a Hernando de Soto, que dice que al TLC no hay que tocarle ni un pelo, para un cargo fantasmal que perseguirá una tarea imposible: hacer que el TLC chorree a los pobres lo que la política económica del doctor García no podrá lograr.

Esto de Hernando de Soto es un sicosocial a dúo, un musical benévolo que vino de Broadway y estará en el Segura una breve temporada.

Porque la verdadera tarea del brillante Hernando de Soto, la única misión del autor de El otro sendero es ir a los Estados Unidos a presionar con su inglés bostoniano para que la firma del TLC de Toledo se cumpla, sí o sí, como decía el ex presidente y como dice, pero en privado, el doctor García.

El doctor García juró que la Constitución de 1979 era un palitroque a tumbar. Y no por capricho sino porque la vigente, la de 1993, había sido parto autoritario del fujimorismo.

El presidente Alan García piensa ahora que la Constitución de 1993 debe de quedar intacta, como el TLC con EE.UU.

¿Qué lo ha hecho cambiar? El cambalache del tango, la butifarra del Cordano, la vaina de Palacio, la vida en suma, que es sucesión de escamas y colores en las mudanzas de la trepadera política.

El doctor García pensaba en la campaña, y lo gritaba en los mítines con esa oratoria que estaba entre José Santos Chocano y Constancio C. Vigil, que los trabajadores estaban maltratados en el Perú. Y tenía razón. Por eso muchos trabajadores lo aclamaban: palmas, compañeros, a más calumnias más aprismo, compañeros.

El presidente Alan García piensa ahora que la propuesta honrada de Javier Velásquez Quesquén, la modesta propuesta que consiste en moderar levemente el mecanismo del despido arbitrario, es inoportuna porque la rabia ultraliberal babea en los periódicos que antes sirvieron a Fujimori.

Y esa rabia asusta, da escalofríos, asaetea. Porque le recuerda al Presidente el síndrome de la estatización de la banca. Y porque el presidente García ha creído que sus excesos populistas de 1987 deben de ser compensados con su derechismo culposo de hoy, su hayismo convivencial de estos días, su odriísmo implícito y su ravinismo matizado de Prialé.

De modo que en vez de haber elegido a un presidente hemos elegido a un trauma. Es un trauma travestido que imita a Lourdes Flores, que se encostala en sus vestidos de abadesa rivaagüerina y santa Rosita del pardismo inmortal.

Y ese trauma nos gobierna en el extremo opuesto del populismo izquierdoso, o sea en el derechismo miedoso que pasa la alcancía entre los mineros, nombra a Julio Velarde –hombre de las AFP– presidente del BCR, corrige malamente a Velásquez Quesquén –rescatado más tarde por Mauricio Mulder–, le dice a Valle Riestra que se olvide de la Constitución de 1979 y tiene a Mariátegui y Palacios como orientadores del proceso, uno que amenaza desde un diario que debería estar quebrado porque sus dueños no le han pagado a la Sunat desde los tiempos de Espartaco, la otra que pontifica desde el canal de los Crousillat secuestrado temporalmente por El Comercio y La República.

O sea que el trauma que nos gobierna será trauma pero no es tonto porque ahora, llegado a Palacio con un mensaje renovador, dicta la política que soñó Haya dictar cuando la riquería ya lo había convencido de que debía ser un manso cordero de la hacienda Montalván, sí, la de don Pedro Beltrán.

Con lo que se congracia con el APRA del búfalo Pacheco, que en paz descanse, y se desvincula del APRA del Haya renovador y del Cachorro Seoane torturado por las incongruencias.

Porque no se trata de decirle al señor Presidente que rescate al Haya marxistón de ayer, inaplicable hoy porque los desafíos son de otra índole. Se trata de conservar un mínimo de espíritu centrista, un aliento de equidad y de justicia, una pizca de arrojo en contra de la “inteligencia” fujimorista que ayudó a vender y a hervir en pus el Perú que siempre despreciaron.

¿Para esto combatieron al fujimorismo? ¿Para seguir sus pasos? ¿Por eso los operadores de Jorge del Castillo están arreglando algunas cosas debajo de la mesa con los corsarios fujimoristas del Congreso? ¿Por qué no llaman, por fin, a PPK?
Han transcurrido 30 días y casi toda la prensa no hace sino adular la edad de la razón que hoy doma a Alan García.

Sólo decimos que entre la sensatez advertida y la mentira que embosca a los crédulos hay una diferencia. Y para todos los efectos, en algunas cosas fundamentales, el señor Presidente ha mentido.

Aunque quizás no deba preocuparse: la novelista norteamericana Evelin Sullivan publicó en el 2001 El pequeño gran libro de la mentira, un ensayo ambicioso sobre la inveracidad a lo largo de la historia. Blasfemamente, la señorita Sullivan nos recuerda que la advertencia primordial:

“Pero del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comáis; porque el día en que comáis de él moriréis”, fue una mentira. La mentira de un padre que quiso asustar a su hijo para que no lo desobedeciera. La mentira de Dios, nada menos. No tiene entonces de qué preocuparse, señor Presidente. Usted no es menos que Dios.

agosto 22, 2006

Bienvenido Mr. Foxley

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 2:57 pm

(La Primera) Bienvenido Mr. Foxley

Hoy es el día en el que Chile consolidará sus asimetrías con el Perú gracias al entreguismo impávido de Torre Tagle.

El señor Alan García, que casi no ha leído la historia del Perú, está feliz con bailar la macarena con la honorable señora Bachelet y con darle a su canciller García Belaunde plena autonomía para que baile la cueca del complejo de inferioridad con su pañuelito de apristón patagónico.

Pero veamos el asunto de los hechos concretos. Los cuadros estadísticos del economista Alan Fairlie, el único que ha alzado la voz sobre este asunto, son claros.

Perú exporta a Chile básicamente materias primas diversas y minerales en particular. El superávit reciente en nuestro comercio con ese país se explica por un solo producto: el molibdeno (como minerales de molibdeno y sus concentrados sin tostar), que fue el 61% de las exportaciones de Perú a Chile en el año 2005.

Aparte del protagónico molibdeno, el resto de nuestras exportaciones hacia Chile son aceites crudos de petróleo, aceite de hígado en bruto, zinc en bruto sin alear, plomo en bruto refinado, estaño sin alear y tres millones y medio de dólares en camisetas de algodón.

Chile, en cambio, nos exporta cosas más elaboradas, como productos químicos, papel y cartón, plástico manufacturado, gasolina de motores, nitrato de amonio, cátodos de cobre refinado, pañales y tampones, cigarrillos, preparados para bebidas no alcohólicas y un buen etcétera.

El interés de Chile es, por supuesto, conservar a largo plazo lo grueso de esta asimetría cualitativa, disimulando el inmovilismo estratégico con algunas concesiones tácticas que el doctor García pueda soltar entre los aplausos de sus chilenófilos simpatizantes.

Y, como dice Fairlie, si se tratara de modificar aranceles para liberar el comercio entre ambos países, bueno sería recordar que dichos aranceles ya han sido liberados.

En 1998 se liberalizaron 2,600 partidas del intercambio comercial Perú-Chile y en el año 2003 se hizo lo mismo con otras 2,440. Por lo tanto es un hecho que, en la práctica, tenemos un virtual acuerdo de libre comercio con el importante vecino del sur.

Ahora bien, en lo que va del 2006 el flujo de inversión chilena ha llegado a privilegiar tanto al Perú que nuestro país es, en este momento, la primera plaza de la expansión inversora chilena, con un 27%. Colombia ocupa el segundo lugar con 23%, Brasil el tercero con 18% y Australia el cuarto con 10%.

Siempre, y por razones que muchas veces tuvimos que padecer, fuimos importantes para Chile. Ahora somos vitales. No sólo por sus montos de inversión en el Perú sino porque el gas de Camisea, que debería abastecer el mercado interno, habrá de sacar del apuro energético a Chile.

Esto, por supuesto, si el doctor García sigue haciéndole caso al canciller de hielo (porque se derrite) que tiene al costado y con quien se le ve tan a gusto. Sí, el mismo que tuvo la debilidad mental de preguntar qué mano negra había detrás del triunfal anuncio de Chile de que la denominación de origen del pisco también era suya. ¡Ninguna mano negra, oiga usted, excepto la de la incompetencia y debilidad del Perú!

Según los datos de la Cámara de Comercio de Santiago de Chile –datos escrutados también por Fairlie– de 1990 al 2000 las inversiones chilenas en el Perú se habían repartido de la siguiente manera: 30% en industria, 37% en energía, 14% en bancos y financieras y 14% en comercio.

Hoy ese reparto ha cambiado y el monto global de la inversión de Chile ha llegado a ser de 4,500 millones de dólares. En el 2004, por ejemplo, el destino de la inversión chilena era: finanzas 37%, industria 25%, comercio 17% y energía 16%.

Para que ustedes tengan una idea de cuán importante es el Perú para Chile deberían saber que las últimas cifras disponibles, las del año 2003, señalan 295 millones de dólares en utilidades para Saga, 96 para Molitalia, 70 para Eckerd Perú S.A., 57 para Indeco S.A., 50 para Laive.

Y para ese año ya eran chilenas o tenían capitales chilenos las siguientes personas jurídicas: Diveimport, Tottus, Rosen Perú, Sociedad de Cartera del Pacífico, Inversiones Distrilima, Cerámica San Lorenzo, Ripley, Solución Financiera, Industrias Tricolor, AFP Unión, Peruplast, Americatel, Serbanco, Adexus Perú, Tech Park, Banco Solventa, Banco del Trabajo, Costa Perú, Boticas Fasa, Megafondo, Celite del Perú, Aetna International, Aetna Pensiones, Watt’s, Cinemark, Profuturo, AFP Nueva Vida, Editorial Enotria, Daewoo Electrónica del Perú, Profuturo AFP, Sociedad de Inversiones Valpo, Systral Perú, Corpora Tresmontes, Frutaroma del Perú, Dyno Nobel-Samex, Tramarsa. Para qué seguir.

Hoy el doctor García, que ha leído poco de historia, volverá a hablar de la razón del futuro y la fuerza de la proximidad. Cuánto quisiéramos creerle. Pero si le creyéramos, si eso fuera cierto, si la proximidad nos juntase de verdad para los desafíos comunes, ¿por qué Chile sigue armándose y tratándonos como lo que siempre fuimos para ellos, es decir eternos perdedores?

¿Con qué pisco brindará el doctor García? ¿No será el Piérola de la guerra del Pacífico el que él admira?

agosto 20, 2006

Elogio del fracaso

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:39 pm

(La Primera) Elogio del fracaso

El éxito suele ser el espejismo del hoy. Muchísimos fracasos son la posteridad del mañana. Vallejo no sólo murió en la miseria sino también en el ninguneo. Un gramo de la fama de Clemente Palma hubiera querido el cholo Vallejo en el París con aguacero y pescuezos de pollo como cena.

¿Y quién es Clemente Palma? Un célebre devorado por el tiempo, una estatua de arena.

¿Y quién es Augusto Aguirre Morales, el de “El pueblo del sol”? Una posteridad de serpentinas que el tiempo se llevó.

¿Y quiénes son Lora o Sassone, titanes literarios de su ayer? El éxito es un malentendido y el fracaso, un veredicto oscuro.

Por eso yo aprecio a los que no salen en la tele, donde salen los que no tienen qué decir aunque lo digan de modo inmejorable.

Amo a los tímidos y a los que jamás serán molestados por un autógrafo. Siento una infinita ternura por los tartamudos, los que agachan la mirada ante la agresividad, los que no encuentran las palabras para declararse a la mujer que los sobresalta, los despedidos de turno, los desheredados de terno lustroso.

Los que pudiendo gritar de rabia hallan la calma, los que miran a los lobos sin envidia, los engatusados por genealogía, los descendientes de las derrotas, los tataranietos de los colmos, los que se apagan en silencio, los que jamás entrarán al club Regatas, los carne de cañón.

Los cargadores, los últimos que jamás serán los primeros, los que están al medio de las colas en los hospitales públicos, los que ya no tienen mejilla que ponerle a la infamia, los que conservan la esperanza tomando un kirma aguado en la mañana, las mujeres que se quedaron tan solas como al comienzo.

Los hombres que lo perdieron todo, los que se creen poco y valen mucho, los que leen sin anteojos de cerca siendo présbitas, los que bajan desolados las escaleras del poder judicial, los que no aceptan que todo siga igual aunque todo siga igual desde que nacieron, las dulces mujeres que toman una sopa knorr sirviéndose de los bordes del plato, los palestinos que sólo saben de metralla.

Hemos creado un mundo donde el éxito, determinado por un consenso, por lo general imbécil, es la meta y donde el fracaso es una fosa común para todos los demás. Si alguien es demasiado crítico, o demasiado creativo, o demasiado loco, o demasiado preguntón, es rechazado por los empleadores de mayor cuantía.

Y esto es así porque eso de la era de la información es un cuento de chino opiómano. Al contrario: mientras más reduccionista sea tu cultura, mientras menos informado estés, mientras más ignorancias contengas, mientras más prejuicios te dominen, te irá mejor en la “era de la información”.

De allí el divorcio entre tecnología y humanidad, entre innovación y valores. Nos llenan de artefactos inútiles para distraernos mientras lo mejor del esfuerzo técnico se desarrolla en laboratorios de la muerte.

Cómo matar más rápido y económicamente, cómo diezmar sin bajas propias, cómo devastar sin esperar respuesta: tales son las metas científicas a las que se les dedica la mayor cantidad del dinero que los Estados Unidos imprime con cada vez más impunidad fiscal.

De tal modo que me pregunto: en un mundo donde la mayor parte de los libros son prescindibles, donde la literatura preferida es la de los aeropuertos, donde la ciencia mayor se dedica a perfeccionar el crimen, donde el desarrollo produce desempleo y la globalización mata las singularidades, en ese mundo que desprecia a sus mejores mentes y adora a Shakira, en ese mundo mandado hacer por idiotas belicosos, ¿qué es éxito y qué es fracaso?

¿Será un éxito adocenarse en una corporación de grandes sueldos? ¿Será fracaso ser consecuente con lo que se piensa y ser relegado?

¿Será éxito decirle sí a Bush y a los suyos? ¿Será fracaso ser apaleado a las puertas del Banco Mundial? ¿Será éxito ser como esos columnistas liberales a los que no les cabe ni la menor duda?

¿Será fracaso cuestionar este fandango? ¿Será éxito ser una callejera del periodismo y subirse a todos los carros del poder? ¿Será fracaso ser despedido por los callejeros del periodismo por reservarse una opinión?

¿Será éxito no tener compasión social? ¿Será fracaso llorar a solas por las ballenas que los japoneses siguen matando? ¿Será un éxito soñar sólo con dar órdenes?
¿Y fracaso será recibirlas sin hacerles demasiado caso?

agosto 19, 2006

Orgasmo e Iglesia

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:59 pm

(La Primera) Orgasmo e Iglesia

El orgasmo es la fiesta de los sentidos. Fue una palabra prohibida para las mujeres y no usada por los hombres en una sociedad que, siguiendo al cristianismo, puso al cuerpo en la celda de los castigos.

Para la religión mayoritaria en esta comarca el cuerpo es la residencia del pecado original y el origen y destino de la maldad. Es algo que llevamos a cuestas, un saco de carnes y huesos que la muerte hará descansar y que la mortificación disciplinará.

Las pinturas religiosas con desnudos exhiben el cuerpo matronal de las paganas o el levitante de los angelitos con la certeza de que esos cuerpos no significan nada en sí y que son tan sólo envolturas del espíritu, como si la metáfora del barro primordial del que estamos hechos nos dijera que jamás abandonaremos ese linaje degradado.

Si el cuerpo es el mal, el goce del cuerpo es la falta mayor. ¿Por qué el placer y el cristianismo siempre riñeron? Muy sencillo: porque la creación de la culpa como fundamento del miedo demandaba esa autoabominación. Sin culpa no hay miedo y sin miedo no hay Iglesia.

Sobre el caballo de la culpa original la Iglesia ha cabalgado dos mil años.
Dos mil años persiguiendo el placer mientras se ejerce el sádico placer de mandar no es poca cosa. Sobre todo cuando de mandar a la hoguera a los gozadores se trataba.

De la obra de Erich Fromm es perfectamente deducible que nada supera en narcisismo a la Iglesia católica, endogámica por naturaleza, blindada por sus dogmas, autosatisfecha hasta cuando pide perdón por sus errores.

La lucha eclesiástica en contra de la sensualidad no contrariada fue siempre extrema así como fue cómplice la posición del catolicismo respecto de la violencia.

La llamada indulgencia plenaria, es decir el perdón de todos los pecados, fue otorgada por los papas Alejandro II (año 1063) y Urbano II (año 1095) a todos los participantes de las Cruzadas aun antes de que estos partieran a matar moros por toneladas.

No al placer y sí al exterminio de los infieles. Se comprenderá que una religión así pueda considerar al sexo una inaceptable jurisdicción de la libertad. Porque una religión de estas características no puede aspirar a otra cosa que no sea la sumisión mental y el suicidio de toda racionalidad.

Y, desde luego, también a la renuncia a la soberanía individual expresada en la castración por mano propia de todo asomo público de goce. Por eso es que la palabra maldita es orgasmo, el viaje que Satán nos propone para contento de la carne, el tour del diablo hacia el centro medular.

El orgasmo es el olvido momentáneo del barro patriarcal del que venimos, la cima de todos los sentidos, la tormenta perfecta del sistema eléctrico que en el fondo somos.

Su persecución resulta clave para quienes aspiran a conservar el imprimatur de los libros y la censura de los cuerpos reteniendo para sí el derecho de juzgar cuando un coito puede tener la aviesa meta de no añadir un ser humano a la población.

Para Reich, la función del orgasmo sería, fundamentalmente, la de evitar la neurosis. Ya Freud había maridado la incapacidad orgásmica con la neurosis de angustia. Reich llegó a escribir: “No hay un solo neurótico que tenga esta capacidad” (la de disfrutar sexualmente).

De allí que sirva a la neurosis colectiva la sensación creada por la prensa más amarilla al asociar, casi siempre, el sexo con lo peor y más perverso de la especie.

Es un triunfo del oscurantismo castrador convertir en sinónimos sexo y paidofilia, sexo y asesinato, sexo y violación. En suma, sexo y muerte. Es como decir que como hay infecciones gastrointestinales epidémicas deberíamos prescindir del estómago.

Y cuando los cronistas de dos por medio hablan de que algún depravado “sació sus bajos instintos” no se sabe si ese modo de frasear alude a lo bajuno de la perversión o al hecho de que los genitales estén debajo del vientre.

El orgasmo es la idolatría pagana menos extirpable y, por lo tanto, más peligrosa para las jerarquías de lo oscuro. Cuando se ama la naturaleza deja de ser un enigma, dijo alguien. Y es cierto.

La función del orgasmo es recordarnos nuestra sociedad con la lluvia y el pasto, con el relámpago y las erupciones, con las manadas y las avenidas de los ríos. El orgasmo es el puente insuperable que nos une con los latidos, también desordenados, de la tierra.

Para quienes persiguieron a los heliocentristas y mandaron quemar a quienes descubrían la materialidad de la circulación sanguínea es lógico que la naturaleza sea el gran adversario.

Anatole France señaló con el énfasis que le era habitual: “No hay castos; sólo hay enfermos, hipócritas, maniáticos y locos”. Y eso que en los tiempos de France el Opus Dei no había sido fundado.

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