César Hildebrandt Blog

septiembre 8, 2007

Telenovelas

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 9:39 pm

(La Primera) Telenovelas
Antes de las telenovelas, el mundo estaba poblado por seres humanos.

Estos seres humanos reían ante algo gracioso, lloraban cuando convenía a las circunstancias, leían en sus ratos libres y hasta pensaban cuando las cosas se ponían difíciles y había que tomar decisiones.

Un día, sin embargo, un sujeto llamado Emilio Azcárraga, estando en el monte Sinaí tomando fotos durante un tour repleto de japoneses, vio unas zarzas que ardían y oyó la voz de un ángel que le decía:

–Tú cambiarás al mundo para que el mundo no tenga que cambiar. Tú harás telenovelas.

El señor Azcárraga, que era el CEO de Televisa –o sea el Cable Mágico de la mafia asesina del PRI– regresó al D.F. y se puso manos a la obra.

La primera telenovela fabricada fue el noticiero de su cadena, el mismo que sería el modelo universal para la lobotomización indolora del respetable. Dirigido por el profeta Jacobo Zabludovsky, el noticiero de los Azcárraga era una maravilla: corregía lo sucedido, inventaba inauguraciones cuando éstas no se producían, rebobinaba lo mal hecho, enderezaba los discursos del presidente, aseguraba que el PRI era un partido político y juraba por los santos evangelios que Salinas de Gortari, por ejemplo, no había nacido en Dakota del Norte, como había sucedido, sino en Oaxaca, que Salinas jamás conoció sino por los informes de la policía después de una masacre. A los tres meses de ver todas las noches a Zabludovsky los mexicanos empezaron a babear, a decir que Texas siempre había sido anglo, y a rezarle a la estatua ecuestre de Porfirio Díaz. ¡La profecía se había cumplido!

Pero la profecía no se había cumplido completamente.

Faltaban, claro, las telenovelas de a de veras.

El 9 de junio de 1958 Televisa secretó su primera obra de arte: “Senda prohibida”, que había sido radioteatro. Tenía todo lo que tendrían las telenovelas: un bastardo escondido, una malvada que era mala hasta cuando hacía pis, una niñita ingenua que terminaba en una cama de oro y un millonario que ponía la niña, la pinta y la cama. ¡La profecía seguía cumpliéndose!

Entonces vino “Muchacha italiana viene a casarse”, con Angélica María y Ricardo Blume, donde Giovanni Francesco, el millonario infaltable, termina casándose con la intrusa Valeria Donatti y todos felices comiendo perdices. Claro, en medio, ocurren cosas como terremotos de grado doce, asesinatos con clips, amores incumplidos, sueños deshechos y lluvias baratas de manguera de jardín. Fue la primera telenovela que Televisa estiró para que el negocio fuese más rentable, de modo que en los capítulos finales todo –excepto la estupidez– parecía transcurrir en cámara lenta.

A estas alturas de la marcha hacia el terral prometido, los mexicanos ya estaban convencidos de que sólo de rodillas se hacía la historia, sólo durmiendo se hacía patria y sólo viendo al Chavo del 8 se podía ser feliz. ¡La profecía!

Pero faltaban argumentos más bizarros, así que un día a los sucesores de Azcárraga, que también eran Azcárraga, se les ocurrió calmar a ciertos descontentos que habían sobrevivido a las hordas urbanas del PRI con un título que no podía fallar: “Los ricos también lloran”. ¿Ven qué ingeniosos? No es que sólo los pobres, o sea casi todos, lloraban. Es que los tipos como Azcárraga y como Slim también tenían glándulas de llanto.

“Los ricos también lloran” fue un éxito tan loco que los guionistas de Televisa, que cobraban diez pesos por página, recibieron la feliz noticia de que el público quería más y había que darle más. Y por supuesto que le dieron más: Verónica Castro, que ya estaba a punto de ser feliz después de tres años de transmisión, tuvo que volverse loca, dejar tirado a su hijo en un parque (sólo para reencontrarse con él quince años después). Aquí, desde luego, no sólo había un millonario: eran falanges de ricos las que desfilaban y todos ellos tenían mostachos tembleques, cigarreras de oro bamba y ese tono de dobladores de John Wayne que siempre cae tan bien.

–Pero falta una puta –dijo un Azcárraga que todavía hablaba–.

–Sí, falta una puta –dijo el equipo de guionistas al unísono.

Así que inventaron a La Colorina, que, como todo invento de Televisa and Bryce Corporation, era un plagio sacado de la televisión chilena. Lucía Méndez hizo de cabaretera aguardientosa que se casa con un millonario y después, de purita maldad, lo chantajea y le vende su hijo. (Como la historia daba para más, años después Televisa reciclaría a “La güera Salomé”, que era Colorina modelo 2001).

Para entonces ya el PRI mataba a sus propios candidatos (Luis Donaldo Colosio, que se quiso salir del libreto de los Azcárraga) y no se sabía dónde mirar: si a la pantalla o a la calle porque ambas terminaron siendo iguales. Sólo que en la calle te mataban de verdad y en los estudios de Televisa te mataban con balas de salva. Pero el resultado era el mismo: muerte cerebral.

Se ha muerto un señor llamado Ernesto Alonso y han saltado unos a celebrarlo y a decir que las telenovelas han cumplido un rol positivo en estos páramos.

Bueno, permítaseme discrepar. Desde que ese Félix B. Caignet vomitó a Albertico Limonta y a sus dos madres –una blanca y otra negra, como en las damas–, las telenovelas han hecho una incuantificable contribución al proceso de convertir a grandes porciones de la población (de todas las clases) en seres que reniegan del homo sapiens, piensan dos veces al año (cuando compran regalos), creen que George W. Bush es iraquí y por eso anda en Bagdad como en su casa y están convencidos de que Alberto Fujimori ignoraba qué hacía su fiel y seguro servidor Vladimiro Montesinos.

La telenovela es –no como género sino como experiencia concreta– otro modo de deshumanizar a la gente.

septiembre 7, 2007

Rocotos como turbinas

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 2:37 pm

(La Primera) Rocotos como turbinas
La señora Lourdes Alcorta puso las pesas de 70 kilos en su lugar, escupió el tabaco que tenía desde el día anterior en la boca, pateó al gato que quería frotársele en las piernas, y dijo, carraspeando:

–Que la APCI se ponga un rocoto ya sabe dónde pero que se apure en este asunto de controlar a Chávez y a las ONG comunistas que nos invaden.

Un periodista le preguntó qué pruebas tenía para hablar de las ONG comunistas, pero la señora Alcorta le cortó la viada bruscamente.

–¿Quieres que te saque por la ventana de un sopapo, alfeñique de porquería? –preguntó–. ¿No has leído acaso La Razón? –añadió–.

Entonces la señora Alcorta leyó un editorial de La Razón, un enérgico texto que parecía inspirado en los manuales de la CIA, en la Escuela de Desinformación de Panamá y en los textos fundacionales de la DINA de mi general Pinochet y mi coronel Contreras.

Al terminar de leer, la señora Alcorta solicitó permiso para practicar en las barras paralelas otras dos horas mientras contestaba las preguntas que tuvieran a bien hacer los pocos periodistas que aún quedaban.

–¿Qué opina de Alan García? –le preguntó una practicante de voz tímida.

–Que es el mejor presidente de la República que Unidad Nacional ha tenido –dijo la señora Alcorta sin pensarlo dos veces.

–¿De Unidad Nacional? –casi tartamudeó la practicante.

La señora Alcorta se bajó por un momento de las barras paralelas, la miró compasivamente y agregó:

–Sí, de Unidad Nacional, que es el nuevo nombre de la vieja Apra, por si no lo sabías, hijita. ¿No sabías que nos hemos unido?

–¿Y el fujimorismo, qué papel cuenta? –intentó hacerse el audaz un egresado de la de Lima que ahora trabajaba casi gratis para el imperio macilento de los Miró Quesada.

–El fujimorismo es la sal de la tierra, don Mamón –dijo la señora Alcorta haciendo un gesto que sería difícil de describir pero fácil de reprobar.

–¿Qué quiere decirnos? ¿Que esta es una alianza ya de tres instituciones? –preguntó solemnemente el reportero en vivo de RPP, la que muchas veces era, al igual que en Chile, la Radio Minería del dial nacional.

–¿Estamos en directo? –preguntó la señora Alcorta.

–Pues bien. Ante la agresión de Chávez, ante la amenaza de Irán y sus bombas atómicas, ante la labor de zapa de la Comisión de la Verdad, las fuerzas vivas y democráticas del Perú –es decir, Unidad Nacional, el Apra y Sí Cumple– han decidido cerrar filas y sostener la gobernabilidad.

–Han sido las palabras de la congresista Lourdes Alcorta –dijo el reportero de RPP–. Adelante ustedes.

La señora Alcorta aprovechó el corte de la transmisión en directo para escupir otra vez. Dos aureolas de atlético humor le brotaban de los sobacos.

–¿No hay ninguna pregunta sobre Majaz, mequetrefes? –preguntó, de lo más exquisita.

–¿Qué opina del asunto Majaz? –condescendió la practicante.

–Ese es el segundo rocoto que tiene que ponerse la APCI de Cucho Haya en salva sea la parte. ¿Qué espera la APCI para sacar del país a todos los curas Aranas que se oponen a la minería? ¿No les digo? ¡O rocoto o transfusión de huacatay! –exclamó.

–¿Y en el asunto de la alianza política de la gobernabilidad, no está la doctora Lourdes Flores? –preguntó un periodista de El Mercurio.

–La doctora Flores ha decidido solicitar una década sabática y se la hemos concedido –dijo la señora Alcorta sin mostrar ningún nerviosismo.

El periodista de El Mercurio sonrió con cierto aire de complicidad. No había nada que hacer, pensó: los peruanos cada día aprenden más.

–¿Y algún día tendremos patrulleros, al paso que vamos? –se atrevió una chica de “Ellos y ellas”.

–¿Y a ti qué te importa? –retrucó la señora Alcorta con el más sonoro de los desprecios. ¿Sabes cuánto tiempo hemos estado sin revisiones técnicas, sin Tribunal Constitucional, sin Fuerzas Armadas, sin ropa interior? ¿A qué viene tanto apuro?

–La gente se queja –repreguntó la chica de “Ellos y ellas”.

–La gente, la gente, la gente. Ya aburren hablando en nombre de la gente. No es la gente. Es La Primera, son los comunistas de toda la vida. Es Lévano. Es Wiener. Son esos rojos aguafiestas.

–¿Pero los comunistas no es que habían muerto cuando les cayó el muro encima? –preguntó otro practicante, uno que trabajaba desde hacía diez almuerzos en uno de los periódicos más importantes de Lima.

La señora Alcorta se demoró fracciones de segundo en llegar hasta donde el practicante, sacudirlo de las solapas, abofetearlo a la española –arte que había empezado a practicar en el nido de requetés donde había pasado su infancia–, golpearle los testículos con la mejor de sus rodillas de pesista bielorrusa y, para coronarlo, cabecearle la parte más prominente de la nariz con lo más cóncavo de su frente de clases.

Cuando lo vio en el suelo, humillado y sangrante, hinchado y narigudo, volvió a escupir sobre el suelo charcoso del gimnasio.

–¿Eres caviar, verdad, cojudito? –preguntó.

Canal N había dejado de transmitir por fallas técnicas.

La señora Alcorta apareció esa noche dictando cátedra en el canal de Baruch Ivcher. Sólo escupió durante las tandas de los comerciales. Volvió a advertirnos que con Chávez había que tener cuidado. Pero mucho cuidado. Y más cuidado con Lévano, eso sí.

septiembre 6, 2007

70 años del Guernica

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:52 am

(La Primera) 70 años del Guernica
Este es el año de los setenta años del Guernica. Es muy famoso el Guernica y quizás muchos de los chicos de hoy lo han visto como han visto las camisetas del Che: como mercancía, superstición culposa, progresía de marca.

Ya pocos recuerdan por qué Pablo Picasso pintó esa pesadilla y por qué esa pesadilla no es parte del pasado sino que es la que sueñan por obligación los iraquíes bombardeados, los palestinos masacrados a fuego lento, los iraníes ya a tiro del Dios que Bush dice amar.

Hoy hay muchos Guernicas pero no hay un solo Picasso. Los pintores de hoy no se ensucian con sangre ajena o próxima: están demasiado dedicados a decorar mansiones petroleras, museos inútiles y salones de directorio.

Los pintores de hoy, al igual que la mayoría de los escritores, no conocen la cólera ni frecuentan los juicios éticos sobre el mundo de mierda que unos llenan de colorinches y otros de naderías aprobadas por alguna cetácea catalana. Pintores y escritores fueron rebanados, en castración indolora, por un sistema que les enseñó a ser expresionistas abstractos antes que seres humanos, palabreros mucho más que artistas, arribistas primero que nada. El asunto es no incomodar al sistema mundial de dominación y ofrecer entretenimiento donde antes hubo verdades, rositas donde ayer crecieron flores del mal y hierbamala, mariconadas etnogeométricas donde antes estuvo Goya sangrando con la historia y respirando junto a los heridos.

Los escritores de hoy huyen de la realidad y se van a sacar una visa a la embajada norteamericana. Los pintores de la evasión no es que desprecien “lo social”: es que ni siquiera leen el periódico.

En medio de este autismo estético, impuesto por una derecha que ha vencido con sus paradigmas ante la complacencia arrastrada de los intelectuales, se yergue, invicto y vigente, dramático y actualísimo, el Guernica de Pablo Picasso.

El 26 de abril de 1937, hace 70 años redondos, Gernika –así se escribe en el idioma de los vascos– fue casi borrado de la faz de la Tierra por las hordas aéreas del fascismo alemán e italiano. El fascismo, como todos sabemos, es el capitalismo sometido al jaquemate de los descontentos. En ese momento, al ver perdida la partida, la condesa llama a Franco, el príncipe le da un beso de Judas a Mola y el dueño del Banco de Crédito le toca la puerta a Martin Rivas.

Pero volvamos al 26 de abril de 1937.

Son las 4 y 30 de la tarde, es lunes y es tarde de mercado en Gernika. Sus 5,500 habitantes son ahora 7,500 porque han llegado unos dos mil refugiados del frente, perforado por el empuje profesional del franquismo.

Gernika no es un objetivo militar porque está a 25 kilómetros del frente de batalla y porque sólo abriga, al sur de la ciudad y lejos de las zonas pobladas, una fábrica de armamento de poco significado.

Si alguien quisiera “extirpar” esa fábrica desde el aire podría hacerlo sin necesidad de tocar la ciudad.

A las 4.30 p.m. empieza el infierno. Un avión alemán Dornier-17, salido de Burgos y que es parte de la División Cóndor, arroja las primeras bombas rompedoras de 50 kilos. De inmediato, tres aeronaves Saboya-Machetti, de la aviación italiana, lanzan 36 bombas sobre el centro histórico de la ciudad. Enseguida, atacan los también germanos “Heinkel”, esta vez con bombas de 250 kilos. Detrás de los “Heinkel” vienen los cazas “Fiat CR-32” –italianos–, que tienen por misión ametrallar a quienes huyen del bombardeo.

A las 6 y diez de la tarde arranca el ataque más demoledor. Tres escuadrillas de “Junkers-52” –aviones alemanes equipados con poderosos motores BMW– lanzan, en sucesivas pasadas, 20 toneladas de explosivos y 5,472 bombas incendiarias. Detrás, para ametrallar a los sobrevivientes, descienden en picado los “Fiat CR-32” y los “Messersmitt BF-109”, engreídos del general alemán F. von Kichtoppen, comandante de la división aérea que Hitler y Mussolini han puesto a disposición del general Franco y sus golpistas.

Gernika se derrumba y arde. Buena parte de las muertes ocurre en los refugios aplastados por las bombas de 250 kilogramos. El 74 por ciento de la ciudad está en ruinas (271 casas y edificios). La fábrica de armas y el puente de Rentería, sobre el río Oca, están intactos. Los únicos dos potenciales blancos militares de Gernika no han sufrido daños.

Veintiocho mil toneladas de explosivos llovieron sobre Gernika desde las 4 y 30 hasta las 7 y 30 de aquella tarde de hace 70 años.

George Steer, corresponsal de The Times y The New York Times, encabezó así el despacho que hizo espantosamente famosa a la ciudad mártir:

“Bilbao, 27 de abril de 1937.- Gernika, el pueblo más antiguo de los vascos y centro de su tradición cultural, fue totalmente destruido ayer por la tarde…”

Al día siguiente, ante el escándalo mundial, Franco niega el bombardeo. Dice que la lluvia “ha impedido la salida de los aviones”. Dice también que el incendio romano de Gernika “debe ser obra del separatismo rojo y de los republicanos”. Añade que “no hay tropas alemanas, ni terrestres ni del aire, en España”.

Tras la destrucción de Gernika, el general Mola, el segundo de Franco, suelta esta octavilla sobre Bilbao, la próxima víctima:

“Bilbaíno: cuando las barbas de tu vecino veas pelar echa las tuyas a remojar”. Bilbao caerá más tarde gracias a los 100 aviones prestados por el nazifascismo ítalo-germano al fascismo católico español. La República, dividida desde adentro, sólo cuenta con algunos cazas rusos y checos. Carece de bombarderos.

Pablo Picasso tardará sólo un mes en pintar el Gernika. La justa rabia, la santa rabia que él cree personal y pasajera, anecdótica y republicana, confinada a su solo corazón, será la rabia del mundo que merece ser llamado humano.

septiembre 5, 2007

La encuesta del poder

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:39 am

(La Primera) La encuesta del poder
Hay tontos que se la creen. Hay tontas que piden un champancito, hermanita.

Eso de la encuesta del poder, que todos los años organizan los Apoyos, es un festival de egos supurados, una trampa para ratones, una humorada que los Ortiz de Zevallos organizan para distraer a la hinchada.

Como durante muchos años figuré, sin pedirlo, en la cima de todos los poderes de mentira –o sea de la prensa–, creo tener algo de autoridad moral para decir que eso de la encuesta anual de los que “importan” es un ensueño opiáceo en el que figuran los que parecen y un álbum de cromos que los niños más cojudos coleccionan con desesperación.

Ahora también, desde el exilio, figuro en “puesto honroso” entre los periodistas de la radio, de la prensa escrita y aun en el hit parade que consagra a los Emmy del burdelito televisual. Pura inercia, por supuesto. Condecoración de hojalata que uno no necesita. Suspirito limeño que siempre empalagó.

Porque los periodistas, sencilla y felizmente, nunca tuvimos poderes reales. Porque la prensa es la espuma de la ola, la invención sin patente, la marquesina pero no la película.

Los verdaderamente poderosos no salen en las encuestas de Semana Económica: salían en los libros de Carlos Malpica, aparecían una noche en una lista de la DEA, estornudaban suavemente en los directorios de los bancos. Lo que intenta hace años Semana Económica es que nos olvidemos del ranking del billetón y de la autoridad fáctica.

¿Alguien puede creer que Alan García es el hombre más poderoso del país? No me hagan reír. El hombre más poderoso del país se llama George Bush, que el otro día se fue a su provincia ultramarina de Irak. Es tan poderoso George Bush que hasta García ha logrado farfullar un inglés fronterizo sólo para intercambiar algunas palabras con el hombre en la cita de Apec.

¿Alguien puede creer que la señora Kuki Cheesmann no está en la lista de las personas que más influyen en el jefe de Estado, según Semana Económica?

¿Puede admitirse que Cecilia Valenzuela figure sólo en el puesto 22 de la lista de las 30 personas más poderosas del Perú, detrás de Fujimori y Pedro Brescia, cuando todos somos testigos del poder que irradia y cuando todos sabemos de sus desayunos en Palacio de Gobierno, entrando a la derecha, junto a la pérgola?

Además, nadie podría explicar por qué mezquinas razones no figura el doctor Alan García en la lista de las personas que mayor poder desestabilizador tienen. Ni por qué diablos no aparece don Jorge del Castillo como el abogado en activo más influyente de la subregión. Ni por qué Los Chistosos han sido cancelados en el rubro de funcionarios públicos que les correspondía. Ni mucho menos por qué Aldo Mariátegui aparece traspapelado y desaparecido entre los empresarios con más peso. Ni por qué Juan Paredes Castro, que sigue escribiendo en plomo de linotipo, sale con más punche que Mirko Lauer, que por lo menos tiene el plus de la literatura y la buena sintaxis. ¡Exijo una explicación!

Por otra parte, ¿cómo es que no figuran en esta encuesta de los poderosos del Perú, Luis M. Sánchez Cerro –cada vez más influyente–, Vladimiro Montesinos –inmortal intérprete criollo–, Víctor Joy Way –ahora encarnado en Alva Castro–, y, por supuesto, la inolvidable Tongolele, que también sale a escena a las 11 de la noche?

septiembre 4, 2007

Fujimorista Aguinaga tiene razón

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:49 am

(La Primera) Fujimorista Aguinaga tiene razón
El señor Aguinaga, congresista de la República, terminó de comer la última bellota orgánica de su plato hondo, hociqueó en el dispensador de agua, empujó a dos de sus colegas que pugnaban por cerrarle el paso, como siempre, y dijo:

–El señor Omar Chehade sufre de depresión. Y como sufre de depresión, dice incoherencias. Lo que pasa es que está desesperado porque el proceso en contra de Fujimori ya va a terminar y él va a tener que buscar otro trabajo.

No hay necesidad de vivir en un chiquero ni de haber nacido políticamente en una porqueriza para compartir las afirmaciones del señor Aguinaga. Tiene razón, en suma, el señor Aguinaga, descendiente, por lo demás, de aquellas criaturas ibéricas que en el Trujillo extremeño educara hasta su beneficio el capitán general y adelantado de las nuevas tierras, don Francisco Pizarro.

Y tiene razón porque, en efecto, don Omar Chehade debe de estar, como la mayoría de los peruanos, deprimido.

No sé cuáles serán las causas endógenas de esa depresión, pero las exógenas las compartimos todos:

–Nunca hemos sido tan ricos y nunca hemos sido tan pobres.

–Nunca hemos tenido tanta plata para compartir y nunca hemos compartido tan poco.

–Nunca hemos tenido mejor oportunidad para descentralizar y nunca hemos calumniado tanto a la descentralización.

–Nunca estuvimos tan cerca de hacer cambios en orden y reformas en paz y nunca dejamos de hacer cambios y reformas con tanto empeño.

–Nunca estuvimos más cerca de competir con Chile y nunca nos rematamos a tan vil precio a Chile como ahora.

–Nunca, como ahora, tuvimos la oportunidad de entusiasmar a la mayor parte del Perú con un proyecto social no estatizador y nunca, como ahora, desperdiciamos tan alegremente esa oportunidad.

–Nunca anduvimos tan cerca de castigar a los que Basadre llamó “los podridos” y nunca, como ahora, vimos al gobierno reconciliado con la ciénaga y revolcándose en ella tan aguinagamente.

–Nunca, en suma, fuimos de modo más cabal la promesa incumplida, el futuro indiferente, la sumisión al poder del dinero bien o mal habido, la traición de los intelectuales, los plagios de un borracho, la radio más cerca del agente, Beto Kouri en cero kilómetros gracias a Convial, el mencholismo a lo Viagra, Keiko Sofía again, carretas aquí es el tono, Favre y sus pechugas, Alva Castro y la patrulla de caminos, Castañeda haciéndose las pilas, la Chichi está fermentando, el Correo de las brujas, el ministro inverso, la subasta macho, la jaula de las locas, el dinero que manda, el dinero que decide, el dinero que insufla, el dinero que inviste y el dinero que tuerce. Añadamos a todo eso al presidente que está sentado a la derecha del Dios Padre (el dinero), a Tambini del Valle dejado de vacunar y gruñendo como si fuera el perro de Tony Soprano, a la ministra Zavala cada día más parecida a una sucursal de Alfonso Ugarte, y tendremos la depre de Chehade, la depre del sur serrano, la depre de Pisco cuando Garrido-Lecca mira la devastación echando saliva y haciendo cálculos favrianos. O sea, la depre del cielo cubierto y el invierno interior, que decían los que leían al maestro Vargas Vila. La depre, en suma, que nos hizo sus favoritos desde que asomamos a la historia como republiqueta liberada por un argentino que creía en los príncipes y un venezolano que se decía el rey.

Aguinaga tiene razón. El Perú está deprimido. ¿Cómo no estarlo en un país donde, a diferencia de la novela de Orwell, la rebelión en contra de los puercos ha sido siempre derrotada.

Dios y el doctor García

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 4:41 am

(La Primera) Dios y el doctor García
Cuando lo conocí, Alan García era un agnóstico, un cuasiblasfemo y un gonzalezpradista hasta la médula. O sea que era laico y pecador sin medias tintas.

Ahora lo veo disfrazado de morado, investido de ciprianismo lenguaraz, romano hasta el cuello y papal como un templario fundador.

¿Qué le ha pasado?

Creo que comprendió que él era el mejor de los hombres pero que, en materia celestial, debía aliarse con el que todo lo podía.

Sería, pensó, una yunta invencible: el Dios que doblegó a Roma y se hizo él mismo Roma junto al hombre que tan cerca está de la divinidad. Dios y el César de los Andes: todo sería posible.

García tiene un joint venture con Dios y por eso es que nada le pasa cuando se pone debajo de un edificio herido. Y por eso es que logra anunciar la existencia de un hijo supernumerario ante la presencia consentidora de su santa esposa. Y por eso es que se va a Pisco y promete que los escombros se moverán en menos de una semana –oh, milagro–, que en un año más todo estará reconstruido –milagro de San Hernán, pero ojalá que no de Santa Cutra–, y que la economía de la zona no padecerá ni siquiera en sus cifras de exportación –más que milagro: conjuro celestial–.

Enrique Chirinos Soto se pegaba una tranca cosaca y luego se confesaba. Apuñalaba políticamente a alguien y luego se engullía una hostia efervescente. Disolvía un tribunal Constitucional a pedido de Joy Way y de inmediato hacía gárgaras con diez avemarías. Para Chirinos, la religión católica no era sólo credo y fe: era una ducha española que lo desenmugraba.

Sospecho que la relación del doctor García con los poderes mayores es un poco parecida. O sea que después de cada mentira viene el padrenuestro y luego de una canallada las bienaventuranzas y al día siguiente de las altas cualidades una sesión de golpes de pecho. La religión como jabón carbónico.

Eso no quiere decir que el doctor García carezca de fe. La tiene de sobra y eso lo hace peligroso. Si los conversos tienden a la ortodoxia, se diría que el doctor García se está inclinando al fanatismo.

Me cuentan que es cada día más difícil discutir sus decisiones, matizar sus infalibilidades, añadir algo a sus sorprendentes decisiones. Como Bush cuando incendia a los infieles y extirpa a los países endemoniados, el doctor García cree ahora que Dios le da órdenes, que del cielo le bajan los memos que él sólo acata y que, al fin y al cabo, esa contigüidad con Dios lo exonera del banal juicio de sus ministros y del aún más banal escrutinio de los pobres diablos de la prensa.

Además, ¿no está Dios detrás de esa subida de 11 puntos en su popularidad? ¿No lo estuvo acaso en la evaporación de esos sesenta mil votos que le impidieron a Lourdes Flores ser Presidenta? Y en la multiplicación de esa diminuta hacienda original, multiplicación que le permitió tener ese piso en París, estas casas, aquellas cuentas, ¿no estuvo Dios, acaso?

De tanto interpretar a Dios el doctor García va a terminar pareciéndosele. Frente a esa colosal cercanía, ¿qué pueden importar los patrulleros que no se compran, los ministros que no renuncian, los fondos que no se gastan, los reclamos de los impacientes y las observaciones de quienes alegan haber sido traicionados? Y acaso Wilbert Bendezú, ¿no tiene la pinta de Judas?

septiembre 1, 2007

Ingratos con Montesinos

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:16 am

(La Primera) Ingratos con Montesinos
¿Y si me conmoviera la depresión de Montesinos? ¿Dejaría de ser decente por ello?

Pues, sí. Me conmueve la depresión de Montesinos.

Sé quién es, qué hizo y sé que a mí también quiso matarme (aparte de grabar mi teléfono, vigilarme de cuerpo presente, mandarme anónimos asquerosos e insultarme a través de Olaya y el callejón del buque de todos los Bressani).

Y sin embargo, veo a este hombre que paga con su visible ruina física parte de los delitos que cometió y siento compasión.

A este fantasma lo repudian ahora quienes se emborrachaban en su salita, quienes hicieron uso de sus putas, quienes recibieron maletines y favores y quienes, desde la banca y el comercio, tramaban la reelección a lo Chávez del ciudadano japonés que montó aquí un protectorado.

Es decir, la mafia pretende ser un unipersonal de Montesinos.

Pregúntenle a Genaro Delgado Parker quién es Montesinos y les dirá que es un canalla. Pero a Montesinos Genaro le entregó la parrilla de la programación a cambio de que sus juicios terminasen bien y él pudiera embolsicarse 70 millones de dólares (después de pagar impuestos en los Estados Unidos).

Ya no recuerda la derecha sin Portales que tenemos que Montesinos reclutó a sus mejores hombres y los hizo soldados reeleccionarios y financistas de la vaina. Allí estaban desde Dionisio Romero, al mando de la Covadonga, hasta Raúl Modenesi, sirviendo choros con su disfraz de solípedo carnavalicio. Pasando por los de los laboratorios farmacéuticos, los acereros, los Farah, los primos de la China Tudela, los nietos de Cucuchi, las hermanas de Cocoa y hasta la última ñoña de la socialité.

Montesinos no fue un accidente sino que siguió, con videograbadoras y aires modernos, la tradición de la casa Dreyffus, la justicia para chinos esclavos de las haciendas azucareras del norte, la traición del caucho y el saqueo como doctrina del gran capital. Si Stalin, según Trotsky, fue el gran organizador de derrotas, Montesinos fue el organizador de la vieja podredumbre que obligó a San Martín y a Bolívar a decretar el fusilamiento para los peruanos que seguían robando en plena guerra de la independencia.

Montesinos hizo un insumo casi artístico de la corrupción. Montesinos fue el De Sica neorrealista de la cochinada nacional. La organizó, la filmó, la enmaletó y la convirtió en la única televisión que de verdad ha valido la pena en el Perú. Y ahora nadie lo saluda. Los señoritos le dicen fo, los que lo visitaron dicen que era para hablar de la batalla de Marengo, los banqueros que lo bancaron ni se acuerdan de su cumpleaños, los periodiqueros que pidieron resignación a cambio de prescripciones se han erigido monumentos, y hasta Agustito Wiese, que hizo tan ricos negocios con la Caja Militar y Policial, dice ahora que desconoce mayormente.

No olvidemos a quién sirvió Montesinos. ¿A quiénes sirvió? A los mismos que hoy siguen cortando la mortadela, hablando sobre el modelo “que no puede cambiar” (¿verdad Fritz Du Bois?), cambiando donaciones por impuestos, asesorando al presidente de la República, pagando lo menos posible a sus trabajadores y sentándose, cada noche, a ver la tele que hoy, sin Montesinos, sigue siendo la misma pero peor.

Me da pena Montesinos. Creyó que robando como cuatrero y comprándose un “Rolex” para cada día de la semana se podría sentar con los señores que sí saben robar y que lo habían usado como ganzúa. Esa gente nunca dejó de verlo como a un pobre diablo que tenía el poder efímero de las armas, no el poder inmortal del dinero que se transforma en dinero.

Y ahora Montesinos, cuyo padre se suicidó, parece haberse dado cuenta de que su ambición fue tan criminal como inútil: jamás tendrá el talento de quienes han demostrado, con García, que para gobernar un país no se necesita ganar las elecciones.

agosto 30, 2007

¿Inminente un ataque a Irán?

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 10:40 pm

(La Primera) ¿Inminente un ataque a Irán?
Los servicios de inteligencia británico y francés ya lo saben: ha empezado la cuenta regresiva para un masivo ataque aéreo sobre Irán.

Lo realizaría la aviación norteamericana, nutrida de los mapas, las rutas y los blancos preparados por Israel –la tenebrosa potencia nuclear del Medio Oriente, poseedora de 200 bombas atómicas no declaradas ante el organismo de la ONU que controla el uso de la energía no convencional–.

Mientras ayer mataban a tres niños palestinos desde un tanque –tarea que se ha vuelto parte del juego con la que artillería y fusileros afinan su puntería–, los israelíes seguían diciéndole a todos los que escucharan que han empezado a edificar su refugio nuclear de 180 millones de euros, adonde irá a parar el gobierno y el estado mayor militar de Israel cuando los “perversos iraníes” se atrevan a bombardearlos con el uranio que acumulan.

Toda una farsa, desde luego. Los iraníes no están en condiciones de construir una bomba atómica ni en los próximos quince años y la entidad de la ONU que monitorea la central nuclear de Irán así lo ha comprobado. Es la misma alharaca de las “armas de destrucción masiva” que Irak no tenía y por las cuales fue arrasado y se desangra ante la indiferencia del mundo y la impotencia de la ONU.

De lo que se trata es de atacar a Irán y darle “una lección” al país que se atreve a enfrentar a Israel, ganar, encarnado en el Hamas, las elecciones en los territorios palestinos (elección que, como dice Chomsky, fue salvajemente respondida por los Estados Unidos e Israel), defender con éxito su implantación en el sur del Líbano e influir con armas y voluntarios en la eficacia de la resistencia iraquí.

Hay hasta quienes afirman ahora que cuando Bush ordenó el criminal ataque a Irak, Israel trató de convencerlo de que el problema verdadero era Irán. Digamos que Bush se congraciará recién ahora con su aliado y socio de fechorías mesorientales.

La derrota de baja intensidad en Irak y la posibilidad de que un gobierno menos estúpido que el suyo piense de modo distinto apuran a Bush. Lo urge también el lobby judío, que hoy controla buena parte de su gobierno. Y lo empujan también los halcones que hoy sienten la humillación de no poder controlar la situación en Irak a pesar de haberlo devastado.

Es algo tan vulgar como eso de ¿quién manda aquí? Sobre los escombros de Irak y Afganistán, la figura del matón del barrio se alza de nuevo para advertirnos que no está saciado y que hay “un eje del mal”, controlado desde Teherán, que hay que “evaporar”.

Los expertos británicos Martin Butcher y Dan Plesch, citados por la investigadora Larisa Alexandrovna, acaban de publicar un estudio que da cuenta de los preparativos norteamericanos para el ataque que podría ordenar Bush en las próximas semanas (o días).

Estados Unidos tiene ya 10,000 blancos militares, energéticos, infraestructurales y políticos señalados en Irán. El ataque se haría con misiles “Crucero” disparados desde la flota estacionada en el golfo Pérsico, desde bases terrestres del Irak ocupado y del Afganistán próximo, y con bombas de alto tonelaje especializadas en concreto y lanzadas desde aviones norteamericanos.

El objetivo no será tan sólo la instalación nuclear de Natanz, situada en la región central, sino la demolición del país y la caída del régimen, atizando, a su vez, la rebelión en provincias que tienen algún conflicto inter-étnico con Teherán. Esto apunta a la mancha de origen azerí, que incluye las provincias de Balujistán, Kurdistán y Khuzestan.

Hasta ahora se habla de armas convencionales, pero la opción atómica es algo que los generales norteamericanos no pueden descartar –sobre todo cuando hablan de Natanz, la central nuclear de enriquecimiento de uranio que los iraníes han mostrado al mundo varias veces y que está en estadios todavía muy primarios en el complejo proceso de llegar al U235 o producir plutonio con fines agresivos.

Tras la lección de Irak, Estados Unidos no piensa ahora en una invasión en forma sino en la destrucción desde el aire de una forma de vida. Una destrucción de tal nivel que haga posible, por el hambre y el bloqueo naval y terrestre que se impondrá, la insurrección que termine con el incompetente y represivo gobierno de Ahmadineyad.

Es posible que vivamos, pues, otro capítulo deshonroso de una hegemonía que sólo las armas pueden sostener. ¿Permitirá Brown que Gran Bretaña haga el papelón que le encargó el “socialdemócrata” Blair? ¿Se quedará Putin silbando al cielorraso? ¿Volverá a ser la Unión Europea la puta babilónica del gran imperio? ¿Podrá ser el mundo tan sombrío?

Muerte de Francisco Umbral

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 1:38 am

(La Primera) Muerte de Francisco Umbral
Se acaba de morir, en el Madrid de los Austrias, uno de los mayores escritores de periódico que España haya parido. Se llamaba Francisco Umbral y era mi desayuno de cada mañana durante esos años felices que pasé en el país que jamás pensé amar pero que amé profundamente.

La verdad es que era la mitad de mi desayuno. La otra mitad era Eduardo Haro Tecglen, que también se murió años atrás.

A Jaime Campmany, otro difunto, se le podía leer pero por su boca hablaba Franco, gritaban los legionarios y mandaba callar la Falange. Lo que pasa es que era tan culto y divertido que hasta su militancia en las ferocidades del vencedor de la guerra civil pasaba a segundo plano.

Esos eran los tres platos diarios del columnismo español. Umbral en El Mundo, Haro Tecglen en El País y Campmany en el ABC, donde yo trabajaba porque así lo quiso mi monárquico amigo Luis María Anson, continuaban la tradición del periodismo como goce literario y el hábito estupendo de la columna como caja china o caja de Pandora.

Eran columnas para lectores. Y lo que pasa en España es que hay lectores, a diferencia de Lima, donde la mayor parte de los lectores son los que leen medidores de luz y leyendas de revistas dadas al calzón. Y eran columnas que no huían de la candela, que disparaban a matar pero con una clase que a veces daba ganas de ser el blanco. Qué tipazos eran los tres para mantener, con sus espaldas, el edificio del periodismo español de ideas y de gracias. Qué espantosa diferencia con el periodismo nuestro, sembrado de estiércol tercermundista y pobres diablos con pinta de celebridad.

Qué tipazo era Umbral para escribir todos los días algo que valiera la pena en un periódico que no valía la pena, como era –y es– El Mundo, un periódico que eligió ser reaccionario, mentiroso y aznarista sólo porque ya estaba El País antes que él y porque, además, la plata fundacional la puso el banquero fraudulento Mario Conde, el de Banesto.

Pero no importaba. Uno cogía El Mundo con guantes quirúrgicos, leía la primera y volteaba el mamotreto, porque en la última página estaba Umbral en plan de contentarnos.

Umbral, que jamás pisó una universidad y que apenas fue al colegio, era una fuerza de la naturaleza para construir, cada mañana, una columna que era pura arquitectura futurista y en la que no sobraba un alféizar. Sabía, además, que lo más malo que puede sucederle a un periodista –aparte de aburrir– es volverse tan predecible como el té de las cinco de los Windsor cornudos. Así que, cuando menos te lo esperabas, salía hablando bien de quien no podía ser y hablando mal de quien no parecía merecerlo, con la resuelta arbitrariedad de aquellos que pueden, gracias a las palabras, convencernos de algo que jamás debimos admitir.

Es cierto que en los últimos años escoró demasiado al lado de Pedro J., el director de El Mundo, y que esa mezquindad prestada para con Zapatero, por ejemplo, le fruncía el ceño a la columna otrora libertina. Pero no me cabe la menor duda de que con la muerte de Umbral, a los 72 años, el periodismo escrito en español pierde a una de sus últimas estrellas.

Una vez entrevisté a Umbral en su casa de La Moraleja. Me recibió pensando que le hacía bien a su márketin salir en alguna tele sudaca y fue muy amable. Estaba sentado en un auténtico trono de mimbre, que era su manera de ser rey del café Gijón, y en la pared de al lado colgaba un retrato suyo hecho al óleo y pintado, a no dudarlo, por un pintor que tenía que adorarlo o temerle mucho. Durante toda la entrevista no se apartó de un vaso de whisky, no se quitó la bufanda blanca con la que podía ahorcarte y no dejó de tratar a Vargas Llosa con la punta del pie. “Es un magnífico ensayista”, decía. Y en su exagerado “Diccionario de Literatura” añade: “Faulkneriano en su primera novela, incomprensible en la segunda, realista aburrido y numeroso en las siguientes, lo que tiene Mario Vargas Llosa es una gran pluma de ensayista…” Se odiaban minuciosamente. Y cuando Umbral escribía o decía cosas como ésa yo pensaba que lo que quería, al final, era un entierro breve y con pocas personas, aquellas no tocadas por sus perversidades.

Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996, Premio Cervantes en el 2000, Umbral deja libros memorables como “Mortal y rosa”, la historia novelada de un hijo muerto prematuramente, o “Leyenda del César visionario”, una de las más inteligentes aproximaciones a Franco que se hayan escrito. Ya los críticos literarios se encargarán de comentar su legado y ojalá que al hacerlo prescindan del provocador profesional que se ganó la mar de enemigos. Porque como periodista o como escritor, Umbral ha sido uno de los grandes.

Con Umbral muere alguien importante para el periodismo mundial. Umbral venía de Ramón Gómez de la Serna y conduce a Manuel Vicent, ese valenciano que escribe como los dioses y al que, felizmente, la parca no parece todavía rondar.

agosto 28, 2007

A la derecha de Fujimori

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 7:07 pm

(La Primera) A la derecha de Fujimori
¿Se podía estar más a la derecha que Fujimori? Digamos que era difícil pero no imposible.

Lo cierto es que ese autor profesional de hazañas llamado Alan García Pérez lo ha logrado.

Él ha demostrado que a la derecha de Fujimori no estaba el abismo sino el Apra. Un Apra, claro, refundada, reacabada, metamorfoseada.

Un Apra que ya ascendió al cuché y a las grandes ligas. Que ya no necesita pedirle plata a Dionisio Romero (para la campaña) sino que es la encarnación política de Dionisio Romero. Un Apra que Aldo Mariátegui bendice, don Julio Favre aprueba, George Bush saca como ejemplo y el pobre César Zumaeta payasea desde la cabina de RPP.

Un Apra que, como daño colateral todavía controlable, asiste a la renuncia masiva de los dirigentes del Comité Regional de Trujillo (ocho de doce), a la rebelión abierta de Wilbert Bendezú en Lima y al hormigueo insurrecto de por lo menos tres bases importantes de Lima.

Y no es que esos chúcaros pidan socialismo. Lo que piden es que alguien recuerde el 20 por ciento de las promesas electorales con las que el Apra llegó al poder. Piden coherencia con las viejas prédicas, los polvorientos eslóganes, el hayismo sangrante que es lo último que puede quedar en el llamado partido del pueblo.

Porque cuando Haya transó con el Perú oligárquico lo hizo sacándole un pelo al lobo peludo del rivaagüerismo: un cierto consenso sobre el diálogo, la idea germinal del frente de clases aliadas por el interés común del desarrollo, un pacto de esencia entre el capital y el trabajo.

Haya nos dejó una socialdemocracia en rebajas, un coche Fórmula 1 donde el motor es el capital y el freno de mano es el trabajador. Pero esto que está haciendo García está a la derecha de Beltrán, es la ultra del fujimorismo. Es el dominio absoluto de los mismos realistas que combatieron al lado del virrey La Serna.

El señor Carranza, por ejemplo, presiona para que se vea su proyecto sobre venta masiva de lo poco que queda de Estado en algunas empresas importantes. ¿Su proyecto? No me hagan reír. Carranza es un sirviente de los organismos internacionales encargados de premiar a los buenos y castigar a los malos (premiar a Uribe y a García, castigar a Correa y a Morales), de la banca buitre mundial (la que compra deuda de Zimbawe a 4 millones de dólares y se la revende al mismo Zimbawe, bajo extorsión, a 40 millones de dólares, y del corporativismo desatado que galopa sin cabeza haciendo del planeta un gran negocio.

Y a ese servidor uniformado del monitoreo internacional lo tiene García sabiendo quién es y qué representa. No es que lo tolere. Es que se lo plantaron y no hay cómo discutirlo. Como le plantaron a la ciudadana emocionalmente chilena Verónica Zavala y a la ciudadana expectaticiamente española Cayetana Aljovín.

Ahora, cuando quieren vender (a capitales chilenos si es posible) los puertos que puedan, ahora, digo, le han dado a un señor que desprecia la ecología y que defendió a Lucchetti como si del morro de Arica se tratara, la reconstrucción –con la menor cantidad de controles por la emergencia– de las ciudades afectadas por el terremoto. Es el mismo señor que, según Indecopi, fue parte de la conspiración pollera que congeló la producción y mató a las mejores gallinas reproductoras para empujar al alza el precio del pollo. El mismo que se enfrentó al Tribunal Constitucional cuando éste falló en contra de la Telefónica en el caso de 570 trabajadores sindicalizados despedidos. El mismo que quiere que la Universidad Católica vaya a manos de Cipriani. El mismo que quiere ver preso (como cadáver político) al elegido presidente regional de Áncash. El mismo que ha criticado hasta el agravio a la Comisión de la Verdad, pidiendo que sus conclusiones no fuesen publicadas. El mismo que llamó “marcha de marxistas” a la que convocó monseñor Bambarén para respaldar la lucha en contra de la corrupción. Sí, el mismo señor Julio Favre que acaba de decirle a la agencia Efe: “Hay que comprender que aquí tenemos una buena oportunidad para hacer una gran ciudad”.

Vuelve el doctor García a apostar por un hombre y no por una institución –esta es una observación generalizada–. Y vuelve a hacer lo que le da la gana, sin consulta alguna con regiones, alcaldías o pobladores. Eso es lo que hace, al fin y al cabo, con el partido que le legó, como herencia impersonal y sólo en custodia, el señor Haya de la Torre. Lo que pasa es que el albacea se quedó con todo.

García fue de izquierda hasta la irresponsabilidad en 1985. García es hoy de derecha hasta la irresponsabilidad –si tenemos en cuenta la revolución de expectativas frustradas que puede estar incubándose en las zonas pobres del país–. O de izquierda, hace 20 años, o de derecha, hoy. ¿Y el centro? Es que para eso se necesita a un hombre con idea de los largos plazos. Izquierda/Derecha. Hay diversas formas de la bipolaridad.

P.D. Dicen que hoy fallan los jueces chilenos. ¿Valdrá la pena traer a Fujimori para que sea juzgado bajo la protección de un gobierno tan afín al suyo? Tengo muchas dudas.

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